Crítica de "In Time" (2011)
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Critica de cine
- Creado en 28 Noviembre 2011
- Published: 28 Noviembre 2011
- Escrito por Lola Clemente Fernández

Como tantos otros habitantes del gueto, Will Salas (Justin Timberlake) vive al día. Al igual que su madre (Olivia Wilde), se rompe la espalda por un salario miserable, que apenas le da para subsistir. Sus ingresos bajan al tiempo que sus gastos se incrementan; cada día el sistema le aprieta un poquitín más en la forma de subidas de precios o aumentos indiscriminados de impuestos.
En la sociedad futura retratada en In Time los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres –como siempre–, pero con una breve salvedad: la moneda de cambio empleada en todas las transacciones es tiempo de vida. Y es que el desarrollo científico ha hecho posibles la juventud eterna y la inmortalidad, avances increíbles pero con algunos inconvenientes que el sistema se encarga de "regular" equiparando literalmente riqueza a esperanza de vida.
Lógicamente, una existencia prolongada no entra dentro de las posibilidades del protagonista. Como el resto de los proletarios, está condenado a moverse deprisa, siempre pendiente del contador color "verde matrix" implantado en su brazo: cuando este se encuentre a cero dejará de respirar, al estilo de los videojuegos. Esta situación lamentable dará un giro radical cuando aparezca en escena un rico cansado de serlo (Matt Bomer) que, antes de suicidarse, donará a Will más de un siglo de vida pero con una condición: "No malgastes mi tiempo". Haciendo honor a este acto de sacrificio y redención –y también en memoria de su madre, cuya vida se apagó en sus brazos–, este saldrá del gueto rumbo a la elitista New Greenwich, dispuesto a "quitarles todo lo que tienen".

Escrita y dirigida por el neozelandés Andrew Niccol –autor de Gattaca (1997), Simone (2002) y El señor de la guerra (Lord of War, 2005)–, esta película supone otra de tantas distopías sobre un futuro hipercapitalista y caníbal en el que la explotación de la clase obrera sufre una vuelta de tuerca convirtiendo a los miembros del proletariado en consumibles desechables. Emparentada con productos como Daybreakers (Michael y Peter Spierig, 2009), La isla (The Island, Michael Bay, 2005) o Nunca me abandones (Never Let Me Go, Mark Romanek, 2010) –aunque más cercana a la acción palomitera y a la crítica de brocha gorda de las dos primeras que al desgarro emocional de la tercera–, In Time presenta una realidad inquietantemente familiar en la que los poderosos prolongan su tiempo de permanencia en este mundo a fuerza de parasitar a los parias.
A través de un reparto joven y guapo garantizado por exigencias del guion –ya que todo el mundo está alterado "genéticamente para dejar de envejecer a los veinticinco años"– y de una estética más propia de un anuncio de perfume o de cosméticos, Niccol traspasa a este mundo futuro el sueño (o mejor dicho, la pesadilla) de una sociedad obsesionada por el aspecto físico. Los tersos y bellos rostros de In Time han ganado la batalla contra la vejez y la muerte, pero por el camino han perdido algo mucho más preciado: su humanidad.

En la película se pueden rastrear algunas huellas de Momo, aunque primando (por desgracia) la acción sobre la reflexión, la poesía o la metáfora filosófica. Como en la sugerente novela de Michael Ende, el protagonista de la película de Niccol tratará de acabar con el desigual reparto de ese tiempo equiparado al oro, una misión revolucionaria en la que contará con la inestimable ayuda de una "pobre niña rica" llamada Sylvia (Amanda Seyfried). Cansada de vivir en un mundo en el que "los pobres mueren y los ricos no viven", Sylvia renegará del "simple capitalismo darwiniano" enarbolado por su padre (Vincent Kartheiser, más conocido por su participación en la serie Mad Men), uno de los hombres más poderosos del planeta a la vez que villano máximo de la función.
Retomando la vertiente más romántica y revolucionaria del atracador de bancos a lo Jesse James –nutrida a su vez de la figura de Robin Hood–, Will y Sylvia compondrán una banda de dos con mucho de Bonnie y Clyde. La relación amorosa se alimentará parcialmente de la emoción, del riesgo y de la profusión de adrenalina, pero siempre con el deseo de justicia en el punto de mira.
A pesar de contar con ingredientes potentes, la historia resultante sabe a muy poco y no consigue acercarse a los logros de Gattaca, la ópera prima de Niccol, de la que bebe en más de un aspecto. Concediendo más atención al atractivo físico y al gancho del reparto que a las cualidades actorales o a la profundidad de los personajes, In Time combina a duras penas las servidumbres comerciales con las pretensiones de crítica social. Un cuentecillo moral indudablemente simplón en su planteamiento y desarrollo, aunque apropiado en los tiempos que corren.
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