Durante años, Superman se ha esforzado por mantener a salvo el secreto de su doble identidad con un único fin: proteger a las personas que ama. Así que, cuando los conocidos, amigos y familiares de Clark Kent empiezan a ser atacados por villanos que obedecen las órdenes de un misterioso cerebro en las sombras, la aterradora realidad se hace evidente: alguien lo sabe.
Alguien ha descubierto que Superman es Clark Kent. Un descubrimiento que no solo derrumbará todo el pequeño universo personal del Hombre de Acero, sino que convertirá en objetivos al círculo íntimo de Clark Kent y obligará a Superman a librar La batalla final.
«Antes de comenzar oficialmente –escribe Javier Olivares Tolosa– la que fue llamada su “batalla interminable”, Superman no llevaba su característico traje azul y rojo. Ni siquiera empleaba ese nombre. Solo existía Clark Kent, un joven criado por una agradable pareja de mediana edad en una granja en Smallville, Kansas. (...)
Desde que Superman surgió de la cabeza de Jerry Siegel y tomó forma sobre el papel a través de los lápices de Joe Shuster, el personaje siempre fue una oferta de dos por uno. Los personajes de las revistas juveniles de los años 30, que influenciaron a los dos jóvenes de Cleveland a la hora de diseñar a su creación –junto con el protagonista de la novela Gladiator, de Philip Wylie, que sería la inspiración más directa de Superman–, carecían de una identidad secreta: Flash Gordon, Buck Rogers, Dick Tracy, Tarzán…
Solo El Zorro, anterior a estos, vivía en el anonimato como el noble rico Diego de la Vega (aunque salta a la vista que el justiciero creado por Johnston McCulley serviría de referente mucho más claro para otro héroe enmascarado que surgiría un año más tarde en Detective Comics núm. 27). Siegel y Shuster decidieron dar un paso más y dotar a su vigilante de los más sorprendentes poderes físicos y de una identidad corriente, casi anodina, bajo la que camuflarse. Así nacía Superman, campeón de los indefensos y los oprimidos, y al mismo tiempo su álter ego, el apocado periodista Clark Kent. (...) Durante años, la personalidad de Clark Kent evolucionó a la par que las historias. De periodista apocado a reportero estrella del Daily Star, y después del Daily Planet; más tarde, reportero televisivo para la WGBS e incluso, durante un breve período, editor jefe de la revista Newsweek.
Clark terminó dejando a un lado su aparente timidez para convertirse en un triunfador por su propia cuenta. Si creó su identidad de Superman, fue para poder ayudar a los demás sin perder su derecho a la intimidad, y proteger así a las personas a las que ama de los enemigos que se vaya labrando en su lucha por la verdad y la justicia. Y es que el mayor temor del Hombre de Acero durante estos años no ha sido luchar contra villanos más poderosos que él, ni hacer frente a cualquier crisis universal. Ni siquiera morir. Su mayor miedo siempre ha sido que alguno de sus adversarios descubriera quién estaba detrás de ese par de gafas. Un descubrimiento que convertiría en objetivos a todos los amigos, familiares y conocidos de Clark Kent, y destruiría por completo el remanso de paz que supone su doble identidad.
Y ese temor está a punto de materializarse, con la publicación de Superman: Batalla final.» (Javier Olivares Tolosa)
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