Historia de la caricatura en el Reino Unido
La caricatura inglesa nace en la primera mitad del siglo XVIII, gracias al trabajo pionero del pintor y grabador William Hogarth, testigo atento de su tiempo, capaz de reflejar con humor detalles de cotidianeidad que aún hoy mantienen su vigencia. A Hogarth lo sigue en esta historia del humorismo británico James Gillray, que, ya en la segunda mitad del XVIII, practica la caricatura política con singular destreza y un atrevimiento que roza el descaro.
Con la llegada del siglo XIX, las revistas satíricas encuentran un generoso espacio en la prensa de las islas, y cabeceras como “The Monthly Sheet of Caricatures” (1830) salen al encuentro de un público fiel, que disfruta con los dibujos humorísticos de Robert Seymour, John Doyle y Richard Doyle, los tres principales colaboradores de esa publicación. Una década después sale a la venta el primer número de “Punch” (1841), la revista fundada por Henry Mayhew que, aun coincidiendo en su línea editorial con el ideario republicano, va a ser el símbolo del humor durante el periodo victoriano, monárquico en el más amplio sentido.
En sus páginas pueden hallarse retratos caricaturescos de las figuras de moda, ejecutados por John Tenniel, George du Maurier, John Leech, Phil May, Linley Sambourne y Charles Keene. La época dorada de “Punch” va desde 1841 hasta 1914, época en que también sobresalen otros caricaturistas como Max Beerbohm, que se valen de la sátira como un revulsivo frente al estancamiento de ciertos sectores de la sociedad.
Es bien cierto que durante la segunda mitad del XIX hubo en el mundo anglosajón un rígido modelo social que testimonia con crudeza la caricatura, del todo opuesta al puritanismo imperante. Puede apreciarse en la revista “Vanity Fair” (1868), a través de los chistes dibujados por sus dos humoristas principales, Carlo Pellegrini “Ape” y Leslie Ward “Spy”.
Pero la escasa docilidad de los caricaturistas ante el poder tiene otra faceta curiosa, pues a lo largo del siglo XIX y en los primeros años del XX, se da el caso en Gran Bretaña de ilustradores de libros infantiles que compatibilizan esta labor con su trabajo como ácidos caricaturistas de prensa. En algunos casos, estos artistas, aun no manteniendo un trabajo continuado en los periódicos, recurren a la caricaturización de los personajes en su obra gráfica para niños.
Es el caso de Edward Lear, cuyo dibujo esquemático y expresivo juega con la exageración de ciertos rasgos físicos. El artista francés Edmund Dulac, emigrado a Inglaterra en 1904, es, aparte de un maestro de la acuarela, un eficaz creador de personajes decididamente caricaturescos. Henry Wenston Keen desarrolla en su trabajo como ilustrador una notable habilidad para el dibujo de figuras grotescas, distorsionadas.
Y lo mismo cabe afirmar acerca de creadores como Henry Holiday, Ernest Henry Griset y Arthur Rackham.
El recurso a la caricatura es frecuente asimismo en dibujantes cuya obra es ajena al mundo periodístico, como Aubrey Beardsley. A propósito de Beardsley se puede escribir valorando su categoría como ilustrador por encima de Leonard Brooke, Arthur Silver, Lionel A. Bowen y otros que, como él, trabajaron en las revistas artísticas más influyentes del XIX.
Los dibujos de Beardsley, caracterizados por el uso de modelos decorativos planos, al estilo de los grabados japoneses, reflejan una total maestría en la composición que pronto habría de ejercer su influjo sobre ilustradores, diseñadores y caricaturistas de toda Europa. Y esa importancia no se limita a este magistral dibujante, pues otros como Tenniel o Rackham también sirven de modelo a otros artistas del humor gráfico y la ilustración cómica, conservando el liderazgo británico en este terreno a comienzos del siglo XX.
Si la prensa de Inglaterra en ese periodo tuvo empeño en contratar a los mejores dibujantes, lo cierto es que a esa etapa de esplendor la siguió una relativa decadencia. No obstante, tras la Segunda Guerra Mundial se consolida un notable grupo de humoristas gráficos que, en no pocos aspectos, recuperan el genio de sus antecesores. Conviene subrayar en ese sentido la obra de “Ionicus”, “Sprod”, Ronald Searle y Leslie Starke.
Historia de la caricatura en Oceanía
Siguiendo el estilo de publicaciones que se dan en Gran Bretaña a lo largo del siglo XIX, en Australia surge una considerable industria periodística que de inmediato incorpora a los caricaturistas en sus plantillas.
La sátira de costumbres resulta uno de los asuntos de mejor acogida popular. G.R. Ashton, caricaturista del diario The Bulletin a fines del siglo XIX, trata diversos temas, que van desde la vida en las ciudades a la difícil aceptación de los aborígenes.
En el mismo diario colabora Phil May, cuyo trazo eficaz y peculiar sentido del humor lo asemejan a Ashton. El neozelandés David Low colabora primero en el “Sydney Bulletin” y luego se traslada a Inglaterra, donde se cotiza como caricaturista de gran calidad. Entre los humoristas gráficos más notables durante los años treinta del presente siglo figura Stan Cross, un profesional ejercitado en la caracterización de los personajes típicos de la sociedad australiana de entreguerras.













































































