Crítica de "Moonrise Kingdom" (2012)
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Critica de cine
- Creado en 14 Junio 2012
- Published: 14 Junio 2012
- Escrito por Arturo Montenegro

Sobre Moonrise Kingdom ha escrito la crítica párrafos asombrosos. Wes Anderson es un estilista, ya lo sé, y casi ningún periodista dedicado a este negocio se atreverá a discutir que su película es un cuento de hadas lleno de originalidad. Con todo y con eso, también conviene advertir al público que paga su entrada: el cine de Anderson no es plato para todos los gustos, y esa originalidad puede llegar a ser indigesta.
Sigo la trayectoria de este cineasta desde sus inicios. Me irritaron especialmente Academia Rushmore (Rushmore, 1998) y Los Tenenbaums. Una familia de genios (The Royal Tenenbaums, 2001). Pese a sus alardes creativos y su singularidad, tampoco logré encontrarle la gracia a Life Aquatic (2004), una extrañísima comedia inspirada lejanamente en la figura de Jacques Cousteau.
Contra todo pronóstico, me encantó esa rareza que es Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Limited, 2007), aunque tampoco le encontré mucho sentido al corto que Anderson añadió al comienzo de este largometraje, Hotel Chevalier.

Posteriormente, me conquistó Fantástico Sr. Fox (2009) y siento el mismo entusiasmo tras ver Moonrise Kingdom, una cinta muy personal, en la que Anderson modera su tendencia a las marcianadas para centrarse en una historia excéntrica pero encantadora.
No obstante, repito aquí un aviso a navegantes. Esta es la típica película realizada para el público hipster. Es decir, para los amantes de la cultura alternativa, el cine independiente, el fetichismo nostálgico y las gafas de pasta negra.
Esa orientación hipster se advierte en la ambientación de la película –mediados de los sesenta, con una estética inspirada en las pinturas de Norman Rockwell– y en el inteligente surrealismo del relato, cuyo sentido del humor exige la complicidad del espectador.

A traves de un narrador poco convencional, Bob Balaban, se nos cuenta aquí la historia de amor entre Sam (Jared Gilman), un boy scout huérfano, y Suzy (Kara Hayward), una niña radiante, hija de padres disfuncionales, Walt (Bill Murray) y Laura (Frances McDormand), con los que veranea en un faro.
La huida de los dos enamorados movilizará a las fuerzas vivas de esa isla de Nueva Inglaterra donde transcurre su aventura, empezando por el jefe de scouts Randy Ward (Edward Norton), el sheriff Sharp (Bruce Willis) y la responsable de servicios sociales (Tilda Swinton).
En su estilo ácido y rebuscado, Anderson alude a una forma de hacer cine que también es una forma de ser. En otras palabras, esto es cine de autor, y bajo esa premisa conquistará el corazón de los espectadores que estén dispuestos a sumarse a su juego. El resto es mejor que se abstenga.
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