"Constantine" (Francis Lawrence, 2005)


Cómo se hizo

Francis Lawrence, conocido y galardonado director de vídeos para algunos de los artistas más destacados de la industria musical, es un experto en reconocer los elementos fundamentales de una historia y evaluar su impacto visceral. Apasionado del cine negro, dice que “fue el personaje de John Constantine, el anti-héroe, y el tono de la historia, lo que me atrajo inmediatamente. El mundo en que vive es excepcional y la historia toma unos derroteros que eran totalmente inesperados”. Intrigado, Lawrence estudió a fondo el material original, desarrolló bocetos e ideas originales para el proyecto y se echó al ruedo cuando el equipo de producción estaba pensando en directores. Cayó sobre ellos como un rayo.

“Si pudiese inventar una mentira que pudiera contar durante el resto de mi carrera, diría que contratar a Francis fue una decisión totalmente mía”, confiesa Goldsman con franqueza. “Este hombre es auténtico – es tan bueno que asusta”.

En contra de las expectativas de los productores, teniendo en cuenta su curriculum, Lawrence no enfocó el material desde una perspectiva visual. “Su talento para los aspectos visuales sin duda era obvio pero cuando hicimos la primera reunión habló durante dos horas sobre el guión y los personajes y en ningún momento mencionó el estilo”, recuerda di Bonaventura. “Normalmente, cuando los directores se pasan del mundo del vídeo o de la publicidad se apoyan mucho en el aspecto visual porque es lo que han estado haciendo, así que esto resultaba asombrosamente distinto de cualquier otra cosa que yo hubiese experimentado en más de 13 años en el estudio. Más que nada, nos impresionó con su capacidad para analizar los aspectos fundamentales de una escena”.

Cuando se planteó el tema visual, Lawrence estaba más que preparado. “Francis llegó a la reunión con sus dibujos. En este negocio, por supuesto, eso significa que en lugar de llegar con tu currículum, vestido con traje y corbata, llegas en chanclas con tus 25 bocetos del infierno”, recuerda Goldsman. “Me atrajo inmediatamente su idea de que el cielo y el infierno coexisten con nuestro mundo, y que cuando pasas de este lugar de nuestro mundo deberías encontrarte exactamente en esta misma habitación en el infierno. Fue muy preciso sobre la geografía. Era una idea brillante, le daba a lo inimaginable una nueva imagen y captaba perfectamente la esencia de la película”.

Lawrence trató de presentar el paisaje del inframundo de un modo nuevo. “Pensé en las maneras en que lo había visto representado en el arte, en los cuadros de Brueghel y de El Bosco, o muy a menudo de un modo abstracto, como un vacío negro y aceitoso. Eran imágenes con las que no te podías identificar. Yo quería darle una estructura reconocible. Así que cuando Constantine está en el apartamento de Angela y por un momento pasa al infierno, es la versión infernal del apartamento de ella en la que se encuentra; cuando sale a la calle es la versión infernal de Los Angeles. Eso lo convierte en un entorno que la gente puede fácilmente imaginarse tocando y viendo”.

A continuación aportó detalladas descripciones de los diversos demonios y espíritus que pueblan la historia y presentó opciones de reparto que resultaron totalmente acertadas. “Lo interesante”, dice Stoff, “es que una gran parte de las ideas que Francis propuso en su primera reunión llegaron a concretarse”.

La buena disposición del director a imaginar cosas de una manera nueva era el planteamiento perfecto para una historia en la que nada es claramente negro ni blanco y los personajes son todo menos convencionales: una detective de policía endurecida que busca esperanza en lo paranormal; un ángel que representa a Dios en la Tierra al tiempo que promociona asuntos personales; un sacerdote incapaz de realizar exorcismos; un empresario que dirige un club nocturno para ambos bandos…. y en medio de todo ello, un héroe que no quiere ser héroe. Tal como lo describe el guionista Frank Cappello, “Se trata de un individuo que tiene sus problemas con Dios. Detesta al diablo. Lucha contra los más espantosos demonios y aún así no puede escapar de sus propios malos hábitos, como el tabaco, que le está literalmente matando. En última instancia es un hombre tratando de salvarse a sí mismo, no al mundo”.

“Esta es una película en la que no todo está claramente explicado”, dice Goldsman. “La intención no era que los espectadores lo entendieran todo sino proporcionarles una experiencia”. Igual de importante, añade di Bonaventura, es que, “no sermonea ni trata de convencerte de nada. Te permite disfrutar de manera sencilla a un nivel y luego, tal vez, tener una conversación intelectual, emocional o filosófica. Consigamos que paséis miedo primero, y luego vosotros podéis plantearos las cuestiones más profundas más adelante”.

 

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