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Cine en el cómic, cómic en el cine - La historieta llevada al cine

Índice de Artículos
Cine en el cómic, cómic en el cine
La historieta llevada al cine
El caso español
De Frank Miller a Moebius
El cine adaptado al cómic
La transición entre cine y cómic: la fotonovela
Todas las páginas

La historieta llevada al cine

Si bien el cómic de aventuras norteamericano parece haber merecido más atención por parte del cine de ese país, lo cierto es que abundan los casos de adaptaciones de historietas de carácter humorístico o costumbrista.

Tal es el caso del largometraje Bringing up father (1946), de Edward F. Cline, inspirado en el clásico tebeo de George McManus, publicado en el New York American desde 1913. El cómic estudiantil Archie (1941), de Bob Montana, da lugar a films como Archie: To Riverdale and back again (1990), de Dick Lowry.

La terrorífica familia ideada con humor por Charles Addams en sus tiras de prensa, origina una exitosa teleserie, La familia Addams (1964-1966), y al largometraje La familia Addams (1991), de Barry Sonnenfeld. El musical Annie (1982), de John Huston, tiene su origen en una historieta de la época de entreguerras, Little Orphan Annie, de Harold Gray. El marinero que obtiene su fuerza de las espinacas, Popeye, inventado por Elzie Chisler Segar en 1929, es adaptado al dibujo animado durante décadas, originando más tarde una película con actores reales, Popeye (1981), de Robert Altman.

En algún caso, el éxito de las adaptaciones es tal que se da lugar a una larga serie de películas, seguidas fielmente por el público estadounidense. Blondie, creado por Chic Young en el verano de 1930, es un ejemplo de cómic de humor de gran acogida en las salas. A una primera película, Blondie (1938), de Frank R. Strayer, siguió una larga lista de la que destacan los títulos Blondie brings up baby (1939), Blondie has servant trouble (1940), Blondie goes latin (1941), Blondie for victory (1942) y Blondie goes to college (1942).

Algo parecido ocurre con Daniel el travieso, de Hank Ketcham, objeto de muchas versiones animadas y de un largometraje realizado en 1993 por Nick Castle. Carlitos y Snoopy, protagonistas del cómic Peanuts (1950), de Charles Schulz, llegarán en forma de musical a los escenarios de Broadway y al cine con films como A boy named Charlie Brown (1969), de Bill Melendez.

Otra serie de cómics muy querida por el público americano es Li'l Abner, de Al Capp, publicada desde 1934 hasta 1977. Esta historieta conoce dos versiones cinematográficas, una de 1940, dirigida por Albert S. Rogell, y otra musical, realizada e 1959 por Melvin Frank.

Los cómics mencionados, una vez llevados al cine, garantizan a los productores de Hollywood la audiencia de un público familiar, que ya conoce a los personajes y quiere verlos en movimiento en la pantalla. No obstante, también existen adaptaciones arriesgadas. El cómic contracultural Fritz the cat, de Robert Crumb, por su fuente contenido erótico, no parece recomendar comercialmente su paso al dibujo animado, pero así ocurre en El gato caliente (1971), de Ralph Bakhsi.

Este realizador es asimismo el responsable de la película fantástica Tygra, hielo y fuego (1982), cuyo equipo de animación dirige Frank Frazetta, un famoso dibujante de cómics especializado en la creación de ambientes de ciencia-ficción y terror. Precisamente esos son los temas que trata otro film de animación, Heavy Metal (1981), de Ivan Reitman, que adapta con espectacularidad varios cómics de Richard Vance Corben, Angus Mackie y Berni Wrightson.

Este último dibujante vuelve a colaborar con Reitman diseñando algunas de las maléficas criaturas que aparecen en Cazafantasmas (1984). Pero Wrightson y otros dibujantes de terror recibirán un homenaje más brillante en los varios films que se inspiran en las clásicas historietas de terror de la editorial norteamericana E.C. el primero de ellos es Tales from the crypt (1972), de Freddie Francis, aunque el más conocido es, sin duda, Creepshow (1982), de George A. Romero, cuyo guión escribe el novelista Stephen King.

Por cierto que Berni Wrightson completa el proceso adapador llevando de nuevo a la historieta ese guión. Este dibujante es conocido entre los aficionados por ser, junto a Len Wein, el creador de un extraño héroe del cómic de terror, La cosa del pantano, que llevará al cine Wes Craven en Swamp Thing (1982).

La cosa del pantano forma parte del amplio catálogo de superhéroes o mutantes con extraños poderes que pueblan los cómics norteamericanos. Combaten el crimen como Dick Tracy, de Chester Gould, el personaje nacido en la historieta en 1931 y que la productora Republic convirtió en el primero de una larga saga de seriales: Dick Tracy (1937), de Alan James y Ray Taylor. Warren Beatty realizará su versión en Dick Tracy (1990).

El film de Beatty se inscribe en una moderna corriente adaptadora de superhéroes, que incluye películas como Superman (1978), de Richard Donner; Batman (1989), de Tim Burton; The Phamton (1996), de Simon Wincer; The Shadow (1994), de Russell Mulcahy, y también la superproducción televisiva The Spirit (1987), de Michael Schultz, inspirada en el popular personaje del dibujante Will Eisner, creador asimismo de un superhéroe de la Segunda Guerra Mundial, Blackhawk (1941), que llega al cine en 1952, gracias a los directores Spencer Gordon Bennet y Fred F. Sears.

Algo parecido ocurre con otra figura propagandística, el Capitán América, que tendrá su película en 1944, dirigida por Elmer Clifton y John English, y también sus teleseries en 1979 y 1992. Con una psicología semejante, la protagonista del film Brenda Starr (1989), de Robert Ellis Miller, está basado en la heroína pelirroja creada por Dale Messick en las páginas del Chicago Tribune en 1940.

A medida que el mercado de los superhéroes crece en el sector editorial norteamericano, serán más frecuentes las adaptaciones, tanto a la pequña pantalla, con series como El increíble Hulk (1977) o The Flash (1990), como al cine, con producciones como Vengador (1989), de Mark Goldblatt; La máscara (1994), de Charles Russell; Timecop, policía en el tiempo (1994), de Peter Hyams; Juez Dredd (1995), de Danny Cannon; El Cuervo (1994), de Alex Proyas; Barb Wire (1996), de David Hogan; y Spawn (1997), de Mark A.Z. Dippé. En esta línea, uno de los casos más significativos es el que plantea el filme Las tortugas ninja (1990), de Steve Barron, cuyo éxito se prolongó con Tortugas ninja II: El secreto de los mocos verdes (1991), de Michael Pressman; y Tortugas ninja III (1993), de Stuart Gillard.

La editorial Mirage Studios, encargada de publicar la exitosa Usagi Yojimbo, de Stan Sakai, una serie sobre un surrealista conejo samurai, fue la principal promotora comercial del cómic Las tortugas ninja. Kevin Eastman y Peter Laird, admiradores de Frank Miller (un autor que reaparecerá en estas líneas), crearon las tortugas por pura diversión, en 1983. Fue en New Hampshire donde fundaron la compañía Mirage, impulsados por el éxito de esta serie desde el otoño de 1984, cuando salió al mercado el primer número, una parodia de Ronin, del citado Miller. Ni que decir tiene que la rentabilidad del tebeo fue más que satisfactoria.

Ante este lucrativo negocio de adaptación, las productoras invierten extraordinarias sumas de dinero en el presupuesto de filmes como Fantastic Four (1998), de Peter Segal, que por sus características y el éxito previo de sus personajes en el cómic de la compañía Marvel aseguran una audiencia masiva. El cómic de ciencia-ficción no es una excepción al respecto.

Lo demuestran títulos de Flash Gordon (1936), de Frederick Stephani, inspirado en el personaje de Alex Raymond y llevado por última vez al cine en Flash Gordon (1980), de Mike Hodges. La película de Stephani no sólo fue el serial más caro realizado hasta entonces, sino también uno de los de mayor calidad. Incidiendo en el entrecruzamiento de lenguajes que motiva este apartado, las aventuras de Flash Gordon (en cine y cómic) se inspiraban ligeramente en el argumento de dos novelas escritas por Philip Wylie en colaboración con el astrónomo Edwin Balmer, When Worlds Collide –llevada el cine en 1951 por Rudolph Mate– y After Worlds Collide. El primer serial dedicado a Flash Gordon costó 350.000 dólares, aproximadamente el doble de lo habitual en este tipo de producciones.

Otra obra de Raymond, alejada de la fantasía, Jungle Jim (1934), es convertida en serial, dos años después de su primera publicación, por Ford L. Beebe y Clifford Smith. Se estrenarán nuevas películas sobre este aventurero selvático en 1948 y 1952. El director George Lucas, un gran admirador de Raymond, baraja en 1976 llevar Flash Gordon al cine, poco antes de realizar La guerra de las galaxias, pero le resulta imposible adquirir los derechos del personaje.

Cabe introducir en este punto una digresión que ha de ejemplificar el modo en que Lucas queda fascinado por este cruce de lenguajes e influencias. El cineasta no oculta su fascinación por títulos como ¡Hágase la oscuridad! (1950) de Fritz Leiber, novela en la que aparecen unas espadas de rayos semejantes a las espadas láser de los Jedi, o La legión del espacio (1947) de Jack Williamson, obra cuyos personajes se corresponden como gotas de agua a los de la epopeya galáctica.

La película contiene asimismo homenajes a las viejas revistas de fantaciencia de las viejas edades del género; sirva como ejemplo la “Estrella de la Muerte”, fiel trasunto del Gernsback Space Flyer diseñado por el dibujante Frank Paul en 1915. Esta es, en suma, una película de películas, pastiche de géneros en el que el espectador reconoce retazos de Ford, Curtiz y Walsh, así como el recuerdo de teleseries como Twilight Zone y cómics de ciencia-ficción de los años cuarenta y cincuenta.

Fascinado por tal entrecruzamiento, Lucas comprará al dibujante Steve Garber la opción de adaptar al sarcástico pato Howard a la gran pantalla. La película resultante será Howard, un nuevo héroe (1986), de Willard Huyck. Al igual que Lucas, su amigo, el cineasta Steven Spielberg anuncia por esas fechas su intención de realizar una película sobre Tintín, el personaje creado por el dibujante belga Hergé.

La primera película derivada de las aventuras de Tintín será un film de marionetas, The crab with the golden claws (1947), de Claude Misonne. En la cima de su éxito, Hergé ofrece a Walt Disney la posibilidad de realizar un largometraje sobre Tintín, esta vez con mayores medios, pero su oferta no es respondida.

Con este personaje existe una producción hispanofrancesa de actores reales, El misterio de las naranjas azules (1965), dirigida por Philippe Condroyer. Asimismo, se estrenan varios filmes de animación, caso de Tintin et le mystère de la toison d'orTintin et le temple du soleil (1969), y numerosos episodios televisivos animados por Raymond Leblanc en los estudios belgas Belvision, donde trabajará el animador español Cruz Delgado. (1961) y

Tiene mejor fortuna en la gran pantalla Asterix, el simpático galo creado por el guionista René Goscinny y el dibujante Albert Uderzo. Este cómic francés tendrá una primera adaptación con Asterix el gladiador (1967), dirigida por los autores, quienes también dirigieron Asterix y Cleopatra (1968) y Las doce pruebas de Asterix (1976). Posteriormente las adaptaciones contarán con capital alemán y la presencia de animadores de otros países, como España.

De esta etapa destaca Asterix y la sorpresa del César (1985), de Paul y Gaeztan Brizzi. En 1998 comienza el rodaje de una versión con actores reales, dirigida por Claude Zidi e interpretada por Gérard Depardieu, Christian Clavier, Roberto Begnini y Marianne Sagebrecht. El cuidado puesto en esta producción es máximo, tras experiencias semejantes menos acertadas, como Lucky Luke, la teleserie realizada por Terence Hill en 1991, que se inspiraba en el tebeo del belga Morris. No obstante, la crítica desaprobará los resultados cuando se estrene en París a comienzos de 1999.

Producciones como las citadas acreditan que el cine europeo también ha invertido medios en la adaptación a la gran pantalla de sus héroes del cómic. Barbarella (1968), de Roger Vadim, tiene su origen en la historieta de Jean Claude Forest. El cómic de aventuras Modesty Blaise (1963), publicado en el diario inglés The Evening Standar por Peter O'Donnel y Jim Holdaway, se convierte en el film Modesty Blaise, superagente femenino (1966), de Joseph Losey, con Monica Vitti en el papel principal.

La película Diabolik (1967), de Mario Bava, está basada en un cómic italiano editado desde noviembre de 1962, con guión de Angela y Luciana Giussani y dibujo de Luigi Marchesi. Por lo controvertido de su tema, se alejan de esta tendencia aventurera otros films europeos, como El hombre deseado (1994), de Sönke Wortman, versión del cómic humorístico de Ralf König; y Le déclic (1989), de Jean-Louis Richard, inspirado en el cómic erótico del italiano Milo Manara.

 



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