La muerte no es cosa de risa. John Constantine, el príncipe sombrío de los bajos fondos de Inglaterra, conoce las sucias calles de Londres como la palma de su mano (amarillenta por la nicotina). Pero a medio mundo de distancia hay una nueva amenaza que ni siquiera Constantine ha sabido prever.
En las arenas cubiertas de sangre de Darfur, un mago asesino está extrayendo poder a partir del genocidio y el canibalismo. Devora a los magos con vida para obtener sus poderes. Su objetivo es el Mago Risueño, una presencia eterna que mantiene el equilibrio místico del mundo.
Armado con sus afi lados dientes y su insaciable hambre de poder, este terrible cazador ha puesto su mirada en Londres… ¡porque el Mago Risueño podría ser el propio Constantine!
El aclamado escritor Andy Diggle (Los perdedores, Green Arrow: Año uno) sigue adelante con su rompedora visión de Hellblazer con una historia de miedo y violencia que revela de pleno una de las verdades del destino de Constantine y que está dibujada magistralmente por Leonardo Manco (Hellblazer: Todas sus máquinas) y Danijel Zezelj (Loveless).
«Como niño que creció en los 60 –escribe Stephen Gallagher– totalmente prendado de los cómics y alimentándose exclusivamente de títulos de DC (que aparecían misteriosamente de manera irregular y sin ningún orden entre los True Crime y las revistas del kiosco), no tardé en darme cuenta de una cosa: había otra Inglaterra que existía en las mentes de los americanos.
Sí, de los americanos, con esas camisas hawaianas tan cantosas y sus vozarrones, aún más cantosos, sus pantalones cortos, sus larguísimos coches, sus hamburguesas… Que así eran los estadounidenses si te formabas una idea a partir de los cómics ingleses de la época.
No, no, aquí nadie es inocente.
En los cómics ingleses los americanos eran o bien turistas pegados a una cámara o bien vaqueros. En los cómics americanos sobre Gran Bretaña, las ciudades eran pequeñas como pueblos y las casas tenían techos de paja. La policía iba en bicicleta y en los lados de los coches de los detectives ponía: Scotland Yard. Los británicos más famosos eran Shakespeare, la Reina y, probablemente, Basil Rathbone.
En palabras del propio Alan Moore: “La industria del cómic estadounidense parecía creer que la Gran Bretaña del siglo XX era como la Bavaria del siglo XIX”.
Como sabrás, todo eso ha cambiado.
Básicamente, nos unimos unos con otros. Moore estaba en la vanguardia de la gran oleada de talentos británicos que fue absorbida por la cultura del cómic a partir de los 80. Le acompañaban Delano, Grant, Gaiman… como empiece a decir nombres, me quedaré sin espacio. Es probable que fuera una de las décadas en las que más trabajo tuvo FedEx debido a los guiones y dibujos que iban de un lado para el otro. Como nuestros actores, que están ocupados poniendo acentos en cada una de las series que se emiten, los creadores británicos de cómics aportaron algo que encajaba y que, al mismo tiempo, introducía nuevos tonos y texturas.
Hellblazer nació en ese proceso pero siempre se mantuvo un tanto aparte. No digo que fuera el único título que cambió la Gran Bretaña de los cómics pero, por Dios, hizo todo lo que estaba en su mano. Lo que consiguió que Hellblazer (Steve Gallagher) destacara desde el principio fue la manera en la que mostraba alguno de los aspectos más sombríos y deprimidos de la Gran Bretaña real en los cómics americanos. Y son esos comienzos a los que ha querido retornar Andy Diggle con los primeros ocho números que conforman el primer tomo de su debut en esta serie.»
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