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Los dilemas de Tony Stark
Los auténticos superhéroes no pelean en escenarios inmaculados: pelean en la periferia, lejos de las comisarías, o en el último bloque del bulevar, bajo hileras de ventanas rotas. Pelean en sitios donde también pelean los supervillanos. A veces, se encuentran con que tienen que lucir indumentaria chillona y llevar un monograma en la pechera.
Puede que por eso mismo nunca tengan la sensación de que la vida consiste en engullir una cena a base de hamburguesas y donuts. Al contrario: ellos están en primera línea de fuego porque, más pronto o más tarde, tenían que acabar ahí.
Ese es, precisamente, el punto de vista de Stark, un playboy que, a pesar de sus muchos pecados, observa el apocalipsis desde arriba, mientras vuela con el traje biónico que lo convierte en Iron Man.
“Lo que me impulsó a crear un personaje como Iron Man fue que yo quería ver algo diferente del superhéroe habitual –dice Stan Lee–. El personaje de Tony Stark es muy triunfador, muy glamoroso y muy viril, y sin embargo tiene una faceta muy vulnerable. Cuando empezamos a publicar los cómics de Iron Man, recibimos más cartas de fans femeninos que con ningún otro cómic de los que habíamos creado. En aquella época, pienso que las mujeres que leyeron el cómic sintieron por Tony Stark los mismos sentimientos que las mujeres que vieron la película y a quienes les encantó Robert Downey Jr. y la vulnerabilidad que le aportó al personaje. Gentes de todas las edades se identifican con el lado humano del personaje”.













































































