El Hombre de Acero. El Caballero Oscuro. Dos héroes que no podían ser más diferentes pero que tienen más en común de lo que les gustaría admitir... Ahora, Lex Luthor y Joker, sus peores enemigos, se han aliado en un pacto siniestro para atacar a sus respectivas némesis. ¿Estarán preparados los dos iconos más importantes del Universo DC para las maquinaciones de este dúo?
Los mundos de Metropolis y Gotham colisionan en esta edición de lujo del clásico Los Mejores del Mundo, por primera vez en formato Absolute en todo su esplendor. Escrito por Dave GibbonsWatchmen) y dibujado por Steve Rude (Mister Milagro), Los Mejores del Mundo es uno de los encuentros entre Batman y Superman más recordados y elogiados de cuantos han tenido. Esta edición se complementa con bocetos, diseños preliminares, anotaciones y comentarios de los autores. (dibujante de
El célebre Dave Gibbons, más conocido por expresarse a través de los lápices, le deja en esta ocasión esa tarea a Steve Rude, para dedicarse por entero al guión de Los mejores del mundo. En esta obra, reúne a Superman y Batman en una aventura que acerca sus dos mundos. En las líneas que siguen, recuerda cómo su infancia estuvo siempre entremezclada con el mundo de los cómics.
«Objetos de transición. –escribe Dave Gibbons– Así es como los llaman los psiquiatras. Cosas guardadas desde la infancia para facilitar la transición a la edad adulta. Recordatorios de un mundo más temprano e inocente.
Objetos de transición. Cómics, por ejemplo. Estoy de pie en Woolworth, mirando a mi abuelo. Está fumando un cigarrillo y, aunque es verano, lleva un sombrero y un traje oscuro. Me suelta una moneda para que me compre un cómic de Superman, el primero que he visto nunca. En la portada, Superman echa unas gemas a un cofre de tesoros mientras Lois Lane parece sorprendida.Estoy sentado en el ABC Café con mi madre. Ella sorbe té de una taza de china verde, disfrutando la pausa. Al otro lado de la mesa, yo bebo naranjada por una pajita y leo un cómic de Batman. En la portada, el Sombrerero Loco está intentando añadir la capucha de Batman a su colección de sombreros.Estoy en la puerta trasera de la casa de un amigo. El olor a fritura llega desde el interior. Es después de la escuela y todavía llevamos puestos nuestros pantalones grises que pican. Nos enseñamos el uno al otro nuestros últimos cómics. En lo alto de mi montón hay un Super Adventure Comic. En la portada, Batman se sujeta a una flecha gigante que Superman está disparando con un arco. En lo alto de la primera página se lee la leyenda “¡Tus dos héroes favoritos, Superman y Batman, en una historia juntos!”.
Eso es, Super Adventure Comic, no World’s Finest.Veréis, yo crecí en Inglaterra, donde, hasta finales de los 50, los cómics americanos no estaban disponibles. En su lugar teníamos reimpresiones australianas, publicadas mensualmente, con anuales y especiales de verano para cubrir el vacío. Había cuatro títulos que mostraban a las “familias” de Superman y Batman: Superman, Superboy, Batman y mi favorito personal, Super Adventure Comic, que incluía historias de World’s Finest.Como descubrí más tarde, World’s Finest solo se publicaba bimensualmente en los Estados Unidos, así que la mitad de aquellas reimpresiones de Super Adventure Comic llevaban historias separadas de Superman y Batman. Sin embargo, hasta aquellos ejemplares presentaban generalmente a Superman y Batman juntos en portada, presumiblemente dibujados por un artista australiano desconocido.Es difícil de apreciar hoy en día, cuando un cómic es raro si no incluye estrellas invitadas, lo emocionantes que eran aquellas aventuras de Superman y Batman en equipo. Era como si, solo en aquel mágico lugar, los enormes y separados universos de Superman y Batman pudieran encontrarse; solo ahí Superman y Batman podían disfrutar de la amistad del otro y compartir los secretos del otro. Y por si aquello no fuera suficiente, las historias en equipo estaban dibujadas por los artistas “buenos” de Batman, como era universalmente conocido en aquellos días Dick Sprang antes de los créditos de autor. Tan solo con la fuerza de aquellas historias, se convirtió también en mi dibujante favorito de Superman.Me gustaba tanto su trabajo que una vez copié una historia entera de 12 páginas en una enorme hoja de papel, dibujo a dibujo, línea a línea y palabra por palabra. Excepto, claro, cambiando a Superman por Atoman, Batman por Birdman y Robin por Raven. Así nadie sospecharía, ya me entiendes. Lo creas o no, el villano de aquella historia se llamaba Duplicate Man.
Han pasado 35 años. Estoy sentado ante un teclado, escribiendo la introducción para mi propia historia de Superman y Batman y hojeando aquellos mismos cómics. Están hechos jirones y desgastados, pero jamás los tiraré.
Objetos de transición, guardados desde la infancia. Recordatorios de un mundo más temprano e inocente.
Han pasado 35 años. Superman se ha reinventado, Batman se ha hecho más tétrico, los Robins han ido y venido, y el universo de cuatro colores se ha vuelto tan poblado que se hace necesaria una limpieza periódica.No es que me esté quejando. Han pasado 35 años, acepto de buena gana que el cambio es parte de la vida misma. Como adulto, creo que la naturaleza del universo es estar en continuo flujo cíclico entre los extremos.Es más, en el microcosmos de los superhéroes de cómic, me parece que Superman y Batman han crecido hasta convertirse en las manifestaciones residentes de su polaridad elemental, el yang y el yin de su existencia. Superman personifica todo lo que es poderoso, limpio y brillante; Batman, todo lo sutil, misterioso y oscuro. Sus cualidades primarias y complementarias han originado todo el campo, y podría decirse que definen sus parámetros.
Teniendo la oportunidad de expresar algunos de esos sentimientos en una historia, en un momento en el que intento otra transición, de solo dibujar cómics a también escribirlos, mi reacción era inevitable.Y si me siento intimidado de que mi guión de debut aparezca bajo el título Los mejores del mundo, me siento al menos plenamente convencido de que el talento de mis colaboradores merece la descripción.Así que mi más sincero agradecimiento a Steve R., Karl, Steve O., Bill y Mike. Y a Daniel, el mejor hijo del mundo, por su contribución.
En estos tiempos, se han acuñado nuevos nombres para este medio nuestro: “novela gráfica”, “ficción pictórica” y cosas así. Todos buenos y malos. Pero me gusta pensar que este volumen es, sin ninguna vergüenza, un cómic. O más propiamente dicho, tres cómics recopilados con una portada.
¿Objetos de transición? Puede ser. ¿Recordatorios de un mundo más temprano e inocente? Eso espero.» (Dave Gibbons. Esta introducción apareció por primera vez en el TPB de World’s Finest, 1992)
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