
Antecede a estas líneas un detalle de la portada de Lovecraft, el cómic de Hans Rodionoff, Enrique Breccia y Keith Giffen (Norma, 2004). Se trata de una más entre tantas historietas que han intentado captar el terror lovecraftiano.
Nuestro relato comienza en la edad dorada de la literatura popular norteamericana. No en vano, el gran ilustrador de novelas pulp Virgil Finlay fue quien se encargo de ilustrar varios relatos de Lovecraft.
August Derleth eligió a Finlay para que diseñara la portada del primer libro de Lovecraft que publicó Arkham House: “The Outsider and Others”.
Menos impresionantes que las de Finlay, aunque también de la primera época son las ilustraciones de Frank Utpatel, para relatos como “La sombra sobre Innsmouth”.
Lovecraft había contado con el propio Clark A. Smith que le ilustró algunos de sus relatos con su particular arte pictórico.
Incluso el propio Lovecraft, que no era mal dibujante, disfrutaba haciendo caricaturas de su persona, diseños de sus criaturas (son celebres los dibujos de la figura de arcilla del Cthulhu sentado, sus bocetos para “En las montañas de la locura”, sus esbozos de la Gran Raza de Yith... entre otros) o mapas de sus lugares imaginarios, como el de la ciudad de Arkham.
Las ilustraciones de los mundos de Lovecraft proliferaron al aparecer ediciones de bolsillo de sus obras, que se vestían de vistosas y llamativas portadas. Por aquellos años ya son muchos los artistas gráficos que se ven atraídos por Lovecraft. Asi Gene Day publica diez grabados con el título “Richard Upton Pickman: A Portfolio”.
En los años sesenta abundan las ilustraciones lovecraftianas. Mike García publica en 1975 su particular homenaje a Lovecraft en un folleto de varios psicodélicos dibujos. Más llamativas y de mayor calidad son las ilustraciones de Stephen Fabian o de Tom Sullivan.
Muchos de los dibujos de éste último han sido usados en publicaciones de la editorial “Chaosium”, incluso en su momento se le encargó el “storyboards” de la fallida película “The Cry of Cthulhu”.
Otros ilustradores más modernos han demostrado su destreza a la hora de plasmar los mundos de Lovecraft, tal es el caso de Berni Wrightson, quien también participó en los diseños de otra fallida película: “Shadow over Innsmouth”. Por su parte Tim White ha ilustrado con sus monstruos lovecraftianos numerosas portadas de libros como “Tales of Cthulhu Mythos” de 1988.
Otro tanto puede decirse de Michael Whelan por su trabajo realizado como portadista de las obras de Lovecraft también en los años ochenta (especialmente atractiva me parece una de sus ilustraciones de dos ángeles descarnados de la noche). Más recientes, de los años ochenta y noventa, son los dibujos de Allen Koszowski sobre relatos de Lovecraft, así como los dibujos de los Mitos de Cthulhu llevados a término por Dave Carson, R.H. Knox y Eric York... entre otros.
Fuera del mundo anglosajón también Lovecraft ha tenido buenos ilustradores, sobre todo en dos de los países donde más gusta su obra: Francia e Italia. Especialmente llamativas resultan las portadas de Karel Thole para las ediciones italianas de los años sesenta y setenta. La visión propia que el francés Yak Rivais presentaba de los monstruos de Lovecraft también es de lo más curiosa.
Poseen mayor calidad y son más acordes con las concepciones lovecraftianas los dibujos del italiano Dino Battaglia para “La música de Erich Zann” de 1974.
El siempre interesante creador H.R. Giger aprovecha la oportunidad de ofrecernos su visión del terror cósmico en casi todos sus macabros diseños, aunque los más lovecraftianos los guarda en sus libros de láminas “Necronomicón” y “Necronomicón II”.
En España también ha habido ilustradores tentados por el universo de Lovecraft, como J.M. Beá y su particular portafolio de las criaturas de los Mitos de Cthulhu.
Hay muchos más ilustradores influenciados directa o indirectamente por Lovecraft o que han ilustrado su universo, pero he optado de nuevo por resaltar a los más significativos.
En 1951, la mítica serie de terror “The Vault of Horror”, concretamente en su número diecisiete, incluye una adaptación de “Aire frío”. Pero es en la década de los setenta cuando se produce una explosión de cómics lovecraftianos.
Ya en 1971 Jaxon (Jack Jackson) adapta el relato “El sabueso”. En 1972 el hoy reconocido Richard Corben hace una fiel y más que digna adaptación de “Las ratas en las paredes”. Este autor, además, tiene otras historias donde las influencias de Lovecraft son notables, algunas se dejan ver en su serie “Den”.
También de 1972 es el conocido cómic “Shadow from the Abyss” de Deitch, una especie de adaptación libre de “En la noche de los tiempos”. De 1975 es la estupenda adaptación de “Aire Frío” del genial Berni Wrigthson.
En esta misma década de los sesenta vemos influencias lovecraftianas en otros muchos cómics, como son numerosos de los guionizados por Roy Thomas, tanto para la serie “Conan” como para otras historias. Tom Sutton emplea elementos lovecraftianos en cómics como “Un otoño en Arkham”.
En la década de los noventa aparecen en Estados Unidos dos colecciones de cómics que recogen de una manera más que discutible el universo de Lovecraft. Se trata de “The worlds of H.P. Lovecraft” y de “H.P. Lovecraft’s Cthulhu”.
La primera colección trata de adaptar relatos de Lovecraft, pero de una manera nada fiel y con una calidad gráfica que deja mucho que desear. En su infame adaptación de “Arthur Jermyn” de 1993 se mencionan datos totalmente inexistentes en el relato original, como son las referencias a Cthulhu.
Y la adaptación de “El caso de Charles Dexter Ward” pierde todo su encanto al trasladarse la acción de mala manera a nuestra época actual. En cuanto a la segunda colección “H.P. Lovecraft’s Cthulhu”, no recoge adaptaciones de los relatos, sino aventuras de investigadores que se introducen en el universo de los Mitos de Cthulhu, como si se tratara de aventuras propias del juego de rol.
En 1993 esta colección lanzó una edición especial limitada de “The festival” que contaba con el trabajo de gente tan reconocida como Roy Thomas y Kelley Jones, aunque el cómic no tiene nada que ver con el relato “El ceremonial” del que coge el nombre. Más fiel y de mayor calidad es el cómic “The call of Cthulhu” de John Coulthart de 1994.
También en la década de los ochenta y noventa se dejan ver influencias lovecraftianas en otros cómics, como “Hellboy” de Mike Mignola.
En Europa también se ha vivido un gran interés por Lovecraft en el mundo del cómic. El propio Moebius en 1975 dibuja la cubierta de “Lettres d’Arkham”. A finales de los setenta se publica en Francia e Italia el especial de Lovecraft de la revista gráfica “Metal Hurlant”, que entre otros recoge el impresionante material de Philippe Druillet, con sus páginas del Necronomicón. Y Francois Riviere como guionista junto con el dibujante Andreas incluyen en este número especial el cómic “R.H.B.”, una visión de H.P. Lovecraft por parte de su amigo Robert Barlow. El mismo Andreas es el autor de un cómic, “Cromwell Stone”, que recoge elementos del mundo onírico de Lovecraft y de su universo multidimensional.
En los años ochenta y noventa aparecen en Italia dos series de cómics de detectives de lo paranormal, son las famosas: “Martin Mystere” y “Dylan Dog”. Ambas series admiten influencias lovecraftianas en algunos de sus capítulos.
Concretamente en “Martin Mystere” hay dos capítulos integrados en el universo de los Mitos de Cthulhu: “Necronomicón” y “La casa en el confín del mundo”.
España no se ha quedado al margen de estas tendencias en el mundo del cómic y aunque aquí la difusión de Lovecraft fue más tardía, son muchos los dibujantes que se han visto afectados por Lovecraft en mayor o menor medida. Entre las primeras, destacar las adaptaciones del bueno de Esteban Maroto, como “La ciudad sin nombre”.
No tan macabra como la de Jaxon, pero igualmente fiel es la adaptación de “El sabueso” por parte de Joan Boix que en este caso recibe el nombre de “La maldición del amuleto”. Más modesta, quizás porque el relato no dé para gran cosa, es la adaptación libre de “Sordo, mudo y ciego”, cómic de Rafa Estrada que toma el nombre de “La charca”.
También están los españoles que se han visto influenciados por Lovecraft, aunque no al nivel de adaptar relatos de éste.
Es el caso del guionista Antonio Segura que en su serie “El otro Necronomicón” nos muestra su particular visión de los Mitos de Cthulhu. En 1980 Rafael Gónzalez Negrete nos sorprende con su homenaje a Lovecraft en el cómic “El que acecha eternamente”.
Pero mi favorito y el que considero el caso más curioso es el del dibujante Max. Su cómic “El encuentro entre Walt Disney y H.P. Lovecraft” es una maravilla y es su homenaje más claro a Lovecraft, aunque existen otros cómics suyos donde también se refleja el espíritu de este autor.
Desde Argentina, llegaron al público “Historias de los Mitos de Cthulhu” que cuentan con los guiones de Norberto Buscaglia y el arte magistral de Alberto Breccia. Esta serie recoge ocho de las historias más significativas de Lovecraft, que pueden enclavarse en el ciclo de Cthulhu, historias tales como “El ceremonial”, “El horror de Dunwich”, “La ciudad sin nombre”, “La llamada de Cthulhu”...
Son cómics bastante fieles a los relatos, ya que contienen mucho texto y el singular trazo de Breccia no desentona en el universo lovecraftiano. Igualmente fieles son las versiones de Horacio Lalía, que adapta relatos como “El extraño”, “En la cripta”...
Lovecraft no se ha librado de adaptaciones satíricas, a veces subidas de tono.
Cito dos casos: el simpático cómic “Linda Lovecraft, alta sacerdotisa de las fantasías sexuales” de Mike Vosburg, y “Las aventuras de Lilian y Ágatha III: En el Imperio de Shet”, de Solana y Barreiro.
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