Historia del cómic estadounidense (1893-1930)

The-funniesMientras Thomas Alva Edison y su ayudante William K. L. Dickson, se encontraban inmersos en la sincronización del sonido de un estornudo con una de las primeras imágenes en celuloide en las que aparecía el personaje que lo había producido (1893), se estaba produciendo una importante revolución en el mundo del periodismo, con la aparición del primer suplemento cómico a color en The New York Journal, concretamente el 24 de diciembre de 1893.

Quizá ni los dibujantes del periódico –entre ellos Richard Felton Outcault– repararon especialmente en los trabajos de Edison, ni éste en los dibujos de aquéllos.

Todo fue resultado de de la mentalidad empresarial del magnate William Randolph Hearts, propietario de “The New York Journal”. Una vez que consiguió contratar a Outcault, le pidió que elaborase una historia con su famoso personaje Yellow Kid.

“Yellow Kid” aparece por primera vez el 5 de mayo de 1895, y adopta su famoso camisón de color amarillo el 5 de febrero de 1896, camisón que hacía las veces de “bocadillo” en el que se escribía el texto.

Outcault decide dibujar una viñeta humorística titulada The Yellow Kid and His New Phonograph en la que se observan algunos de los rasgos fundamentales de estas creaciones: la presencia de textos a modo de voz de los protagonistas, insertos en un globo; el carácter seriado, con un grupo de personajes como eje narrativo; y su publicación en prensa, lo que confirma la inscripción de la historieta en el ámbito de los medios de comunicación de masas. Esta producción aparece publicada el 25 de octubre de 1896 y, sorprendentemente, lejos de provocar una revolución en el sector, pasa desapercibida para numerosos. Rudolph Dirks, otro de los ilustradores del “Journal”, desarrolla el nuevo lenguaje en Katzenjammer Kids (12 de diciembre de 1897), un lenguaje que aparece plenamente reflejado en las planchas dominicales de Happy Hooligan (1900), de Frederick Burr Opper.

Como es natural, en el nacimiento del cómic se acumulan las informaciones diversas. Sin soslayar la importancia industrial de la prensa que acoge estos primeros tebeos, nuestra valoración se inclina por el criterio estético. De ahí que destaquemos el sorprendente e imaginativo Little Nemo in Slumberland (1905), que Winsor McCay comienza a publicar en el “Herald”.

Yellow Kid

Al hilo de estas novedades, comenta Richard Marschall: “El factor comercial tuvo una importancia primordial en la historia de los primeros comics de la prensa norteamericana. Obviamente, el beneficio era indispensable para el éxito cada vez mayor de las series publicadas, pero ello debe ser tomado aún con mayor amplitud: la competencia comercial fue la causa de que se difundieran los comics, de que se hiciera hincapié en el color, de que los comics prosiguieran y proliferaran, de que se constituyeran los Syndicates… y de que nacieran las daily strips, o series de tiras diarias”.

La importancia de los Sindicatos –agencias– en la distribución del cómic estadounidense en fundamental para entender su implantación y difusión nacional e internacional. Su origen es periodístico, y se sitúa a mediados del siglo XIX, ccuando se consolida el A.N. Kellogg News Co. (1865). Cumplirán con el modelo nuevas corporaciones, especializadas en la difusión de historietas, caso del World Color Printing Co., S.S. McClure’s Syndicate, el Keystone Syndicate, o el King Features Syndicates. Se considera a John Wheeler, fundador de The Bell Syndicate a principios del siglo XX, como el padre de los sindicatos (syndicates) modernos.

En 1904 se publican las tiras diarias de Clare Briggs con el título de A. Piker Clerk, con un diseño todavía no ajustado a la división de viñetas, y que sigue en gran medida los planteamientos de McCay y George McManus. Bud Fisher da un paso adelante con Mutt and Jeff (1907). En cualquier caso, estas historias tienen como objetivo prioritario la captación de nuevos lectores para los periódicos en los que trabajaban. El éxito de la fórmula, en la cual se van incorporando temas cotidianos y sociales, permite la experimentación con nuevos formatos.

Respondiendo a la etimología del cómic, es cómica la oferta de historietas como Krazy Kat (1910), de George Herriman, o Bringing Up Father (1913), de George McManus. Por lo común se dosifican diariamente, en forma de tira, unidad básica del tebeo de esas fechas. A partir de ese canon, los géneros irán desarrollándose. A juicio de Javier Coma:

“Empleándose la palabra ‘strip’ como sinónimo de serie de comics, publicárase en tira diaria o en plancha dominical o bajo ambas fórmulas, los géneros obtuvieron sus denominaciones en razón a sus protagonismos: ‘kid–strip’ (niños), ‘boy–strip’ (muchachos), ‘girl–strip’ (niñas), ‘family–strip’ (familias), ‘animals–strip’ (animales, frecuentemente humanizados), y así sucesivamente”.

En el contexto de los años diez y los veinte, cabe subrayar el entorno familiar de S’Matter, Pop? (1910), de Charles M. Payne, Mr. & Mrs. (1919), de Clare Briggs, Toots & Casper (1919), de Jimmy Murphy, o The Timid Soul (1924), de H. T. Webster. Obviamente, un lector inmigrante y a veces desclasado puede sentirse identificado con fórmulas como Barney Google (1919), de Billy DeBeck, Smitty (1922), de Walter Berndt, Just Kids (1923), de Ad Carter, The Nebbs (1923), de Wallace A. Carlson, Muggs and Skeeter (1927), de Wally Bishop, o Skippy (1928), de Percy Crosby. En algunos casos el éxito se prolongará a lo largo de las décadas, lo cual permite abordajes de orden sociológico, relacionados con el análisis del discurso impreso.

Cine y cómic heredan del folletín la discontinuidad del relato, el cierre de una entrega en un momento de clímax, retomado en el siguiente episodio. Si citamos películas el caso más notable es el de Las aventuras de Catalina (1913), el primer serial importante, antes de la producción Pathé The Perils of Pauline (1914). En lo que concierne al tebeo, los casos resultan innumerables. A la hora de seducir al lector, se proponen parajes paradisíacos como los de Wash Tubbs (1924), de Roy Crane, y otros más cercanos, pero propicios a la aventura [por ejemplo, el mundo de la aviación comercial de Tailspin Tommy (1928), de Hal Forrest y Glenn Chaffin.

Para leer los capítulos de esta historia del cómic, sigue los siguientes enlaces:

Historia del cómic estadounidense (1893-1930)

Historia de la caricatura

Historia del cómic estadounidense (1931-1945)

Historia del cómic estadounidense (1945-2008)

Historia del cómic italiano

Historia del cómic latinoamericano

Historia del cómic español

El cómic franco-belga y la pintura

Historia del cómic franco-belga

Historia del cómic británico

Cine en el cómic, cómic en el cine

Viñeta de The Yellow Kid en The New York Journal (9 de enero de 1898).

Esta es una versión expandida de varios estudios anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que los autores escribimos entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene algunas reflexiones y referencias que publicamos en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).

 

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