"Patoruzú", de Dante Quinterno
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- Category: Cómic
- Creado en 11 Febrero 2011
- Published: 11 Febrero 2011
La reedición a color del clásico Patoruzú, el cómic inmortal de Dante Quinterno, nos lleva a reproducir un texto que dedicó a la mencionada historieta nuestro compañero Blas Matamoro.
"El 14 diciembre 1928 –escribe Blas Matamoro– La Razón anuncia una historieta de Dante Quinterno: Julián de Montepío. Se trata de un vivillo desclasado que subsiste a costillas de Tito Meñique, un niño bien, pusilánime e influible.
Ambos personajes, con el correr de las ediciones, se funden en uno solo: lsidoro Cañones. En 1929 aparece, citado, el nombre del Conde Patoruzú. E126 de septiembre 1930, pocos días después del putsch de Uriburu, Patoruzú se incorpora en persona a la tira.
Un estanciero ha dejado en herencia a su sobrino este hombre semianalfabeto que, sin embargo, es noble. En efecto, desciende de un faraón egipcio, Patoruzek I, quien vino hasta América a través de la mítica Atlántida.
El desarrollo de la historieta condiciona la aparición de una revista autónoma, en noviembre de 1936. El auge de Patoruzú coincide con la así llamada década infame.
En este sentido, se puede identificar al personaje y todo el paquete ideológico que la revista soporta, con el partido gobernante de esos años.
En 1931, como aliados de la Policía, Julián de Montepío y Patoruzú persiguen a los dirigentes anarquistas Tamayo Gavilán y Di Giovanni. Los editoriales de la revista sostienen la candidatura de Manuel Fresco para gobernador de Buenos Aires. (...) Durante el gobierno peronista, su actitud es de neutralidad, una prescindencia que, dadas las condiciones de la censura imperante, disimula un ánimo opositor. Para lograrlo, editorializa sobre asuntos municipales y anécdotas de poca monta.
No puede ignorarse una cierta evolución del personaje en estos cuarenta y cinco años.
No en cuanto prototipo, sino en cuanto a retoques que hagan factible su lectura por el público de hoy. Al antiguo indio desinteresado, que se quitaba el pan de la boca para darlo al hambriento, caballeresco hasta lo pueril, ahorrativo, sobrio, sucede un negociante inescrupuloso y amigo del lucro.
La antigua castidad caballeresca y el piropo puramente verbal de Isidoro se convierten en relaciones prematrimoniales con su novia. El substrato mitológico subsiste, no obstante. El indio es un estanciero riquísimo, dueño de media Patagonia, pero el origen de su fortuna no es histórico. Es hombre de pueblo por sus maneras, su modo de vestir, su lenguaje, pero es, además, un aristócrata titulado, descendiente de remotos reyes.
Se trata de una pura invención, sin un referente real, un héroe puramente ficticio.
Por oposición, Isidoro Cañones es un prototipo, con referentes que pretenden ser reales.
Es un hidalgo pobre, un venido a menos, que navega en un margen social, con las antiguas costumbres del ocio, los modales de su clase de origen, y una cierta necesidad de dinero que nunca es la abundancia ni la miseria.
Frente a él, el ficticio Patoruzú es una suerte de mentor, de consejero moral. Lo insta a volver a la tierra, a la vida de campo, a observar el ejemplo de los antepasados".
Copyright del comentario © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en "Cine y Letras" con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.
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