Historia de la caricatura en España
La aparición de la caricatura en España se relaciona con la protesta contra los excesos del poder político. “La Ilustración Española y Americana” publica en 1872 una serie de ilustraciones humorísticas en contra del servicio militar obligatorio y el drama que éste plantea en las familias desfavorecidas.
También sirve lo caricaturesco para rebelarse contra enemigos poderosos, o al menos eso parece pretender en 1898 el dibujante Pellicer Montseny con su sátira antiamericana, coincidente con la guerra hispanoestadounidense.
Pero el humor gráfico es un ejercicio de libertad que no siempre es bien aceptado. Buen ejemplo de ello es la destrucción de la redacción de “Cu-cut”, una publicación satírica que se atreve a criticar al estamento militar en 1905.
En octubre de 1907, en el Salón Iturrioz de Madrid, se organiza una exposición colectiva de caricaturistas en la que dibujantes como Sileno, Tovar y Sancha se reúnen con otros más jóvenes, como “Fresno”. Esa exposición abre un periodo de ebullición creativa en la caricatura, que se verá interrumpido por el drama de la Guerra Civil, recuperando más tarde su brío.
Espacio de polémica y provocación, la caricatura interesa a los creadores de vanguardia, que la practican con buenos resultados. Así, el escritor Ramón Gómez de la Serna hace dibujos humorísticos en los años veinte, una de las épocas más interesantes del humor en España, aquella que marca el surgimiento de las revistas cómicas.
Con el intervalo de la Guerra Civil, un gran número de cabeceras de este estilo llegarán a los lectores: “Madrid Cómico”, “Gutiérrez”, “Buen Humor” y muchas otras darán cabida a humoristas gráficos como Cisneros, Cornet, Mecachis, Ricardo Opisso, Pedro A. Villahermosa “Sileno”, Antonio Casero, Xaudaró y Manuel González Martí “Folchí”, quien más tarde será director de los Museos Nacionales de Cerámica y Humorismo de Valencia.
Estimulados por un entorno intelectual lleno de inquietudes, los caricaturistas de este periodo alcanzan niveles de auténtica genialidad. Luis Bagaría se especializa en la caricatura política y su obra, casi expresionista, aparece en diarios de España e Iberoamérica. No tan buen dibujante, Antonio de Lara “Tono” es, sin embargo, un humorista extraordinario, capaz de reflejar detalles de comicidad únicos.
Entre los caricaturistas también hay especialidades, y en el ámbito del teatro destaca Fernando Gómez-Pamo del Fresno, “Fresno”, que además de retratar con humor a dramaturgos e intérpretes, es actor en las compañías de Lola Membrives, Irene López Heredia, Margarita Xirgu, y María Guerrero-Fernando Díaz de Mendoza.
No es raro encontrar por la misma época otros dibujantes que compatibilizan la sátira dibujada con otros menesteres. Ricardo García López, “K-Hito”, además de escritor humorístico y crítico taurino, publica con éxito sus caricaturas.
Algunas regiones cuentan con caricaturistas locales, que saben alcanzar una expresión propia, reflejo las particularidades y contradicciones de su identidad cultural. Roberto Eduardo Padín Rodríguez, Álvaro Cebreiro Martínez y, sobre todo, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao llevan la caricatura de Galicia hasta sus más elevadas cotas de interés, con magníficos resultados artísticos.
Tras la Guerra Civil, los dibujantes de cómics infantiles y juveniles recurren a la caricatura para elaborar sus personajes, que muchas veces van más allá de la anécdota chistosa y suponen una reflexión sobre asuntos más ambiciosos. Resaltan al respecto los nombres de José Escobar, José Coll, Francisco Ibáñez y Juan Rafart Roldán “Raf”.
En lo que concierne a las revistas de humor, la más importante de todas ellas será “La Codorniz”. Una nueva generación de humoristas gráficos toma el relevo y su producción se prolonga, en bastantes casos, hasta los años noventa. Forman parte de ese grupo Chumy Chúmez, Enrique Herreros, José Luis Martín Mena, Pablo San José, Eduardo Maturana, Serafín, Antonio Garmendia, Dátile y Antonio Fraguas “Forges”, entre otros.
Uno de los dibujantes que se mantiene en competencia con caricaturistas más jóvenes, Antonio Mingote, es el primero de su profesión en ser admitido en la Real Academia de la Lengua, lo que supone un reconocimiento intelectual y una afirmación de esta difícil actividad, que en gran medida marca la línea editorial de un periódico.
Así lo demuestran dibujantes que desarrollan su obra en el periodo democrático, tales como Gallego y Rey, Ricardo y Nacho, Peridis, Martínmorales y “El Roto”, creadores todos ellos de un humor gráfico incisivo e inteligente.













































































