Historia de los cómics en Estados Unidos (1945-2008)

sincityTras la Segunda Guerra Mundial, la ciudadanía de Estados Unidos olvida la utilidad propagandística del cómic bélico y empieza a preocuparse por otras cuestiones. Coincidiendo con la persecución anticomunista desatada en el ambiente cinematográfico, una paranoia social semejante afecta al mundo de la historieta.

Un psiquiatra, Frederic Wertham, publica un libro que alcanzará una difusión inusitada, “The seduction of the innocent” (1954). En este texto, Wertham argumenta el aumento de la delincuencia juvenil acusando a los tebeos de ser una de sus causas principales. Se trata del primer paso en favor de la restricción de la historieta a temas puramente infantiles, con la censura directa de todos aquellos contenidos que, catalogables como adultos, pudieran corromper al menor de edad.

Asimismo, son los propios distribuidores quienes instauran el Comics Code Authority (CCA) para regular sus historietas. La influencia de Wertham, a pesar de lo trasnochado de sus alegaciones, es enorme en Estados Unidos, y sólo el cómic contracultural de los años sesenta se opondrá a estos prejuicios.

Como herencia de esa etapa, en la actualidad prolifera el cómic infantil y humorístico, y resultan minoritarios los lectores que acceden a títulos de mayor profundidad intelectual.

La compañía estadounidense E.C. Comics es la primera víctima de esta caza de brujas originada por Wertham. Especializada en la producción de historietas de horror al estilo de Tales from the Crypt (1950), E.C. recibirá graves acusaciones contra muchos de sus productos.

Al final, sólo podrá editar la revista “Mad” (1952), una veterana revista de humor. Sin embargo, esta compañía guiará las inclinaciones temáticas de numerosos dibujantes. Ello explica que, imitando el estilo de las historietas de terror de EC, otra firma norteamericana, Warner Publishing, edite tres décadas después revistas como Creepy y “Eerie”, que además tendrán sus versiones en diversos países europeos.

Indudablemente, los espectadores –consumidores– de productos audiovisuales de los ochenta y noventa, pueden comprobar lo que han significado estos cómics para la generación que los adquirió. De hecho la obra de directores como Steven Spielberg, George Lucas, Joe Dante, John Landis no se explica sin los relatos gráficos de E.C.

En la inmediata postguerra, títulos como Steve Canyon (1947), de Milton Caniff, heredan los elementos convencionales del cómic bélico con un sentido estereotipado que tiempo después discutirán Archie Goodwin y otros autores. Caniff, uno de los más prestigiosos dibujantes de cómics estadounidenses, aprovecha para transmitir su particular política, al igual que había sucedido en Johnny Hazard (1944), de Frank Robbins.

Tebeos norteamericanos como Pogo (1942), de Walt Kelly, y Carlitos y Snoopy (Peanuts, 1950), de Charles M. Schulz, reflejan, de forma sutil y menos explícita, inquietudes del norteamericano medio a través de animales antropomorfos, la fauna de los pantanos en el primer caso y el perro Snoopy en el segundo.

En ambos casos, los personajes se alejan de los estereotipos impuestos por Walt Disney, ofreciendo contenidos de cierta profundidad intelectual, mucho menos infantilizados de lo que haría presuponer su apariencia gráfica, propia del cómic para niños.

Es un buen momento para la historia de humor, parangonable a las teleseries cómicas (las ‘sit-com’ van a tener su referente en papel). Son los años de tebeos como Hi and Lois (1954), de A. Morton Walker y Dik Browne, éste también un gran dibujante publicitario, aquel uno de los más influyentes creadores durante varias décadas (queda su huella en Sam’s Strip, 1961; Boner’s Ark, 1968; o The Evermores, 1982, entre otras); el clásico satírico B.C. (1958), de Johnny Hart; The Wizard of Id (1964), de Hart y Brant Parker (del que cabe destacar Crock, 1975; o Goosemyer, 1980); Hagar the Horrible (1973), de Dik Browne, y otras muchas.

Historia del cómic estadounidense

La historieta bélica tendrá su vigencia durante los cincuenta. Sus personajes, más heterogéneos, representan los problemas vividos durante el conflicto, tal y como se observa en las creaciones de Robert Kanigher. Paralelamente, desempeñan su labor historietistas volcados en el comentario social y político en la línea de un Mell Lazarus (Miss Pech, 1957; Momma, 1970), Jules Feiffer (Feiffer, 1956), Garry Trudeau (Bull Tales, 1968; Doonesbury, 1969) y Russ Myers (Broom Hilda, 1970).

La revitalización de los comic–books llega de la mano de Julius Schwartz, quien no sólo reinventa personajes ya existentes, sino que en muchos momentos los hace coincidir con el original. La editorial D.C. Comics (antigua National Periodical) consigue que el sector se mueva con un buen rendimiento artístico y comercial, lo que no pasa desapercibido para otras firmas.

Es el renacimiento del superhéroe, un proceso en el cual serán fundamentales la editorial Marcel y dos de sus creadores, Stan Lee y Jack Kirby, su intensa competencia con los productos de la compañía D.C. se mantendrá hasta el siglo siguiente.

Los personajes Marvel son sobrehumanos, mutantes, que sufren en carne propia las dificultades psicológicas de su extraña condición física, configurando una galería de superhéroes que definen el llamado ‘Universo Marvel’, un mundo alternativo al real, sólo distinto por la presencia de seres tan singulares. Destacan entre ellos Spiderman, La Masa (The Hulk), Los cuatro fantásticos, La patrulla X (X–Men).

A otro nivel, cabe destacar la figura de Conan, el bárbaro (1970), el personaje más representativo del subgénero de espada y brujería, creado por Robert E. Howard. Distinto a los superhéroes (tan sólo es un guerrero), su éxito será equiparable al de aquéllos. Entre sus dibujantes figuran Roy Thomas, Barry Windsor Smith, Alfredo Alcalá y John Buscema, entre otros muchos.

Las revistas impulsadas por James Warren (mientras su situación financiera se lo permite) dan cabida a muchos guionistas y dibujantes a lo largo de los sesenta y setenta. Los movimientos culturales de los sesenta también propician la aparición de revistas de aficionados, universitarias y underground. Estas tendencias contraculturales se hacen sentir muy pronto en la historieta internacional, que acoge propuestas sexuales y políticas, así como otras relativas a la droga, difundiendo la polémica contestataria a través de personajes de difícil catalogación.

En esta línea, el norteamericano Robert Crumb idea dos cimas de la provocación: Fritz the cat (1959) y Mr. Natural (1967). Y mientras Gilbert Shelton hace populares a sus Fabulous Furry Freak Brothers (1967), otro estadounidense, Richard Vance Corben, a pesar de su autodidactismo, revoluciona con sus técnicas de dibujo las publicaciones underground más avanzadas.

Es un tiempo durante el cual, frente a la intransigencia de la industria dominante, aparecen cientos de fanzines, revistas de aficionados cuyo proyecto se fundamenta en la difusión de mensajes alternativos. En este contexto, sorprende la obra de Corben (Rowlf, 1969; When Dreams Collide, 1970; Dumb Story y Cidopey, 1971; Den, 1971; Mutant World, 1978).

A partir de los años sesenta, la mercadotecnia combinada del cine, la televisión y el cómic será un hecho indiscutido. También se aprecia una convivencia entre las grandes firmas editoras y las revistas alternativas (“Marcel”, “D.C. Comics”, “Heavy Metal” o “Epic”). A caballo de unas y otras van comercializándose los trabajos de Jim Steranko (Chandler, 1976; Outland, 1981), Jim Starlin (Metamophosis Odyssey, 1980), Jack Jackson (Comanche Moon, 1980).

Posteriormente, ya en la década de los ochenta, el discurso posmoderno va a teñir de variedad al fragmentario universo de los cómics, de suerte que vanguardia y clasicismo, géneros y pastiches, experimentación y convencionalismo van a convivir sin fricciones.

El humor inteligente de Calvin y Hobbes (1985), de Will Watterson, o la violencia hardboiled y la maestría gráfica de Sin City (1992), de Frank Miller, abren el abanico de un mercado cada vez más considerable. En ese proceso, sellos como Image heredan el estilo del manga japonés, privilegiando el dibujo por encima del texto.

Para leer los capítulos de esta historia del cómic, sigue los siguientes enlaces:

Historia del cómic estadounidense (1893-1930)

Historia de la caricatura

Historia del cómic estadounidense (1931-1945)

Historia del cómic estadounidense (1945-2008)

Historia del cómic italiano

Historia del cómic latinoamericano

Historia del cómic español

El cómic franco-belga y la pintura

Historia del cómic franco-belga

Historia del cómic británico

Cine en el cómic, cómic en el cine

Copyright de la ilustración

Portada de Lobezno, nº 6 © John Romita Jr., Marvel Comics. Cortesía del Departamento de Prensa de Panini Comics. Reservados todos los derechos.

Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publiqué en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).

 

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