Cómo se hizo "127 horas" ("127 hours", 2010)


La verdadera historia de Aaron Ralston

Tan pronto como Danny Boyle conoció la historia de Aron Ralston, envió a su socio de producción Christian Colson, que había producido Slumdog Millionaire, una copia del libro de Ralston. Colson confiesa que no estaba convencido en un primer momento.

“Terminé el libro y pensé: bueno, esto una historia increíble pero de aquí no se puede sacar una película, y eso es lo que le dije a Danny”, recuerda Colson. “Entonces Danny me envió una especie de borrador que había escrito de tan sólo seis páginas, pero donde explicaba al detalle su idea general para contar la historia, llena de extraordinarios intercalados e ideas visuales. Tan pronto como lo leí, cambié de opinión totalmente y le dije ‘Venga, vamos a hacerlo’. Suponía un enorme desafío narrativo, pero Danny había encontrado la forma de hacer que la historia fuera realmente apasionante y de mantener una constante emoción, ofreciendo al público una experiencia en primera persona”.

Los derechos de la historia de Ralston pertenecían en aquel momento a John Smithson, un importante productor de documentales. Colson se reunió con Smithson en Londres y llegaron al acuerdo de desarrollar íntegramente una película dramática basada en el borrador escrito por Boyle, y donde Smithson se confirmaba como productor.

Boyle empezó a trabajar de inmediato en el guión definitivo, llegando a realizar hasta dos borradores antes de que Colson y él mismo decidieran contactar a Simon Beaufoy, con quien habían trabajado en Slumdog Millionaire, para pedirle que se uniera al equipo como coguionista.

El primer cometido de Boyle fue conocer realmente mejor a Aron Ralston, y dicho proceso empezó donde la vida de Aron como previamente la conocía había llegado esencialmente a su fin: el cañón Blue John, en Utah. Boyle y Colson emprendieron un primer viaje junto a Ralston en julio de 2009, escalando y ascendiendo entre las hendiduras de los cañones que estarán ligados para siempre al corazón de Aron. Hacer esto resultaba vital para Ralston porque quería, antes de seguir adelante, que el equipo de realización se sintiera muy familiarizado con el abrupto y escarpado paisaje que todavía hoy para él representa el mundo.

Al principio, Ralston no tenía mucha confianza en la visión, ligeramente más imaginativa, de la historia que pretendía contar Boyle. “Fue algo emocionalmente difícil para mí, porque aunque era consciente de que estábamos haciendo una película, me resistía a apartarme de los hechos propiamente dichos”, admite Ralston.

Pero, al final, la idea de alcanzar una verdad más absoluta a través de un estilo narrativo visceral y apasionante empezó a entusiasmar a Ralston, y entonces invitó a los realizadores a profundizar abiertamente en sus recuerdos más personales y en sus más íntimos sentimientos. Ralston afirma: “Yo viví esta historia y siempre será una parte muy importante de mí, pero comprendí que hacer una película que lograra que los espectadores sintieran como si fuera también su propia experiencia, requería ser contada por unos expertos narradores”.

Ralston también mantuvo una relación muy estrecha con el guionista Simon Beaufoy, con quien llego a escalar las altas montañas de Colorado. “Mientras ascendíamos charlábamos sobre mi experiencia como escalador”, recuerda Ralston. “El propio Simon es un gran amante de la naturaleza, por tanto, manteníamos unas conversaciones muy interesantes, y yo pienso que logró entender algunos aspectos de la historia que son realmente importantes”.

Sin omitir nada en absoluto, Ralston compartió también con los realizadores los “mensajes” profundamente personales que grabó en vídeo mientras estuvo atrapado en el cañón, con el deseo de transmitir sus sentimientos a su familia y amigos en caso de que llegara a fallecer allí.

“Ese material fue extraordinariamente útil para nosotros, y también para James Franco”, dice Boyle.

A Ralston también le entusiasmó colaborar con el director. “Trabajar con Danny fue una experiencia estupenda”, afirma Ralston. “Es muy intuitivo y creativo, y además se mostró muy sensible en cuanto a lo que hay de personal en la historia. Antes incluso de conocernos, Danny ya había llevado a cabo una ingente labor de investigación preliminar. Y yo le agradezco mucho que haya sido tan receptivo. Danny me incluía en todas las reuniones, ya fuera para rescribir el guión o para conversar con los actores, en un grado mayor del que me esperaba”.

Ralston proporcionó a los realizadores una gran cantidad de información que les permitió recrear muchos de los increíbles detalles físicos de su lucha por la supervivencia, desde cómo dispuso las cuerdas para poder dormir hasta cómo le salvó su propia orina de morir de sed. “Queríamos reflejar escrupulosamente la realidad del confinamiento de Aron”, señala el productor Colson. “Por tanto, recreamos fielmente lo que Aron llevaba en la mochila, la cantidad exacta de agua que tenía, cómo era la hoja de su cuchillo, todos los pequeños detalles que formaron parte de su estrategia de supervivencia. Pensamos que no podíamos, ni debíamos, alterar esos elementos”.

No obstante, aunque ya conocían mucho mejor a Aron, Boyle pensaba que era esencial sentirse conectado a nivel personal con el material narrativo. “Aron ha contado la historia muchas veces a su manera, pero yo sabía que para hacer la película tendría que pinchar ese globo y meterme dentro de su relato para contar mi propia versión”, comenta Boyle. “Lo que resultó extraordinario es que Aron realmente nos dejó hacer eso: es la historia de Aron, pero contada desde fuera...”.

Boyle se sintió especialmente atraído por un hilo argumental subyacente en la historia de Ralston; la de un hombre hasta entonces no muy sociable, individualista hasta el punto de no ser consciente del poder que tiene la relación con la gente. “Aron era un espécimen perfecto –autosuficiente, independiente, atlético, ingenioso– pero no era el hombre perfecto”, afirma Boyle. Lo que más conmovió a Boyle fue que cuando Ralston estuvo realmente solo frente a la muerte, únicamente podía pensar en las personas de su vida –pasada, presente y futura– y en cuánto le importaban, tanto que eso le hacía desear vivir un día más.

“Aron se veía a sí mismo como un solitario, sin embargo, lo que le hizo volver a la vida fue la manada, el rebaño, la comunidad. En mi opinión, ésa es la idea principal de la película. ‘Necesito ayuda’, dice Aron cuando por fin se encuentra con sus rescatadores, casi terminando el filme. Sí, la necesita. Todos la necesitamos. Por eso vivimos en grupo”, afirma Boyle.

También eso fue el principal atractivo de la historia para Everest Entertainment, que contribuyó al esfuerzo financiero. “Estoy realmente encantada de que Everest colabore en llevar a la gran pantalla una historia tan positiva”, dijo Lisa Maria Falcone. “Buscamos constantemente proyectos memorables y apasionados con los que el público se identifique, y 127 horas es un excelente ejemplo”.

Más tarde, observar a Boyle en el set de rodaje le hizo comprender a Ralston que Boyle verdaderamente estaba haciendo suya la historia, dicho en el mejor sentido. “Boyle está moviéndose constantemente. Cuando lo vi, me sentí hasta mareado. Dije, caramba, ¡se involucra muchísimo en esto!”.

 

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