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Cine en el cómic, cómic en el cine - De Frank Miller a Moebius

Índice de Artículos
Cine en el cómic, cómic en el cine
La historieta llevada al cine
El caso español
De Frank Miller a Moebius
El cine adaptado al cómic
La transición entre cine y cómic: la fotonovela
Todas las páginas

De Frank Miller a Moebius

Ha habido en las grandes editoriales de comic-books una marcada tendencia a anteponer la importancia de los personajes sobre la de los autores.

La filosofía comercial mantenida por Marvel Cómics –al menos hasta que una parte importante de sus autores abandonaron la firma y se hicieron independientes a través de sellos como Image o Legend– era potenciar las colecciones pensando que, en suma, lo más importante era el protagonista de las mismas, al margen del guionista, dibujante o entintador que las asumiera, siempre que estos mantuvieran un nivel mínimo de calidad.

No obstante, determinadas colecciones editadas por Marvel y DC sí han conservado un sello distintivo por la intervención de un autor lo suficientemente característico en sus planteamientos estéticos o narrativos.

La irrupción del manga en el mercado americano a través de la compañía Viz Cómics supuso mucho más que un simple fenómeno editorial o un movimiento estratégico de mercado de compañías como Shogakukan dentro del ámbito estadounidense. La influencia de los códigos narrativos del manga, así como sus temas, marcaron fuertemente el estilo de algunos de esos autores característicos.

Por ejemplo, la esencialización narrativa propia del cómic japonés es apreciable en los creadores que se independizaron en el sello Image. No obstante el guionista y dibujante que en mayor grado demuestra esta influencia es Frank Miller.

El caso de Miller, además de por esta integración de elementos estéticos y narrativos de origen japonés, es altamente significativo en este apartado por cuanto es asimismo guionista cinematográfico, mostrando idénticas señas de identidad en su obra fílmica, en funciones de guionista de títulos como Conan el destructor (1984), Robocop II (1990) y Robocop III (1993).

Podemos plantear a propósito de la obra de este autor dos grandes temas de inspiración que se repiten de forma recurrente en toda su trayectoria en el mundo del cómic: la venganza por honor y la mujer guerrera. Ambos planteamientos tienen mucho que ver con las fuentes cinematográficas y literarias de Frank Miller, en las que se pueden rastrear numerosos elementos procedentes de a cultura popular japonesa y de la serie B hollywoodense. Por otra parte, desde un punto de vista formal, Miller reconoce la influencia que sobre su obra gráfica han tenido los autores de la última generación del manga japonés.

Ya les he indicado que Miller ha trabajado como autor de guiones para el cine, recogiendo en esa labor materiales que van desde la fantasía heroica al cine negro de los años 30 y 40. Los textos de Miller para el cine son una abigarrada mescolanza, en la que podemos hallar a un aficionado al cine de bajo presupuesto, a un lector de novelas de Spillane y, particularmente, a un autor interesado por el mestizaje cultural.

Cualquier espectador de títulos como Sin City (2005), de Robert Rodríguez, y 300 (2006), de Zack Snyder, puede caer en la cuenta de esas influencias. No en vano, ambas películas son la adaptación de dos de las obras más conocidas de Miller.

Otro artista de semejante trayectoria, el francés Jean Giraud “Moebius”, aparte de colaborar de modo habitual con el cineasta y escritor chileno Alejandro Jodorowski, trabaja como diseñador en películas como Alien, el octavo pasajero (1979) y El quinto elemento (1997), cuyo guión parece inspirarse libremente en su cómic The long tomorrow (1977).

Depositario de una serie de técnicas que lo relacionan con el Art Nouveau y con el grabado japonés, “Moebius” colaboró con Jean-Michel Charlier en la saga del teniente Blueberry y con Jodorowsky en varias series de ciencia-ficción.

El que fuera cofundador de la revista “Metal Hurlant” en 1975, con Philippe Druillet y Jean Pierre Dionnet, pronto comprobó el éxito obtenido por series como Arzach y El garaje hermético, que además despertaron el interés de profesionales tan renombrados como Katsuhiro Otomo.

Pero observemos más de cerca el cruce de lenguajes que plantean Moebius y sus colaboradores (también dibujantes de cómics) en obras como Alien. Moviéndonos en el terreno de los signos más sutiles, es ya significativo que los diseños de Ron Cobb y Chris Foss para la nave estelar de Alien incorporasen elementos de fabricación nipona, como un supuesto propulsor interestelar Yutani, o que los trajes espaciales siguieran parecida inspiración. Como señalaba Michael Seymour: Mi impresión ante los diseños de Moebius era la de estar viendo armaduras medievales japonesas. Pero esa presencia del manga, tangencial si se quiere, se suma a la de ilustradores de vanguardia.

De hecho, cuando Dan O'Bannon escribió el primer borrador del guión de Alien, pensó en todo momento en los oscuros diseños del pintor y escultor Hans Rudi Giger. Una de las obras del artista, El Necronomicón, había impresionado tan vivamente a Ridley Scott, que inmediatamente el director viajó a Zurich en compañía de O'Bannon y Walter Hill para contratar a Giger.

Durante seis meses el pintor permaneció en los Shepperton Studios de Londres, realizando un total de 35 dibujos. Moebius, compañero de fatigas de Giger durante la pre-producción de Dune, realizó otra parte de los diseños, que fueron completados por el portadista Chris Foss. Semejante equipo confirma las palabras de Ridley Scott cuando afirma que “cuando me dispongo a realizar una película no voy a ver a un decorador; busco en primer lugar al dibujante más cercano a lo que tengo en la mente”. Todo en “Alien” recuerda las viñetas de un cómic sombrío, como si de una ilustración de Métal Hurlant se tratara.

En esta línea representada por Moebius, he de referirme a una excelente historieta, ya citada, The long tomorrow, cuyo guión elaboró Dan O'Bannon en 1975. La trama detectivesca se ambientaba en una abigarrada megalópolis que, en gran medida, anticipaba la ambientación de Blade Runner, con enormes rascacielos y coches de despegue vertical flotando en sus cielos.

Esa relación con O'Bannon, uno de los máximes creadores de la moderna ciencia-ficción norteamericana, coincidió con la entrada de Moebius en el cine estadounidense, colaborando como diseñador en Alien, Tron (1982), Masters del Universo (1987), Willow (1988) y Abyss (The abyss, 1989).

Moebius alternó paulatinamente sus trabajos en Estados Unidos con otros en Japón, país en el que residió largas temporadas entre los 80 y los 90. Allí fue donde surgió el proyecto del film de animación Las aventuras del pequeño Nemo (1993), con guión del productor Yutaka Fujioka en colaboración con Moebius. La película, que contaba incluso con la aportación no acreditada del escritor Ray Bradbury, era un homenaje al universo y los personajes creados por Winsor McCay.

En una línea más vanguardista, no han de olvidarse las incursiones de Moebius en el campo de la infografía. Destaca en este sentido su labor como diseñador gráfico de vídeo-juegos como Panzer Dragoon (1995), comercializado por Sega.

 



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