Crítica de "Sin rastro" (2012)
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Critica de cine
- Creado en 14 Junio 2012
- Published: 14 Junio 2012
- Escrito por Arturo Montenegro

Sin rastro (Gone) es un thriller de escaso calibre, de cuyos defectos son responsables el guión de Allison Burnett y la realización de Heitor Dhalia. Con sinceridad, les diré que me disgusta no encontrar méritos en una película interpretada por una actriz tan merecedora de elogios como Amanda Seyfried.
Esta joven de ojos hipnóticos da vida a Jill Conway, una mujer que vive con Molly (Emily Wickersham), su hermana, una ex alcohólica en rehabilitación. La situación se complica si tenemos en cuenta que, un año atrás, Jill fue secuestrada por un asesino en serie. Milagrosamente, la joven logró escapar de su siniestro captor apuñalándole con un hueso perteneciente a una víctima menos afortunada.
Hasta aquí –y sin revelar otros detalles que no aparezcan el trailer–, ya tenemos argumentos para hablar de un polvorín emocional. Pero el director y su guionista no se conforman con eso, y dan una nueva vuelta de tuerca al asunto: resulta que Jill –pobrecilla– era una veterana de las instituciones psiquiátricas cuando el asesino la raptó. A partir de esa dato, la policía sumó dos y dos, y decidió que el secuestro era la fantasía de una chica traumatizada por la muerte de sus padres, con un cerebro demasiado castigado por la vida como para tomar en serio su denuncia. Caso cerrado.

Lo que viene después justifica el título de la película: Molly desaparece sin dejar rastro, y ya os podéis imaginar a quién culpa Jill.
Como es natural, cuando pide ayuda al sargento Powers (Daniel Sunjata) y a la detective Erica Lonsdale (Katherine Moennig), ninguno de los dos le hace ni caso. Por suerte, un recién llegado, el detective Peter Hood (Wes Bentley), se muestra más comprensivo con nuestra protagonista.

Los buenos guiones se reconocen por su temperatura, y la de éste es baja y constante. Antes de que alguien me acuse de demasiado puntilloso, diré que ésta es una película de género, sin pretensiones, ideada para pasar el rato. Sin embargo, aunque rebajemos el umbral de expectativas, conviene ir al cine sobre aviso. Sin rastro es una cinta previsible, muy convencional, y eso impide disfrutar de grandes misterios o de sorpresas admirables.
Ni siquiera el desenlace –algo más trabajado, todo hay que decirlo– consigue elevar la tensión de un producto que hubiera mejorado en manos de un cineasta con más nervio.
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