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"2 Fast 2 Furious. A todo gas 2" (John Singleton, 2003)

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"2 Fast 2 Furious. A todo gas 2" (John Singleton, 2003)
Cómo se hizo
Los coches de la película
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A todo gas 2

Los espectaculares resultados de taquilla que consiguió A todo gas en el verano de 2001 fueron una sorpresa para muchos miembros de la industria cinematográfica pero no para Neal H. Moritz.

El productor sabía que la película ofrecía al público ávido de emociones fuertes una ocasión única: una brillante combinación de argumento trepidante, vehículos potentes, actores de moda y actualísimas técnicas cinematográficas. El gran éxito que obtuvo la película, unido a los elogios que recibió de críticos como Roger Ebert, sugerían plantearse una secuela.

Dice Moritz: “La respuesta tan increíble que obtuvimos con A todo gas nos indicó que habíamos conectado con el público joven al destapar toda una subcultura, el mundo superurbano de las carreras callejeras. La película siguió recibiendo el apoyo de los fans cuando salió en formato de DVD y video: volvió a convertirse en un fenómeno, ampliando el espectro de su público. Sabíamos que ese público acudiría a ver una segunda entrega pero sólo si era tan dura y auténtica como la primera. Y eso es justamente lo que hemos hecho”.

Y, como si Moritz y su equipo necesitaran más pruebas de que existía un público juvenil para el proyecto, una serie de encuestas conducidas por la firma de marketing TRU, Teen Research Unlimited, confirmaron el fenómeno: tanto en la encuesta de otoño de 2002 como en la de primavera de 2003, los resultados obtenidos por la TRU fueron que los adolescentes consideraban A todo gas como su película favorita de todos los tiempos.

El director nominado para el Oscar John Singleton experimentó una curiosa sensación de déjà vu cuando vio la película original: “Vi A todo gas y me dije, “¡Diablos! ¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí?”. Yo me crié en el barrio South Central de Los Ángeles y allí nos pasábamos la vida haciendo carreras en la calle. Hacíamos una especie de shows automovilísticos en el bulevar Crenshaw, que consistían en que la gente reunía en fila sus coches, y a última hora de la noche corríamos entre Crenshaw y Florence, por Inglewood y alrededor del Centinela Park. En Los chicos del barrio incluí una referencia a esto”.

Singleton dice que Moritz tiene razón al pensar que el mundo de las carreras callejeras es algo que la mayoría de las jóvenes quiere contemplar, si no formar parte de él. La velocidad es parte intrínseca de la vida urbana moderna y por tanto es un tema ideal para clavar al espectador actual en su asiento. Así que Singleton aceptó encantado dirigir 2 Fast 2 Furious. A todo gas 2.

El hecho de que la película registraba una cultura viva y en ebullición se impuso con toda evidencia a sus responsables durante un fin de semana en particular. Singleton, Moritz y los guionistas Michael Brandt y Derek Haas sabían que el éxito de la película original se debía a su frescura y autenticidad. Así que se reunieron con entusiastas de los coches de carreras urbanas para averiguar las últimas tendencias, lo que se llevaba más entre los conductores y entre los espectadores que acudían a verlos.

Dice Singleton: “Hicimos una convocatoria en la Costa Oeste para que los dueños de coches nos los trajeran para su posible utilización en la película. Tras hacer un par de contactos, pusimos un aviso en la red para que se reunieran en un parking de Santa Monica. El plazo era de sólo unas 36 horas así que esperábamos que viniera un centenar de coches más o menos. El día del “casting de coches” hubo atascos en toda la zona porque se presentaron más de 700 vehículos, y algunos venían de sitios tan lejanos como Seattle. No cabe duda de que existe toda una subcultura del coche. Y con este proyecto lo que conseguimos fue no sólo reflejar lo que está pasando sino anticipar lo que va a pasar: las nuevas tendencias serán las que se ven en la película. Quiero que la gente que venga a verla se inspire luego en lo que ha visto sobre la pantalla”.

Igual cuidado que ponen los conductores en arreglar sus vehículos, pusieron los responsables de la película en construir los personajes que los conducen... y son conducidos por ellos. Se decidió que el conflictivo personaje del policía O’Connor, que interpreta Paul Walker, sería el hilo conductor de la nueva historia: convertido en fugitivo, su pericia al volante le daría la oportunidad de limpiar su imagen. Y esto le llevaría a otra ciudad, pues la película original ya había cubierto los escenarios y ambientes de Los Ángeles: ahora el lugar en donde las calles se llenan por la noche del rugido de los motores sería la húmeda y dura ciudad de Miami.

Otro atractivo para Singleton era que no había ninguna limitación de color, ni para los coches ni para los miembros del reparto. Miami es, para empezar, un lugar de mestizaje: hay arquitectura en tonos pastel, impresionantes residencias playeras, barrios modestos con casas en las que se agrupan familias multigeneracionales y bulliciosas zonas pobladas por ciudadanos que proceden de todos los lugares del planeta. Utilizar todos estos elementos serviría para darle un toque más excitante a la película.

Dice el productor Moritz: “A todo gas fue un éxito sorpresa. Para la secuela debíamos generar un sentido de excitación similar, pero subiendo un poco más el nivel de decibelios... Contar con un director tan dotado como John Singleton nos permitió darle un toque de realismo duro a la historia. A eso hay que añadirle las dinámicas escenas de acción y un reparto atractivo y lleno de talento”.

Sinopsis

Brian O'Conner (Paul Walker), un policía caído en desgracia, fue un adicto a la velocidad... y ahora está pagando un precio por ello. Tal y como lo ven sus antiguos jefes y los altos mandos del FBI, este agente de incógnito les echó a perder una de las investigaciones más importantes que habían emprendido.

Ahora ha pasado el tiempo, O'Conner está en otra ciudad y tiene una última oportunidad. A los federales de Miami les está costando mucho enchironar a Carter Verone (Cole Hauser), un empresario que utiliza su negocio de importación y exportación como tapadera para un cartel internacional de blanqueo de dinero.

Aduanas lleva un año sometiendo a Verone a una estricta vigilancia y lo único que han podido establecer es su relación con las carreras callejeras ilegales.

El tiempo se acaba y los agentes deciden llamar a O'Conner para que haga lo que sabe hacer mejor que nadie: volver a infiltrarse entre los conductores. Pero este hombre individualista poco amigo de los reglamentos pone algunas condiciones para aceptar la misión que puede permitirle recuperar su insignia. No le gusta nada la lista de posibles compañeros que le ofrecen para la misión e insiste en trabajar con su amigo de infancia y antiguo delincuente Roman Pearce (Tyrese Gibson), otro enfermo de la velocidad.

El jefe de los federales que se ocupan del caso, el agente Markham (James Remar), le plantea un trato a Pearce: si trabaja con O'Conner, su extenso historial delictivo quedará limpio. Para el ex policía y el ex delincuente su última ocasión de redimirse pasa por atrapar a Verone. Pero las lealtades de O'Conner vuelven a entrar en conflicto con la aparición de la agente de incógnito Mónica Fuentes (Eva Mendes): ella es la clave para acceder a Verone pero puede que sea también su amante.

En las calientes calles de Miami confluyen asesinos, pistoleros, policías corruptos y ruedas veloces. Con ellos va a medirse un ex policía adicto a la velocidad y que no tiene nada que perder.

 



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