Historia de la caricatura en Estados Unidos
La producción caricaturesca en los Estados Unidos tiene un primer momento de esplendor en el siglo XIX, gracias a David Claypoole Johnston, Thomas Nast y otros dibujantes que, a imagen de lo que se hace en las revistas satíricas europeas, saben reírse con inteligencia del poder político.
Los artistas del siglo pasado tienen una calidad de dibujo singular, que pondrá a la prensa norteamericana en cabeza del humor gráfico internacional. Al igual que compatriotas como Thomas Nast y Joseph Keppler, Charles Dana Gibson hará compatibles la ilustración realista y la caricatura. Pero el tiempo del dibujo detallado queda atrás cuando los nuevos avances en fotomecánica e impresión favorecen el esquematismo, el trazo simple, expresionista.
Gana importancia el contenido, ya que los lectores de periódicos se fijan con atención en lo que el dibujante sugiere a través de sus chistes. Y los empresarios periodísticos, que han de satisfacer ese deseo de los consumidores de prensa, compiten entre sí para contratar a los mejores caricaturistas.
A fines del XIX y principios del XX, se da una modernización de los diarios, que también se aprecia en sus dibujantes. Herbert Block “Herblock” colabora en el “Washington Post, Daniel Fitzpatrick lo hace en el “St. Louis Post-Dispatch”, Edwin Marcus y S.J. Woolf trabajan en “The New York Times”, y la lista continúa, pues no hay una sola cabecera en el país que no cuente con un caricaturista en plantilla. Incluso el “Daily Worker”, de inspiración radical, cuenta con un excelente artista, William Gropper.
En ese clima de competencia, parece lógico pensar que los caricaturistas que llegan a contratarse en una redacción han pasado por un duro proceso selectivo.
De hecho, el nivel de calidad se mantiene tras la Primera Guerra Mundial, gracias a Oliver Herford, Gelett Burgess, Peter Newell y Arthur Szyk, por citar una serie de humoristas de gran nivel. Incluso ilustradores profesionales como Norman Rockwell hacen uso de la caricatura para retratar las múltiples facetas sociales y políticas de un país cambiante, lleno de contrastes. Porque en Norteamerica puede apreciarse la evolución del pensamiento a través de los caricaturistas.
Así, en las décadas de los sesenta y los sesenta, cuando las mayores contradicciones sociales provocan la eclosión de movimientos juveniles pacifistas y contraculturales, la caricatura se convierte en un género habitual en revistas del underground, sobre todo “East Village Other” y “Berkeley Barb”, cuna de artistas como Robert Crumb, Robert Williams, Larry Todd, Gilbert Shelton y Richard Corben, todos ellos magníficos caricaturistas, si bien su lenguaje radical no encuentra acomodo en los periódicos, sino en las revistas de cómics, donde todos ellos madurarán hasta definirse en espacios más o menos alejados de los antiguos movimientos contestatarios.













































































