Si hay un artista cuyo nombre es sinónimo de fantasía, espada y brujería y la más alta calidad, ese es Frank Frazetta. Su interpretación de mundos fantásticos ha marcado a fuego las mentes de espectadores y artistas durante varias generaciones, influyendo como pocos en el trabajo de otros creadores, y hoy en día está considerado uno de los más grandes pintores vivos.
Presentamos con este volumen el primero de una serie de cómics inspirados en la obra de Frazetta. El trabajo del maestro obtiene en esta ocasión el más alto de los homenajes, cuando grandes artistas del cómic desarrollan una apasionante obra de fantasía heroica con tintes de terror basada en una de las más grandes y famosas creaciones de Frazetta: el enigmático y siniestro Death Dealer. Una maravillosa obra épica y oscura que se ofrece aquí completa en un volumen de lujo, y que nos muestra a los seguidores del trabajo de Frazetta una historia nueva, pero a la vez inquietantemente familiar... una magnífica aventura imprescindible para cualquier amante de la fantasía y el buen cómic.
He aquí la mejor forma de conocer al artista realmente de cerca: su propio hijo, Frank Frazetta Jr., escribe este texto para acompañar el lanzamiento de Death Dealer, previsto para el próximo mes de octubre, donde nos revela el método que utilizaba su padre para dibujar y algún que otro secreto sorprendente.
«Frank Frazetta nació el 9 de febrero de 1928 –escribe Frank Frazetta Jr.– en Sheepshead Bay, Brooklyn. Comenzó a dibujar a la tierna edad de dos años, y vendió su primer dibujo a pastel a su abuela por la considerable suma de un penique. En la escuela, sus profesores se sorprendieron de que aquel niñito pudiera dibujar con tal precisión y colorido, y a la edad de nueve años, cuestionaron la autenticidad de un hermoso dibujo que había presentado en un concurso de arte. (...) A Frank siempre le ha gustado dibujar, pero eso nunca ha sido su principal prioridad. Amaba su arte, pero solo ha trabajado en él cuando tenía que hacerlo. Era un modo de ganarse la vida. La familia, el béisbol, la fotografía y coleccionar cámaras siempre han estado por delante de su pasión por el dibujo.
Pero a nadie le sorprenderá si digo que el arte siempre ha sido parte de su vida. Incluso llegó a rechazar un contrato para jugar como centrocampista en los New York Giants, aunque una vez me dijo que si entonces los jugadores de béisbol hubieran ganado lo que ganan hoy en día, la historia hubiera sido diferente.
Ya que el arte era un medio para alcanzar un fin, a menudo Frank esperaba hasta el día antes de la fecha de entrega para empezar a trabajar en su obra. Esa es la razón por la que muchas de sus pinturas tienen esa fabulosa fluidez, aunque, reconozcámoslo, también tenía el talento natural y la mágica habilidad de hacer un gran trabajo a gran velocidad. (...) “Veo las cosas tal cual son”, explica Frank, “pero las pinto desde la imagen que dejan en mi mente, en vez de como son en realidad. Por ejemplo, si examinas tus miedos, te darás cuenta de que están fuera de toda proporción. El ojo de tu mente pinta cuadros exagerando constantemente lo que es real. Yo intento capturar esas imágenes en mi obra. Hago que el puño que se dirige hacia ti sea más grande, huesudo, y mucho más amenazador, porque estoy jugando con la emoción del miedo y no con las proporciones anatómicas de la mano. Una espada puede matar, y así exageraré aquellas cualidades de la espada que acentúen su capacidad de matar: el tamaño, la dureza, la frialdad del metal, la punta, su afilado borde, todo lo que haga falta para reflejar mejor esa emoción”. Frank crea una combinación de colores, un edificio, una atmósfera, un monstruo, un mundo inexistente... pero que se siente tangible y real. Y la acción en sus pinturas es tan sorprendente como sus figuras, monstruos, ciudades y mujeres. ¡Oh, esas mujeres de Frazetta! “Yo respondo a la acción”, explica Frank. “Y las mujeres pueden ser tan sensuales y eróticas a veces... Intento capturar ese preciso movimiento o postura en que alcanzan su mayor sensualidad. Exagero mucho en mi trabajo, pero poco tengo que exagerar cuando pinto mujeres. La realidad a menudo es más que suficiente.”
Mi padre siempre trabajó mejor bajo presión. Tenía dos meses para realizar una portada para Creepy o Eerie, y una y otra vez mi padre esperaba literalmente hasta uno o dos días antes de la fecha de entrega para empezar a trabajar en ella. Recuerdo que, cuando yo era niño, vivíamos en un pequeño apartamento de Brooklyn. El teléfono sonaba y sonaba toda la semana y mi padre siempre le decía al editor: “La portada está casi terminada, solo tengo que darle unos retoques finales. No te preocupes, por la mañana estará lista”. Luego colgaba el teléfono, y yo le preguntaba: “Eh, papá, ¿cuándo vas a empezar la pintura?”. Y él me respondía: “Empezaré después de que te vayas a la cama, así que podrás verla cuando te levantes por la mañana”.
(...) Muchas de sus pinturas galardonadas se hicieron en una noche. Una proeza extraordinaria si consideras que pinta directamente con óleos desde su imaginación y sin más referencias que el espejo que tiene a su lado, para escudriñar las cosas con una nueva y diferente perspectiva.
En ocasiones, utiliza una espátula cuando es necesaria una textura más gruesa, pero siempre se asegura de usarla con moderación para que no resulte demasiado efectista. Prefiere escenarios de colores suaves y discretos para la mayor parte de la composición, porque escenarios demasiado brillantes podrían eclipsar los puntos de énfasis. Una pausa para una taza de café si ya es de noche, o un rápido juego de pelota con sus hijos si es por la tarde, es todo el tiempo que necesita para desconectar del trabajo y echarle más tarde un nuevo vistazo apreciativo. Si el segundo vistazo es positivo, comienza a añadir los detalles y toques de realismo que son su sello característico. Si queda insatisfecho con la evolución, pinta sobre las diversas áreas, o, menos frecuentemente, empieza una nueva pintura. ¡Hay cerca de una docena de pinturas terminadas colgando de las paredes del museo que tienen otra pintura debajo de ellas!
Sorprendentemente, Frank nunca se esforzó al máximo con ninguna de sus pinturas hasta que pudo quedarse con la obra original. Los editores siempre se habían guardado sus obras hasta que Frank decidió reducirse el sueldo a cambio de quedarse con la obra original.
En aquella época, recibía 300 dólares por obra terminada, y al quedarse con los originales, solo cobraría 150 por cada encargo. Resultó ser una decisión muy sabia: los originales de Frank pueden ahora alcanzar precios de seis y siete cifras, aunque ha rechazado numerosas ofertas, incluso de estrellas de Hollywood, para quedarse con ciertas piezas seleccionadas para sí mismo y su familia.
En última instancia, el dinero nunca fue importante en la vida de mi padre excepto para pagar las facturas y poner comida en la mesa. Nunca quiso un coche nuevo, y no compró su primer coche nuevo hasta 1977: un Cadillac Deville amarillo; y en realidad lo hizo solo por temas de impuestos.» (Frank Frazetta Jr.)
Copyright de texto e imágenes © Planeta DeAgostini Cómics. Reservados todos los derechos.
180 días atrás
124 días atrás
124 días atrás
124 días atrás
125 días atrás
125 días atrás
125 días atrás
155 días atrás
155 días atrás
155 días atrás
284 días atrás
288 días atrás
289 días atrás













































































