"Copying Beethoven" (Agnieszka Holland, 2006)

Copying Beethoven

«Veo a Beethoven ahí de pie», dijo el guionista y productor Christopher Wilkinson el primer día de rodaje, «pero, ¿qué habéis hecho con Ed Harris?»

Al igual que para otras magníficas interpretaciones, en películas como “Pollock: la vida de un creador” y “Las horas”, el actor Ed Harris, cuatro veces candidato a los Oscar, se introdujo, física y mentalmente, en un papel artísticamente arduo, esta vez el de uno de los personajes más conocidos de la historia. Haciendo honor a su fama de actor meticuloso, Harris dedicó muchos meses a practicar piano y violín, estudiar dirección musical y leer ávidamente libros sobre la vida y obra de su personaje. Todo ello para, como él dice, «intentar imaginar de dónde sale, espiritual e intelectualmente, la música de Beethoven».

La directora Agnieszka Holland afirma: «Ed es uno de los pocos actores de su generación con la profundidad, la inteligencia y el valor necesarios para pasar por una experiencia tan difícil. El personaje requería toda su entrega y su talento».

Lo mismo puede decirse de Diane Kruger. Según Wilkinson, «ver a Diane interpretar una escena me ayudó a comprender, exactamente y por primera vez, el guión que Stephen y yo habíamos escrito».

Al igual que Harris, Kruger estudió música y dirección musical, y conocía las obras de Beethoven por haber crecido en Alemania, un país en el que se familiariza a los jóvenes con la música del compositor desde temprana edad.

Kruger recuerda: «Ed, Agnieszka y yo nos conocimos en Los Ángeles justo un año antes de que empezara el rodaje. Estuvimos un mes leyendo, ensayando y puliendo detalles, así que cuando llegamos a Budapest ya teníamos una idea bastante clara de lo que queríamos», y añade: «Beethoven tuvo una vida muy interesante y llena de estímulos. Creo que el guión lo retrata como persona, no como mito».

El productor y guionista Stephen Rivele explica: «No tuve que investigar demasiado sobre Beethoven, ya que había vivido con él durante 30 años de mi vida. Lo descubrí a los 13 años, cuando mi madre trajo a casa un disco de la Quinta Sinfonía. Desde entonces me apasiona, y para mí es tan real como cualquiera de las personas que conozco».

El rodaje de Copying Beethoven comenzó el 5 de abril de 2005, en un bosque a las afueras de Budapest, Hungría, con una intensa escena en la que Beethoven, Anna y otras dos personas se dirigen a toda prisa en un carruaje al encuentro de Karl van Beethoven. Karl, interpretado por el joven actor Joe Anderson, es un alma atormentada, abrumada por las expectativas que tiene su tío de que siga, a pesar de que es imposible, sus pasos. «Era el primer día de rodaje y yo tenía que interpretar la escena más emotiva de mi personaje», explica Anderson. «Y no había rodeo posible». Lo mismo puede decirse de Harris y Kruger, quienes tuvieron que pasar varias horas de una calurosa tarde de primavera corriendo por el bosque vestidos con prendas de lana muy pesadas. Al día siguiente, el equipo de rodaje se desplazó a los estudios de Mal Film Studios en Budapest para rodar durante más de tres semanas en el decorado del apartamento de Viena en el que vivía Beethoven.

«La estructura de la historia recuerda a una obra de teatro, pues los personajes se mueven activamente por el apartamento», explica la directora, Agnieszka Holland.

Para que los actores pudieran moverse y crear un entorno que permitiera diferentes planos con cada ángulo de cámara, la directora artística, Caroline Amies, diseñó una «estructura de laberinto para poder trucar un poco la realidad y crear así un espacio en el que los personajes pudieran hacer pequeños trayectos. No queríamos que la habitación, ni la película, parecieran la estancia de un museo, sino que reflejara el espíritu del tiempo y el color. Creamos una paleta muy rigurosa, rica y tenue, utilizando sólo materiales de la época (nada de vinilo o plástico), y buscamos artesanos expertos que supieran trabajarlos».

El apartamento, de cuatro habitaciones, está atestado de platos sin lavar, papeles desperdigados, instrumentos, dos pianos y muchos otros objetos fuera de sitio.

«Beethoven era muy desordenado (él siempre estaba pensando en la música, no en limpiar, y tuvo muchas amas de llaves diferentes).», explica Amies. «Me sorprendió enterarme de que vivió nada menos que en cincuenta apartamentos diferentes en Viena. Muchas veces se mudaba para escapar de las amas de llaves, que no le inspiraban ninguna confianza. Siempre comprobaba las cuentas minuciosamente, porque sospechaba que le engañaban.»

Amies esbozó por primera vez lo que sería el apartamento de Beethoven en el reverso de la tarjeta del hotel de Viena en el que se alojaba mientras investigaba sobre el compositor, y se la envió por fax a Agnieszka Holland. Durante su investigación visitó archivos y museos, pudo ver partituras de Beethoven (como ella misma exclamó: «¡escritas de su puño y letra!») y estuvo en dos de los apartamentos que el compositor alquiló. Incluso paseó por una de las calles en las que vivió (una de las pocas de aquella época que siguen intactas).

«Empecé a enamorarme de él al descubrir más cosas sobre su vida», explica Amies. «Tenía una rutina muy organizada, se levantaba a la misma hora, se hacía siempre el café con sesenta granos exactamente, seguía el mismo horario de trabajo, comía siempre en el mismo sitio y a la misma hora, y solía acostarse a las nueve para leer a Goethe o a Schiller. Le gustaba tomar un poco de vino tinto y salía de vez en cuando, pero su sordera le obligó a refugiarse en sí mismo cada vez más, y quizás por eso su música es tan especial: no estaba influido por lo que pasaba a su alrededor».

Uno de los artilugios más curiosos que abarrotan el apartamento del maestro es un aparato de metal que se ataba alrededor de la cabeza para dirigir el sonido hacia sus oídos. «No existe un registro exacto de todos los aparatos que probó para amplificar el sonido», explica Amies, «pero se sabe que modificó algunos instrumentos para aumentar su audición».

La sordera del compositor es evidente en las escenas rodadas en el hermoso Museo Etnográfico de Budapest, lugar en el que se rodó durante dos días la escena del ensayo de la innovadora Gran Fuga de Beethoven. En dicha escena, el Archiduque (Nicholas Jones) termina preguntándose si el grandioso genio ha perdido definitivamente los papeles. También se rodó en este museo la intensa confrontación entre Beethoven y Martin Bauer, a la que Anna asiste horrorizada. Al igual que en el caso de Joe Anderson, la escena más intensa de Matthew Goode se rodó el primer día, y fue ésta.

«Creo que fue bueno para la historia tener que lidiar por primera vez con la intimidante imagen artística de Ed Harris al mismo tiempo que mi personaje se enfrentara a Beethoven», explica Goode. «Ed es un hombre generoso y considerado, bastante afable, de verdad, pero cuando se te acerca con paso decidido desde la otra punta de la habitación y te mira desde dentro de su papel, resulta fácil olvidarse de todo eso y que surja cierto nerviosismo».

Tras rodar las escenas en el museo, el equipo se trasladó a un castillo antiguo en el distrito de Zichy, en la zona de Buda, a la orilla derecha del Danubio, donde se construyeron los decorados de la imprenta y la oficina de Schlemmer, así como de la taberna Kresnski (la favorita de Beethoven).

«El castillo estaba abandonado, y hubo una época en que se utilizó de cuartel militar», explica Caroline Amies. «En la oficina privada de Schlemmer hay un sofá cama rodeado de instrumentos musicales, entre ellos una reproducción de una espineta y un piano de mesa de época que él toca en una escena con Anna».

En dicha escena, Schlemmer recuerda con nostalgia las hermosas melodías que Beethoven solía componer y expresa su desconcierto ante los tonos disonantes que está utilizando en sus últimas composiciones.

Diane Kruger explica: «Anna, a su vez, tampoco logra entender los nuevos trabajos de Beethoven hasta que una noche, volviendo a Viena tras visitar a su padre enfermo, la música encaja de repente en su cabeza. Pone voz a todos los sentimientos y emociones que ella está experimentando».

Junto a la oficina de Schlemmer hay un taller lleno de imprentas y prensas originales y reproducidas. Amies dice: «En aquella época, Viena estaba plagada de compositores, y hacían falta personas que pudieran copiar a mano las partituras originales, que muchas veces eran confusas y estaban escritas sin cuidado. Esas copias hechas a mano se grababan y se imprimían, y luego se cosían juntas y se prensaban».

Como cada instrumento requería su propia partitura, una orquesta podía necesitar hasta cien partituras para cada actuación. «Tuve que aprender todo el proceso de impresión con planchas de cobre, en el que se utilizan ácidos, barniz de cera de abeja, tiza y rejillas calientes», explica Amies. «El proceso ha permanecido igual hasta nuestros días».

El barrio medieval de la ciudad húngara de Sopron ha servido para rodar los exteriores de una de las escenas más complicadas de la película, en la que participan cientos de extras y en la que se ve a Anna deambulando por las concurridas calles de Viena.

Sinopsis

Anna Holtz (Diane Kruger), de 23 años, es una aspirante a compositora con pocos medios que intenta encontrar inspiración y prosperar en la capital mundial de la música, Viena.

Anna, que estudia en el conservatorio de música, tiene una recomendación para trabajar en una reconocida editorial, y, tras una serie de acontecimientos inesperados, se las ingenia para conseguir una oportunidad de trabajar junto al mayor y más voluble artista vivo: Ludwig van Beethoven (Ed Harris). Cuando, improvisadamente, el escéptico Beethoven la pone a prueba, Anna demuestra sus dotes y su especial valía para la música. El maestro decide aceptarla como copista, lo que da comienzo a una extraordinaria relación que cambiará la vida de ambos.

 

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