Años después del estreno de la exitosa 20.000 leguas de viaje submarino (20,000 Leagues under the Sea, 1954), Twentieth Century Fox retomó otro clásico de Julio Verne en una nueva producción de similares características.
Viaje al centro de la Tierra (Journey to the Center of the Earth, 1959) fue protagonizada por James Mason en el papel de Oliver Liddenbrook y por Pat Boone encarnando a su cantarín discípulo Alex McEwan.
Esta película de Henry Levin es poco fiel a su referente literario, pero las libertades que se toma son disculpables.
Guiados por un montañero islandés, el profesor Lindenbrook, Alec McEwen y Carla (Arlene Dahl), viuda de otro explorador, tratan de emular la hazaña de un aventurero que en otros tiempos alcanzó el centro del globo terrestre.
En su viaje, los expedicionarios hallarán parajes subterráneos de notable belleza. Pese a los aprietos en los que le pone otro geólogo rival, una erupción volcánica les permitirá salir de nuevo a la superficie.
Viaje al centro de la Tierra es una aventura amable, a ratos pueril, pero encantadora para todo buen aficionado. El siempre elegante James Mason sólo ve entorpecidas sus tareas interpretativas por la irritante presencia de Arlene Dahl, aunque este inconveniente queda compensado por Pat Boone, impagable en su papel de pupilo cantarín.
La orientación festiva de la película se acentúa especialmente en las escenas de acción, dotadas de excelente ritmo, y en aquellas concebidas en clave de comedia.
Por lo demás, la calidad de los efectos visuales y demás trucajes queda fuera de toda duda, al igual que la habilidad de Henry Levin tras la cámara. A pesar de sus evidentes rasgos comerciales, esta cinta es recordada con agrado por los espectadores y, en particular, por los seguidores del escritor francés.
Especialista en el uso de maquetas, la maestría de L.B. Abbott queda de manifiesto en esta producción, en la que además colaboró junto a James B. Gordon y Carl Faulkner.
Este título es todo un clásico en el campo de los efectos, con sus magníficos trucajes de mate, sus maquetas y sus transparencias.
Secuencias como la llegada de los expedicionarios a un bosque de hongos gigantes o la erupción volcánica final son una excelenta muestra de la perfección alcanzada por los truquistas de aquel momento.
Los espectadores que en 1959 acudieron al estreno de Viaje al centro de la Tierra quizá no tuvieran noticia de la versión que Chomón realizó en 1908, pero es más que probable su conocimiento de antecedentes literarios como la novela de Verne o aquella sugestiva saga ambientada en el mundo de Pellucidar, debida al creador de Tarzán, Edgar Rice Burroughs.
En cualquier caso, los mundos subterráneos habían sido frecuentados con anterioridad por otros ilustres visionarios.
Sin ir más lejos, aquel indiscreto seductor que fue Giacomo Casanova ocupó varias noches de soledad en idear una obra bien poco galante, el Icosamerón, un texto de más de 2.000 páginas acerca de un mundo en el interior de la Tierra.
Décadas después, el testigo del fogoso italiano era recogido por John Cleves Symmes, un geólogo persuadido de que la Tierra englobaba cuatro planetas concéntricos, que adoptó en 1820 el apodo de Capitán Adam Seaborn para redactar una novela que aprovechase desde la fantasía elementos tan poco convenientes para la ciencia convencional. El título que este jovial anglosajón aplicó a semejante experimento literario fue Symzonia: Un Viaje al Descubrimiento, precedente de otras estampas intraterrenas, tan ingeniosas como carentes de rigor.
Tras la estela de Symmes, William Reed escribió en 1906 otra ficción a todas luces heterodoxa, El Fantasma de los Polos, genuina verificación de que los polos abren la ruta hacia un cosmos misterioso y refinado.
De tan notables precedentes se desprende un aire de ingenuidad al que no es ajeno el largometraje que ocupa este comentario.
Director: Henry Levin
Producción: Charles Brackett
Guión: Charles Brackett, Walter Reisch
Reparto: Pat Boone, James Mason, Arlene Dahl, Diane Baker, Peter Ronson, Thayer David
Música: Bernard Herrmann
Fotografía: Leo Tover, ASC
Distribución: 20th Century Fox
Fecha de estreno: 16 de diciembre de 1959
Duración: 132 min.
País productor: Estados Unidos
Idioma: Inglés
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