
En los agitados, fascinantes y algo vulgares años de la Transición, España no sólo se abría a los sueños políticos, sino que revolucionaba sus hormonas en aquella vorágine del “destape”, intentando quitarse de encima décadas de represión sexual a base de películas “para adultos”, magazines en los que la ropa no tenía cabida y revistas de cómics picantones, donde las viñetas eróticas convivían con joyas de la ciencia-ficción, la fantasía y el terror de aquella época, en una desconcertante pero rica amalgama.
Una de esas revistas era Mastia, donde nació, a comienzos de los 80, esa émula de Barbarella llamada Lorna, creación del gran dibujante e ilustrador madrileño Alfonso Azpiri y del guionista Carlos Sainz Cidoncha.
La profesora Lorna, una rubia científica-aventurera cuya misión nunca nos queda clara, protagonizaba por entonces historias enmarcadas en un ambiente de ciencia-ficción, pero en clave erótico-festiva, con un humor tontorrón y castizo no muy alejado del cine de Pajares y Esteso.
Para hacerse a la idea del tono de aquellos tebeos, en la primera historieta se nos narraba cómo la inteligente y pícara Lorna se construía un robot (Matías, posteriormente rebautizado como Arnold) que venía a ser un primo cercano de C3PO, pero armado con un eficiente vibrador.
Hay que aclarar que, aunque los desnudos y el sexo eran omnipresentes en Lorna y su robot (1981), nunca se llegaba a los terrenos de la pornografía, y es que Alfonso Azpiri siempre ha sido muy cuidadoso respecto al sexo demasiado explícito, apostando siempre por el erotismo frente al porno.
En los primeros cómics de Lorna, Azpiri ya demostraba ser un excelente dibujante, aunque aquellas historietas (recopiladas por Planeta DeAgostini en Lorna - Edición Integral) todavía no gozaban del refinamiento y las exuberantes acuarelas que hicieron célebre al artista madrileño en años posteriores.
Tras sus legendarios trabajos de los años 80, como MOT, Reflejos, Pesadillas o las portadas para los videojuegos españoles de la época, Lorna regresó, precisamente, como protagonista de un juego de ordenador creado por Topo Soft, en un resurgimiento que casi contó con una frustrada serie de animación para la televisión.
Evolución del personaje
Mouse Club (1984) nos devolvía a la curvilínea rubia en una serie de historias cortas e independientes, todas de alto contenido erótico, en su mayoría también con dosis de humor, pero con mayor acento en la ciencia-ficción y la acción que en anteriores cómics. Además, no todas las historietas eran cómicas, como el caso de La puerta, un breve y onírico cómic mudo en el que se combinaban a la perfección el erotismo más intenso, el terror y los dibujos y colores de un Azpiri en estado de gracia, quien también ejercía de guionista.
Lorna también participó en un crossover con la también rubia Bethlehem Steele, un personaje de encargo para la revista Penthouse Comix.
Decidido a añadir más enjundia a las aventuras de Lorna, más allá de los desnudos y los escarceos intergalácticos, el siguiente cómic, Leviatán (1998), metía de lleno a la aventurera en una versión futurista de Moby Dick, para sorpresa de propios y extraños. Los dibujos a toda página de la colosal bestia marina en un mar embravecido y rodeado de rayos de tormenta están dotados de un impresionante lirismo, aunque los fans de la rubia protagonista tampoco son desatendidos en este cómic, ya que la heroína nunca se queda sin excusas para perder su escueta vestimenta.
Si bien Lorna nunca ha perdido esa facultad para el nudismo voluntario o involuntario, en los cómics sucesivos ha disminuido progresivamente su actividad erótica para protagonizar aventuras más enfocadas a la aventura y a la ficción científica de la vieja escuela, como sucede en El Arka (Norma Editorial, 2001), El Cementerio de Marfil Rojo (Planeta DeAgostini, con guión del cineasta Miguel Ángel Vivas) y en la trilogía formada por El ojo de Dart-An-Gor (2003), Sombras perdidas (2005) y Las torres negras (2006).
Rescate
Retomando personajes de esa trilogía, Rescate, la última aventura de Lorna –de momento Azpiri se quiere tomar un descanso del personaje-, destaca por ser el primer cómic en el que Lorna no mantiene relaciones sexuales en ningún momento, si bien sigue mostrándose como Azpiri la trajo al mundo en casi todas las viñetas.
Se trata de una historieta de aventuras y ciencia-ficción en la que Lorna y sus compañeros intentan rescatar a un buen amigo perdido en un lejano asteroide, acosado por peligrosos quirópteros amantes de la oscuridad, no muy alejados de las criaturas de Pitch Black (David Twohy, 2000).
Viajando en una nave de recorrido pre-programado por una largamente desaparecida civilización alienígena, Lorna inicia un viaje sin ruta ni destino claro, encontrándose por el camino con una desconcertante sorpresa referente a su propio pasado.
Los posibles proyectos de un nuevo videojuego y una serie de animación prometen más Lorna en distintos formatos, y sugieren al fan futuras aventuras en cómic de la sensual rubia, cuyo encanto retro siempre mantendrá cálido el corazón de tantos fans que la han tenido, y la seguirán teniendo, como imperecedero amor platónico de tinta, acuarela y papel.
Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © Alfonso Azpiri. Planeta DeAgostini Cómics. Reservados todos los derechos.
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