Crítica de "Footloose" (2011)
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Critica de cine
- Creado en 02 Noviembre 2011
- Published: 02 Noviembre 2011
- Escrito por Lola Clemente Fernández

Con las productoras consagradas a reescribir todo aquello que suene mínimamente a nostálgico, en esta ocasión le ha tocado el turno a Footloose (Herbert Ross, 1984), un musical menor en el que un chaval sediento de baile y música moderna revolucionaba la apática vida de Bomont, un pueblecito del Medio Oeste americano insertado dentro del amplio territorio denominado Cinturón bíblico (Bible Belt).
Trocando los primeros ochenta por la época actual, el Footloose del tercer milenio se diferencia bien poco de su predecesor. La historia, escrita al alimón por Craig Brewer y Dean Pitchford –este último, guionista del original–, es prácticamente un calco de la anterior, diálogos incluidos, a excepción de algunos leves cambios que no afectan en ningún caso al sentido de la misma y que, incluso, llegan a restarle encanto.
Dirigida a un público adolescente, Footloose de 1984 tenía como protagonista a Ren MacCormack (Kevin Bacon), recién llegado junto con su madre desde la bulliciosa Chicago a una pequeña localidad que se enorgullece de su provincianismo. Una cerrazón que les ha servido para protegerse de la pecaminosa influencia de las grandes ciudades, centros neurálgicos del crimen y de la degeneración espiritual, una corrupción cristalizada en "la obscena música de rock and roll" y "su mensaje de sexualidad fácil y moralidad permisiva".
En su cruzada contra el mal, los ciudadanos prominentes de Bomont –entre los que se encuentra el reverendo Shaw Moore (John Lithgow)– no solo recelan de los libros y discos "pornográficos", también de actividades en teoría inocentes como bailar en público. Un rechazo patológico a todo lo que huele a rock y a velocidad que tiene su raíz en la muerte del hijo del reverendo durante el transcurso de una carrera ilegal, una obsesión que llega a convertirse en ley por las peculiares características del pueblo, en donde el poder civil se encuentra íntimamente ligado al religioso.

Dirigido por Craig Brewer, el Footloose de 2011 arranca su acción precisamente con este accidente automovilístico. Un tiempo después arribará a esta población traumatizada el protagonista (el actor y bailarín profesional Kenny Wormald) que, al tratarse en este caso de un huérfano, está familiarizado de sobras con los sentimientos de pérdida y frustración.
Allí conocerá a Ariel (Julianne Hough), la atractiva hija del reverendo Moore (Dennis Quaid), que confunde la rebeldía con la adicción a la adrenalina, Rusty (Ziah Colon), la mejor amiga de esta y Willard (Miles Teller), un chaval de pueblo tosco pero noblote –personajes encarnados respectivamente en el original por Lori Singer, Sarah Jessica Parker y Chris Penn–. Musical teen con dosis de drama, comedia y romance, la primera Footloose se situaba tras la estela de películas como Fiebre del sábado noche (Saturday Night Fever, John Badham, 1977), Grease (Randal Keiser, 1978), Grease 2 (Patricia Birch, 1982), Flashdance (Adrian Lyne, 1983) o Fama (Fame, Alan Parker, 1980), así como de la serie de televisión originada a partir de esta última –de la cual procedía, además, su actriz principal Lori Singer–. Productos eminentemente urbanos en los que los jóvenes encontraban en el baile una válvula de escape a la vez que un medio de expresión propio.

Transportando los aires de discoteca a los entornos rurales, en los que todo aquello etiquetado como "moderno" causa un irreprimible rechazo, Footloose plantea el choque entre la inamovible América profunda y el optimismo desinhibido de los años ochenta, llevando la frescura de la música electrizante a todos los jóvenes hambrientos de libertad y sana diversión.
Claro que la aparente crítica al fundamentalismo religioso acababa diluyéndose entre clichés bienintencionados y lacrimógenas reconciliaciones, algo tanto más evidente en su remake. Y es que en la actualización de 2011 incluso desaparecen los escasos guiños gamberros del original, que incluían escenas icónicas como la quema de libros, el duelo de tractores o la cabalgada de la hija del reverendo "a la romana" al modo de los cowboys fordianos, pero sustituyendo los dos caballos por dos coches –esto es, erguida y con un pie en cada vehículo–.
Más suave, blanda y benévola todavía si cabe que el original y tan anticuada como este, el Footloose actual deja a un lado los mensajes transgresores para limitarse a contar la épica lucha de unos chavales moderadamente rebeldes y muy sanotes, que solo desean que no se les prive de su baile de fin de curso, tan yanqui como la tarta de manzana, las mazorcas de maíz o el country que invade la banda sonora.
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Copyright del artículo © Lola Clemente Fernández. Reservados todos los derechos.
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