"No sé quién se ha inventado eso de que el actor debe ser apolítico –dice Paul Newman–. No somos el Ejército. Naturalmente, los que suelen decir eso son aquellos que, o bien carecen de ideas políticas o, en el peor de los casos, no les interesa que puedas hacer campaña por un partido opuesto al suyo".
"En cierto sentido, hay quien dice que los actores no pueden hacer carrera política.
Además, si nos fijamos bien, veremos que políticos como Nixon no son otra cosa que consumados actores".
El propio actor no pudo estar más atinado cuando reflejó que, con esta película aspiraba de verdad a algo, aunque nadie acudió a verla: se trata de un estupendo ejemplo de mis excesos.
Ciertamente, el Paul Newman que hoy conocemos aún se estaba formando.
Todavía el peso del Actors Studio era demasiado evidente en su interpretación.
Si el personaje de Graziano permitía tales licencias, el de Edward Hall exigía una mayor moderación.
El trabajo de Arnold Laven como director de actores no pasa de discreto y apenas concentra momentos de intensidad dramática a lo largo de la película.
La narración resulta forzada, morosa en algún tramo y, pese a lo interesante de la trama argumental, se presenta falta de la vitalidad necesaria para apasionar en algún momento.
La oportunidad del tema, que sirvió de tirón en la taquilla en la fecha del estreno, queda fuera de lugar cuando la película se revisa en la actualidad y, sobre todo, cuando el clásico motivo cinematográfico del conflicto entre el deber y las pasiones humanas ha encontrado tantos y tan brillantes puntos de comparación en otras obras.
Cabe destacar, sin embargo, la magnífica intervención de Walter Pidgeon, impecable y dotada de un hondo dramatismo.
Ficha técnica
Dirección: Arnold Laven – Argumento: Basado en el guión televisivo de Rod Serling – Guión: Stewart Stern – Fotografía: Paul C. Vogel – Música: Adolph Deutsch – Montaje: Harold F. Kress y Marshall Neilan, Jr. – Dirección artística: Cedric Gibbons y Merrill Pye – Decoración: Edwin B. Willis y Fred Mac Lean – Ayudante de dirección: Robert Saunders – Maquillaje: William Tutle – Producción: Arthur M. Loew, Jr. para Metro–Goldwyn–Mayer – Duración: 100 minutos.
Reparto
Paul Newman (Capitán Edward Hall, Jr.), Wendell Corey (Comandante Sam Moulton), Walter Pidgeon (Coronel Edward Hall, Sr.), Edmond O'Brien (Teniente Coronel Frank Waswick), Anne Francis (Aggie Hall), Lee Marvin (Capitán John Miller), Cloris Leachman (Caroline), Robert Burton (Coronel Ira Hansen), Robert F. Simon (Abogado), Trevor Bardette (Presidente del tribunal militar), Adam Williams (Sargento Otto Pahnke), James Best (Chilson Cassidy), Fay Roope (Coronel Dudley Smith), Barry Atwater (Mayor Byron Philips) y Dean Jones.
El capitán Edward Hall es sometido a juicio en una corte marcial por un delito de colaboracionismo.
Son los tiempos de la guerra de Corea y las suspicacias dominan al estamento militar estadounidense.
El hecho de que por medio del caso figu ren pruebas relativas a propaganda procomunista enturbia aún más si cabe la cuestión.
Desde la defensa, el coronel Frank Wasnick tratará de argumentar que, en realidad, ni el más perfecto de los combatientes carece en su vida de ese momento en que, sin responsabilidad alguna, comete un error que puede dar un vuelco a su carrera.
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