"Martha Marcy May Marlene" (2011)
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- Categoría de nivel principal o raíz: SECCIONES
- Category: Critica de cine
- Creado en 20 Enero 2012
- Published: 20 Enero 2012

Elizabeth Olsen protagoniza el thriller psicológico dirigido por Sean Durkin Martha Marcy May Marlene, sobre una joven que sufre una tremenda crisis de identidad tras cruzar los límites de una granja rural en la que reside una especie de secta. Atrapada entre destellos de inquietantes recuerdos del pasado y visiones de un futuro amenazador, una perturbadora sensación de miedo se apodera de Martha, dejándola abocada a la paranoia y abrumada por un misterioso sentimiento de culpa.
La película, galardonada en 2011 con el premio al mejor director en el Festival de Cine de Sundance y el Prix de la Jeunesse en Cannes, se inicia con Martha (Elizabeth Olsen, en su debut cinematográfico) huyendo de una idílica granja a través de los bosques del norte de Nueva York. Aterrada, y sin un lugar al que volver, Martha recurre a su hermana Lucy (Sarah Paulson), de la que se había distanciado y que no ha visto durante años, encontrándose de pronto en una exuberante casa de veraneo junto a un lago, en Connecticut, con Lucy y su nuevo marido Ted (Hugh Dancy).
No obstante, la belleza y el confort del nuevo entorno de Martha choca con todo lo que ella siente como furtiva desertora de un mundo indescriptible y, por lo tanto, muy alejado de las reglas sociales, viéndose incapaz de actuar de una forma que pudiera considerarse normal.
Puede que Martha haya escapado, pero aún se mantiene presa de recuerdos que, lenta y devastadoramente, empiezan a atraparla inconscientemente. Recuerdos que se filtran en su incipiente nueva vida y desvelan todo lo que le ha sucedido, desde su ingenua aspiración de una familia, que la llevó a unirse a una comuna en una aislada granja, hasta su estremecedora relación con el paternal pero manipulador líder de la comuna, Patrick (John Hawkes).
Recuerdos que van conformando la historia, hasta mostrar el escalofriante origen del progresivo pavor que Martha está experimentando.
El resultado es un minucioso relato de suspense psicológico que también es una fascinante reflexión sobre la identidad, la vulnerabilidad y el ansia por tener una familia, tanto desde el punto de vista de los sentimientos como del riesgo que implica.

¿En quién puedes confiar cuando tu hogar no está en ningún sitio?
La primera película de Sean Durkin es un íntimo viaje al peligro más intenso, conforme el director y su fluida e inquisitiva cámara siguen los pasos de una joven que ha huido de una idealizada pero controladora secta que habita una aislada granja y vive al margen de la sociedad. Al buscar refugio con su hermana, Martha parece estar definitivamente a salvo, pero, lejos de eso, a medida que su secreto se va enquistando en su interior, la cotidiana vida familiar le parece a Martha tan extraña como el mundo del cual ha conseguido escapar, y nada se parece a un hogar.
A Durkin siempre le ha fascinado el poder y el atractivo que, como una utópica familia, representan las sectas en Estados Unidos. Pero con Martha Marcy May Marlene Durkin quería explorar este estereotipo, que habitualmente se muestra a grandes rasgos o con sensacionalismo, desde una perspectiva más original y personal; desde el interior de la olla a presión emocional en que se convierte una chica que intenta escapar de una secta que la ha dejado con interrogantes tales como su lugar en la sociedad, su futuro y su propia responsabilidad.
“Yo quería hacer algo basado en los personajes, contemporáneo y naturalista”, explica Durkin. “Yo creo que siempre se representa a las sectas de una manera desmesurada y casi como una caricatura. Entonces, me puse a investigar en profundidad, y precisamente leí un pasaje que me llamó absolutamente la atención, y me dije, ‘Esta es la historia que yo quiero contar’. Era sobre una chica que optó por abandonar a un grupo de este tipo porque cada vez era más violento. Yo me preguntaba cómo serían las siguientes semanas para ella, cómo alguien se reintegra a la sociedad con normalidad tras pasar por aquello”.
Durkin habló del embrión de su historia con sus socios de Borderline Films, una próspera compañía de producciones indie fundada por Durkin con Josh Mond y Antonio Campos cuando los tres eran estudiantes en la Escuela de Cine de la Universidad de Nueva York. Desde entonces, el grupo ha incrementado su número de colaboradores –casi todos menores de 30 años de edad–, dedicándose a explorar todas los ámbitos de la realización cinematográfica, desde el guión y la dirección hasta la producción y el rodaje. Su modus operandi fomenta el dotarse de la máxima creatividad incluso en medio de las cambiantes coyunturas económicas de la industria.
Mond y Campos inmediatamente manifestaron su disposición a hacer absolutamente cualquier cosa para ayudar a Durkin a llevar a cabo su nueva idea. “El principio básico de nuestra forma de trabajar es que cada uno se compromete a hacer lo que sea necesario para los demás”, explica Mond. “Sean, Tony y yo hemos desarrollado una gran confianza entre nosotros y eso se percibe a través de todo lo que hacemos y a todos los niveles”.
Campos añade, “Sabíamos que Sean era la persona idónea para contar esta historia porque tiene mucha sensibilidad. Es un realizador clásico de muchas formas. Realmente se preocupa por buscar la verdad en todo momento, y eso no es algo muy común. Otro director podría haber hecho esta película, pero no con tanta delicadeza o potencia. Siempre mantuvimos nuestra confianza en él, y desde el principio nuestro trabajo consistió en dejar a Sean centrarse en lo que realmente importa: el aspecto creativo del filme. En lo que se refiere a nosotros, la cuestión no es precisamente luchar por un realizador, es luchar por un amigo”.
A medida que Durkin empezó a escribir, contrastando ideas frecuentemente con Campos y Mond, descubrió que la historia le era más cercana de lo que se había imaginado. “Una amiga mía se ofreció voluntariamente a contarme lo que le había pasado, que era algo muy similar. Quiso ayudarme, y nunca antes había hablado del tema abiertamente. Compartió conmigo sus experiencias, que eran realmente dolorosas, terroríficas y tristes. Fue muy generosa. De ahí surgió la base de la historia de Martha”, dice Durkin.
Con su desbocada imaginación, Durkin empezó a concebir determinadas y precisas imágenes de la familia que Martha encuentra en la secta, con su forma de vida enraizada en la naturaleza y la filosofía de tipo alternativo defendida por su líder, Patrick. “Mi dilema era cómo hacer eso realidad”, recuerda Durkin. “Para mí fue determinante subir hasta las montañas Catskills y ver allí todas esas granjas abandonadas. Me di cuenta de que podía ser muy fácil para cualquiera llegar hasta allí y fundar una comunidad, consiguiendo que, de repente, 20 personas vivieran juntas en una granja. Y así se gestó el origen de la comunidad de Patrick”.
Durkin imbuyó al personaje de Patrick de muchas de las contradictorias cualidades que proveen a los líderes de sectas de capacidad para suscitar una devoción ciega, incluyendo carisma, actitud comprensiva hacia sus seguidores, filosofías idealistas que se rebelan desafiantemente contra una sociedad materialista, e incluso talento musical, que le otorga a Patrick momentos de cierto encanto natural a pesar de sus malvadas acciones. Pero Durkin también dejó muy patente cómo esas mismas cualidades se ven socavadas por el poder que Patrick sustenta, especialmente sobre las chicas jóvenes. Para atar a los miembros de su comunidad, Patrick no sólo emplea lazos de acercamiento emocional, sino también cadenas de extremada violencia, escudándose en todo momento tras el papel de amoroso patriarca de la manada. Patrick puede considerarse a sí mismo un visionario moral, pero Durkin le muestra transgrediendo abusivamente todos los límites éticos en defensa de sus creencias.
“Algunas cosas que Patrick dice provienen de dogmas reales”, señala Durkin. “Habla sobre vivir el momento presente, sobre centrarse en los demás, en la tierra, y sobre lo que significa estar todos juntos, pero luego Patrick manipula todas esas ideas tan fascinantes para conseguir lo que él quiere”.
La clave del guion de Durkin era su tono, que combina el progresivo miedo que produce una película de terror con el naturalismo de un drama realista que deja al descubierto las emociones más íntimas. Aunque la película profundiza en mundos no muy habituales, Durkin advierte que también hay aspectos de la historia de Martha con los que podrá identificarse cualquiera que haya intentado alguna vez ser dos personas a la vez. “En el fondo, es una historia sobre la identidad”, afirma el director. “En la granja, hablan continuamente de ‘encontrar tu papel dentro de la familia’, y yo creo que eso es una parte muy esencial de la naturaleza humana. Todos queremos pertenecer, formar parte de algo, sentir que contribuimos de alguna manera al grupo. Da igual de quién se trate, todos asumimos roles distintos y somos personas ligeramente diferentes a lo largo de las diversas etapas de nuestra vida. Al igual que mucha gente, Martha no está segura de quién es realmente, pero su situación es extrema”.
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