Crítica de “MS1: Máxima seguridad” (2012)
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Critica de cine
- Creado en 21 Junio 2012
- Published: 21 Junio 2012
- Escrito por Guzmán Urrero

El cine de acción de los ochenta muere despacio. La sobreproducción, destinada al vídeo doméstico, llegó a saturarnos, y lo que en un determinado momento nos pareció divertido –acordaos de la Cannon–, hoy resulta igual de letárgico que un somnífero. Por supuesto, la nostalgia lo perdona casi todo, y por eso mismo, esta serie B de ciencia-ficción, MS1: Máxima seguridad, inspira cierta ternura que disimula sus enormes defectos.
Os hablo del cine de los ochenta porque MS1: Máxima seguridad es una película que parece estrenarse treinta años tarde.
Lejos de disimular sus referencias más obvias –1997: Rescate en Nueva York, La jungla de cristal, Fortaleza infernal–, todo en ella refuerza la impresión de que nos hallamos ante una de las muchas películas que se estrenaron en 1982.
Por la red circula el adjetivo ochentero con cierta ligereza, aludiendo a ese tipo de thrillers de acción que aún destilan el optimismo de la era Reagan, y que se caracterizan por un inestable equilibrio entre violencia, efectos especiales –preferiblemente malos–, humor macarra y diálogos sentenciosos.
Como casi todo se mide ahora con el mínimo rasero, estas películas ochenteras no se parecen a las obras maestras de aquella década –qué más quisiéramos–, sino a los subproductos que atiborraron el mercado del VHS.
Con el párrafo anterior, creo que también se define MS1: Máxima seguridad. Veréis: la protagoniza un tipo complicado y tirando a irónico, Snow (Guy Pearce), a quien acusan un crimen del que no es culpable.
Snow acaba en un presidio estelar, donde –mira qué casualidad– los encarcelados despiertan de un letargo forzoso, se amotinan, y toman como rehén a la hija del Presidente de Estados Unidos, Emilie Warnock (Maggie Grace).

Ahí va otro tópico: esta es una película sin pretensiones. Al repetir esto, podemos confundir un bajo presupuesto o la falta de trascendencia intelectual con la escasez de talento. Podemos confundirlo, y algunos lo confunden con ganas. "Como no tiene pretensiones –parece decir algún crítico–, será mejor que hoy no saque el cuchillo de trinchar... Claro que eso no tienen ni que decírmelo. Bueno soy yo".
Nada más injusto. En el cine de género de todas las épocas ha habido suficientes maestros –desde Howard Hawks a John Carpenter– como para que exijamos mucho a una película "sin pretensiones". Y MS1: Máxima seguridad, además de no tener pretensiones, tampoco tiene interés.

Aunque Guy Pearce es un buen actor y consigue hacer llevadera la película, los directores James Mather y Stephen St. Leger no tienen ingenio, carecen de originalidad narrativa y se limitan a una simple labor de artesanía que será olvidada en poco tiempo. Como sucede con tantas otras producciones de Luc Besson, esta es una cinta que, al margen de cierto histerismo en la acción y de la acumulación de explosiones, más bien parece un telefilm de sobremesa.
Viéndola, uno se lo puede pasar bien, claro que sí. Otra cosa es que la consideremos una buena película.
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