Recopilada por fin en un volumen absolute, nos llega una de las obras clave de Superman de los últimos tiempos, en la que el aclamado guionista Brian Azzarello (Joker, Lex Luthor: Hombre de Acero) y el excepcional dibujante Jim Lee (All Star Batman y Robin) unieron sus fuerzas para crear una historia que es mucho más que un cómic de superhéroes.
Superman: por el mañana presenta una aventura épica que se desarrolla en Metropia, un extraño mundo dentro de la Zona Fantasma. Embarcado en una guerra contra una versión alternativa del General Zod, Superman librará una decisiva batalla que decidirá el destino de un millón de personas desaparecidas y la existencia misma de Metropia.
«¿Tú estás loco o qué? –escribe Brian Azzarello– Es lo que respondí a la pregunta que solo me podría haber hecho un chiflado: “¿Quieres escribir Superman durante un año?”. El chiflado en cuestión era Jim Lee, un dibujante con un talento descomunal y también el hombre más querido de la industria del cómic, por no mencionar que es un auténtico loco que siempre contesta a sus propias preguntas antes de hacerlas. Yo ya había salido con él por ahí y lo había visto en acción; era experto en artes marciales. Así pues, colgué el teléfono en silencio y aparté unos cuantos proyectos de mi mesa. Iba a escribir Superman durante un año.Iba a escribir Superman.
“¿Tú estás loco o qué?” Es lo que me preguntó Will Dennis, mi editor habitual, cuando le dije que iba a escribir Superman. Él no solo me hacía más fácil vivir de los graves errores que cometía la gente corriente; también sabía que el Hombre de Acero no era mi especialidad. “Dalo por hecho, tío. No me queda más remedio. Me lo ha pedido Jimmy Lee.” El silencio que se produjo al otro lado del auricular decía a gritos que lo había entendido. “Y creo que piensa pedirte que participes”, añadí. Más silencio. Will era un rebelde a quien ya tenían calado en DC. Después de aquello, no le quedaría ningún amigo.
Varias noches después, estábamos sentados a la mesa de un restaurante muy fino de San Francisco. Jim nos había enviado su avión privado, ya que no se fía en absoluto de los vuelos comerciales. También estaban presentes Scott Williams, el que le enmienda la plana a Jim, y Alex Sinclair, el más misterioso del grupo. Jim está loco, tiene talento y lo quiere todo el mundo, pero también es un gourmet legendario que solo cena en locales de cinco tenedores, y sus colaboradores tienen los mismos gustos. Will y yo nos sentíamos fuera de lugar, ya que somos más de perritos calientes y cerveza. Me imaginaba que Jim nos había reunido a todos para destrozar a Superman, pero parecía estar más interesado en una cantante coreana que se nos había agregado hacia un rato. Además, yo rumiaba cómo me había podido timar cinco dólares aquel tipo de fuera del restaurante con la estafa típica de Nueva Orleans.
Cuando sirvieron el postre, Jim dejó de prestarle atención a la cantante. Metió la cuchara en la panna cotta de Scott y dijo: “Hablemos de Superman”. Nadie abrió la boca. Todos esperábamos a que hablara él. “Mmm... Qué bueno”, dijo relamiéndose. “No me lo esperaba.” Extendió el brazo hasta el otro lado de la mesa y hundió el dedo en el pastel de chocolate de Sinclair hasta dejar un canal bien ancho.» (Brian Azzarello. Chicago, 2005)
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