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"Ágora", de Alejandro Amenábar

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"Ágora", de Alejandro Amenábar
Cómo se hizo
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ÁgoraÁgora es un viaje insólito al Egipto de hace dos milenios, a la mítica ciudad de Alejandría y a la dramática destrucción de su Biblioteca. Inspirándose en hechos reales nunca antes llevados al cine, Amenábar ofrece en su quinta película un espectáculo a gran escala de contundente energía.

La mirada del cineasta recoge la aventura individual de los alejandrinos, sus placeres y pasiones, en un periodo de grandes turbulencias. En las calles de la ciudad hay una revolución en marcha, alimentada por el declive de la civilización grecorromana y el vigoroso avance del cristianismo. Símbolo de tolerancia y convivencia entre culturas, Alejandría parece inmersa en las convulsiones previas a un cambio de orden.

Rodada en inglés, Ágora cuenta con un reparto internacional. Rachel Weisz, Oscar por El jardinero fiel, interpreta a Hipatia de Alejandría. El joven actor Max Minghella (Syriana) da vida al esclavo Davo. Junto a ellos, el director ha reunido un sólido elenco: Oscar Isaac (Red de mentiras), Rupert Evans (Hellboy), Ashraf Barhom (The Kingdom), Sammy Samir (Natividad) y el veterano actor francés Michael Lonsdale (Munich).

“Todo comenzó interesándonos por la Teoría de la Relatividad como hobby”, recuerda el director. “Queríamos saber más sobre conceptos tan relacionados con el cine como el tiempo y el espacio. Esa curiosidad inicial se convirtió en una ventana que posteriormente se abrió a otras muchas cosas”.

Según recuerda Mateo Gil: “Llegamos a la historia de Hipatia documentándonos para un proyecto más amplio, protagonizado por varios personajes que habían sido capaces de pasar por encima de sus circunstancias y del momento histórico que les había tocado vivir, mirando a las estrellas y preguntándose quiénes somos, dónde estamos y qué sentido tiene todo esto. Descubrimos que Hipatia, su historia y su entorno social –la Alejandría de su época–, resumían el proyecto en su totalidad”.

Sinopsis

Siglo IV. Egipto bajo el Imperio Romano. Las violentas revueltas religiosas en las calles de Alejandría alcanzan a su legendaria Biblioteca.

Atrapada tras sus muros, la brillante astrónoma Hipatia lucha por salvar la sabiduría del Mundo Antiguo con la ayuda de sus discípulos. Entre ellos, los dos hombres que se disputan su corazón: Orestes y el joven esclavo Davo, que se debate entre el amor que le profesa en secreto y la libertad que podría alcanzar uniéndose al imparable ascenso de los cristianos.



Cómo se hizo

El autor del libro “The Rise and Fall of Alexandria: Birthplace of the Modern Mind”, Justin Pollard, certificó que todo lo que se estaba haciendo tenía verosimilitud, que era coherente con la época que el cineasta deseaba reflejar.

“Creo que hay que buscar la autenticidad”, señala Pollard. “No se puede pretender conseguir una veracidad absoluta cuando hay tantas cosas que no podemos saber. Lo importante no es si uno está de acuerdo o no con cada trabajo académico, sino que el público crea que está en un mundo auténtico. Que piense que todo es creíble, que está andando por las calles de Alejandría que es una ciudad espectacular presentada de una manera espectacular. Es una enorme ciudad antigua, el lugar donde Alejandro Magno fue enterrado. Es uno de los centros del Mundo Antiguo, el puerto más importante del Mediterráneo. La escala de la producción es físicamente enorme, como lo es mental y emocionalmente la historia que cuenta”.

Además de a expertos en el Mundo Antiguo, Fernando Bovaira, Alejandro Amenábar y Mateo Gil escucharon a dos investigadores y científicos: Javier Ordóñez y Antonio Mampaso.

“Javier Ordóñez nos ofreció una brillante solución geométrica para el misterio que intenta resolver Hipatia, a través del cono de Apolonio”, recuerda Mateo Gil.

Antonio Mampaso estuvo presente en todo el proceso de desarrollo de la película, desde el guión hasta el rodaje, donde supervisó la utilización de los instrumentos astronómicos que aparecen en pantalla, y donde ejerció de asesor científico de Rachel Weisz. Además compartió un viaje con los responsables de la película, que resultó decisivo para la configuración de muchos detalles del film.

“Siempre me parece imprescindible visitar los lugares en los que transcurren mis historias, y es muy estimulante llegar a un sitio que sabes que ha pisado el personaje sobre el que trata tu película”, afirma el director. “Antonio Mampaso es un amante de los eclipses y nos sugirió que le acompañáramos a ver uno en Egipto. Finalmente decidimos no incluir ningún fenómeno inusual en la historia, pero fue una experiencia maravillosa. El viaje nos sirvió para encontrar ciertos elementos que han ayudado al planteamiento visual de la película, como los sorprendentes retratos de Al Fayum. Y, sobre todo, la mezcla de elementos egipcios, grecorromanos y cristianos. Esa combinación está muy presente en Ágora”.

En Ágora, dos hombres ambicionan el favor de Hipatia: su esclavo Davo, y Orestes, un alumno que llegaría a prefecto de Alejandría.

“Davo es un personaje inventado”, explica Alejandro Amenábar, “pero es un personaje llave que nos permite conocer cómo funcionaba la ciudad, el entorno de Hipatia, la sociedad grecorromana y el Mundo Antiguo en general; cómo se entendía la esclavitud en el siglo IV. Davo duda si convertirse en cristiano. A través de él conocemos el cristianismo en sus primeros años. Cómo pasó de ser una religión perseguida a ser una religión dominante. Davo se convierte en parabolano, que era una facción religiosa muy característica de la época, un grupo de monjes que empezó siendo una orden de ayuda a los más necesitados y acabó convirtiéndose en un brazo armado de la Iglesia”.

El joven actor británico Max Minghella interpreta a Davo tras participar en un exhaustivo cásting realizado en Londres bajo la supervisión de Jina Jay, responsable en la selección del elenco de proyectos de la magnitud de El Lector, Expiación o Munich, y que ya trabajara con Alejandro Amenábar en Los Otros.

“Davo está muy enamorado de ella a pesar de no sentirse correspondido. La película nos muestra esencialmente a dos personajes apasionados que se cruzan e interactúan en sus respectivas vidas durante un periodo de la historia muy dramático”, dice Max Minghella.

“La idea de Alejandro de que el esclavo de Hipatia se convirtiera al cristianismo en la película fue muy afortunada”, señala Mateo Gil. “Porque eso nos permitía unir los dos mundos de los que estábamos hablando”.

“Hipatia formaba parte de la élite de la ciudad. Es fascinante comprobar la cultura de los nobles alejandrinos. Podían hablar de la trayectoria de la luna, del sol y las estrellas, y eran profundamente humanistas. Pero también había un punto negro en esa forma de vida: la esclavitud. La nobleza de la época tenía a su libre disposición a otros seres humanos: los esclavos, a quienes consideraban casi animales. Hoy nos parece extraordinario que se puedan dar en la misma persona el pensamiento profundo junto a la legitimación de la esclavitud”, comenta Rachel Weisz.

El actor de origen guatemalteco Oscar Isaac, al que hemos podido ver recientemente en Red de mentiras, realiza una prodigiosa transformación a lo largo de la película. En un principio le conocemos como un discípulo de Hipatia especialmente soñador.

A lo largo del metraje, asume las responsabilidades militares y políticas de la ciudad, convirtiéndose en la cabeza visible del Imperio Romano en Alejandría.

“Orestes es el típico ejemplo de la juventud aristocrática alejandrina, esos chicos que se están formando y puliendo para convertirse en los líderes del mañana”, dice Oscar Isaac. “Algunos de ellos son muy ambiciosos. Otros se deslizan por la vida gracias al dinero de papá y mamá. Orestes es simpático, un poco arrogante, un poco testarudo. Se enamora de Hipatia e intenta seducirla”.

“A través de Orestes contamos una de las anécdotas más célebres que circulan acerca de Hipatia y de sus relaciones con los hombres”, recuerda el director. “Pero Orestes, además, tiene un papel clave en la segunda parte de la película: personifica la conciliación y el diálogo en la vida política”.

“Hipatia vive una historia de amor muy profunda, pero con el cosmos”, señala la actriz.

“Su relación con los hombres no está documentada. Las fuentes dicen que era muy bella. Pero Hipatia estaba realmente enamorada de su trabajo. Se entregaba con pasión al estudio. Estaba obsesionada por la ciencia. Se siente pequeña ante la grandeza del Universo y se empeña en desentrañarlo.

La tensión entre los tres personajes es continua, un romántico triángulo que saltará por los aires cuando comiencen las luchas intestinas en las calles de Alejandría. El conflicto que azota el mundo de Hipatia aboca en una profunda transformación durante la segunda parte de la historia narrada en Ágora. Los protagonistas también cambian.

El trabajo de Gabriella Pescucci como directora de vestuario es clave para comprender esa evolución. Ganadora de un Oscar por La edad de la inocencia, y responsable del vestuario de títulos tan significativos como Charlie y la fábrica de chocolate, Las aventuras del Barón de Munchausen o Érase una vez en América, la diseñadora italiana explica de la siguiente manera el tratamiento del color aplicado a los distintos protagonistas de esta historia.

“Parto del principio de que el color para mí es siempre muy importante, es fundamental en mi trabajo. Hipatia en la primera parte lleva un vestuario claro, luminoso, porque vive en un mundo griego de filósofos y estudiantes. Los paganos también visten colores claros. Mientras que los cristianos se distinguen porque van de gris. Esta diferencia fue una sugerencia de Alejandro en la que estuvimos completamente de acuerdo. Después del asedio a la Biblioteca, Hipatia es una mujer más fuerte y empieza a llevar colores profundos porque la destrucción de los libros le ha supuesto un gran dolor. Para el último vestido que llevaba Hipatia tardé semanas en decidirme, tenía cerca de doscientos tonos distintos del mismo rojo. En la escena final, cuando Hipatia está rodeada de los parabolanos, ese traje rojo en medio de la negrura del grupo transmite una gran fuerza no física sino de pensamiento”.

Una sociedad tan jerarquizada como la de la Alejandría del siglo IV necesitaba una estructura visual muy clara en la película, que trasciende el color y bebe tanto de la Historia como de una exhaustiva investigación.

“Durante los primeros años del movimiento feminista se hablaba mucho de Hipatia”, recuerda Gabriella Pescucci. “Cuando Alejandro me habló de su proyecto, recordé aquello. Ella es griega pero también la única mujer de la Biblioteca, y trabaja en un mundo masculino. En el vestuario de Hipatia hay, por supuesto, referencias grecorromanas pero también masculinas, la suya es una toga masculina. Era una mujer muy valiente que intentaba vivir de la misma manera que los hombres. Por eso en la película no lleva velo, por ejemplo. Hay personajes, como Cirilo, en cuyo vestuario ha sido determinante el aspecto físico del actor. A Sammy Samir, el color oscuro le quedaba particularmente bien porque reforzaba su aire hierático, inspirado por Dios. En cambio, para Sinesio la inspiración fue claramente bizantina pero acercándola al día de hoy, que es algo que hago a menudo en mi trabajo”.

“La película es, definitivamente, la historia de una mujer que renuncia a comprometer sus ideales”, dice Rachel Weisz. “Es algo extraño que alguien tenga que llegar al extremo de poner en juego su vida por defender sus creencias. Es algo increíblemente noble y admirable. Ella cree en la razón y en la duda, y no está dispuesta a apearse de ahí. Es muy valiente”.

Sin duda, la ciudad de Alejandría tiene un papel destacado en la historia que cuenta Ágora. La mítica urbe soñada y encargada por Alejandro Magno para darle su nombre vivió desde sus inicios volcada en el conocimiento, empeñada en reunir a los sabios más reputados de su tiempo.

Estratégicamente situada en el norte de África, rápidamente desarrolló una gran riqueza comercial además de cultural. Era famosa en todo el Imperio por la diversidad de orígenes de sus ciudadanos, por su majestuoso faro, por la peculiaridad de su puerto, por la longitud de su Vía Canópica y por la energía que se respiraba en su ágora. Todo un reto para el equipo artístico de la película.

“Alejandría fue la primera ciudad diseñada de la historia”, explica el director. “Se conserva nada o muy poco de la Alejandría original. Ahora se está rescatando mucho del mar. En la Alejandría del siglo IV dominaba la cultura grecorromana, porque fue un intento de Alejandro Magno de traerse Grecia a Egipto. Si hoy vas a las ruinas de la Biblioteca (me refiero a la segunda Biblioteca, la que estaba en el Serapeo), ves la columna de Pompeyo que es absolutamente grecorromana rodeada de esfinges: una combinación perfecta entre los dos mundos”.

“La Alejandría de la película era un auténtico crisol. Mucha gente muy diversa compartiendo un momento emocional y políticamente muy difícil. Con tantos problemas políticos, la gente estaba nerviosa; además había mucha miseria. Había mucha diferencia entre los ricos y los pobres de la ciudad. La fortaleza de la ciudad había sido siempre ese eclecticismo, esa gran mezcla, esa miscelánea buscada por sus fundadores. Sin embargo, esas diferencias que alentaron su evolución alimentaron también las semillas de su destrucción”, explica Justin Pollard, asesor histórico de rodaje.

“En la Alejandría de Hipatia coinciden un montón de elementos que no sólo son interesantes de por sí”, destaca Mateo Gil, “sino que guardan una sorprendente similitud con nuestro tiempo. Por un lado está el personaje de Hipatia, que quiere guiarse por la razón y se pregunta continuamente por qué las cosas son como son e intenta llegar a la verdad; quiere investigar, descubrir, pensar, dudar. Por otro, hay todo un crisol de religiones y de intereses con muchas luchas de poder internas, que hacen del siglo IV un momento excitante. Cuando anteriormente se han hecho películas sobre la Antigüedad normalmente se ha tendido a buscar etapas más puras. Para el Hollywood clásico el siglo IV no era una época que pudiera atraer tanto como atrae ahora, porque lo cierto es que esa época tiene más paralelismos con nuestros días que con lo que podía ser el mundo hace cuarenta o cincuenta años. La diferencia entre cómo los péplums clásicos y Ágora retratan el Imperio Romano habla más de nuestros días que del propio Imperio Romano.”

“En Alejandría vemos reflejado lo más hermoso y lo más oscuro del ser humano. Se reúnen mentes prodigiosas y curiosidad; grandes intelectuales que intentan descubrir cosas nuevas sobre el Universo. Hoy en día todavía hay tanto que desconocemos sobre el mundo y el Universo”, dice Rachel Weisz.

Para convertir ese crisol de sensibilidades en una arquitectura tangible, Fernando Bovaira y Alejandro Amenábar le encargaron la dirección artística de la película al británico Guy Dyas, responsable de la construcción visual de títulos como Indiana Jones y la calavera de cristal o Superman Returns. Un profesional acostumbrado a los desafíos con mayúsculas que ha trabajado a ambos lados del Atlántico y que aceptó con entusiasmo el encargo de Alejandro para levantar una ciudad legendaria en la que los actores se sintieran como en casa. Porque Ágora es una película de factura clásica, todo lo que aparece en pantalla se puede tocar.

“Guy es la combinación perfecta entre investigación (maneja muchísimas referencias reales) y su imaginación”, asegura el director. “A día de hoy todavía hay elementos que recuerdo con sorpresa. Como el trono de Orestes, que es una idea original suya cuyos leones están inspirados en un diseño antiguo. Y destacaría cómo ha sido capaz de optimizar el dinero. Por ejemplo, en el ágora allá donde pongas la cámara siempre encuentras algo interesante, siempre encuentras fugas. Guy trabaja mucho con el dinamismo visual. Nunca hay líneas completamente rectas, siempre está jugando con requiebros, que hacen que el cuadro adquiera muchísimo dinamismo visual”.

El equipo de Ágora se trasladó a la fortaleza Fort Ricasoli, en Malta, para hacer realidad los enormes decorados de la película, que incluyen viviendas de estilo grecorromano, el ágora del título, una prefectura romana, templos paganos, iglesias cristianas, un anfiteatro griego, la cátedra de Hipatia y las calles de la mítica Alejandría con su legendaria Biblioteca.

“Alejandría era una especie de centro mundial educativo, la cuna del conocimiento, un lugar de peregrinaje cultural”, dice Guy Dyas. “Y creo que para trasladar esa sensación al público de hoy era imprescindible levantar el tipo de arquitectura, grandiosa y elocuente, que rodeaba a sus habitantes. Todavía se pueden ver claramente estas pistas en las ruinas de Alejandría. Así de grande fue”.

“Guy concebía Alejandría como una ciudad monumental y decadente”, afirma el director. “Hemos insistido mucho en la decadencia, en la piedra desgastada, en la pintura desconchada. Por esa razón era muy interesante el uso del color en la arquitectura. Se sabe que tanto la escultura como la arquitectura en la antigüedad estaban pintadas. Hemos optado por pintar, lo que le da gran riqueza y verosimilitud al set, pero lavándolo para que no pareciera una película con decorados de los años cincuenta”.

“Un proyecto así implica mucha investigación”, asegura el diseñador. “Siempre ocurre cuando se intenta reconstruir el pasado. Pero Alejandro fabricó una especie de manual de claves con un montón de referencias visuales y arquitectónicas muy valiosas para arrancar el proyecto. Luego los decorados fueron alejándose de la influencia romana para incorporar cada vez más los acentos egipcios que podemos ver hoy en pantalla”.

En la selección de los actores y extras que dan vida en la película a los antiguos alejandrinos, el director ha tenido siempre en la memoria como referente los retratos de las tumbas de Al Fayum, un importante yacimiento arqueológico egipcio que data del siglo I. Las momias encontradas en Al Fayum tienen pintada la cara del difunto.

“La calidad de esos retratos es algo que no te puedes imaginar hasta que los ves”, explica el director. “Después de comprobar lo poco que se conserva de la antigua Alejandría, encontrarte con esos retratos que eran como fotos, como si alguien hubiera escarbado en esos 1.600 años y te hubiera traído las caras de sus habitantes, fue emocionante”.

Por las calles, los templos y los palacios de Alejandría imaginados por Alejandro Amenábar y Guy Dyas se desenvuelve también el resto de los personajes que jugaron un papel destacado en la historia de Hipatia.

Personajes de orígenes muy diversos: el padre de Hipatia, Teón (interpretado por el francés Michael Lonsdale); otro fiel discípulo de Hipatia, Sinesio (Rupert Evans), que llegó a obispo de Cirene y constituye una de las fuentes más valiosas de información sobre Hipatia que han llegado a nuestros días, a través de su correspondencia con la filósofa; Cirilo (Sammy Samir), obispo de Alejandría e instigador del trágico desenlace según algunas fuentes; Amonio (Ashraf Barhom), el parabolano que capta a Davo. Y los propios parabolanos, una de las aportaciones al cine más sorprendentes de la película. Un repertorio de grandes actores llegados, como sus caracteres de ficción, desde los más diversos lugares del planeta.

“Los parabolanos eran una especie de milicia formada por monjes”, dice Mateo Gil, “que en sus comienzos hacían un gran servicio público, se encargaban de los enfermos, los leprosos y los muertos; ayudaban en un montón de tareas públicas. Pero en poco tiempo se convirtieron en rectores del comportamiento público de la gente e incluso hacían trabajos sucios, funcionaban como matones. Se atrevían a decirle a la gente cómo debían vestirse o cómo debían llevar sus cosas, actuaban como órgano de control”.

“El proceso de cásting fue especialmente complejo”, explica Fernando Bovaira, “porque Alejandría era un crisol de culturas y eso queríamos reflejarlo en la película. Necesitábamos actores de diferentes nacionalidades que aportaran visiones distintas de lo que se contaba en la película. Trabajamos con Jina Jay, y los resultados son inmejorables”.

“El rodaje en Malta fue una experiencia única”, asegura Rachel Weisz. Creo que estaban representadas cada una de las diferentes culturas y de los grupos étnicos del mundo. Y todos hicimos posible esta película capitaneados por Alejandro, que es español. Con un equipo tan internacional fue fácil sentirse parte de la enorme diversidad que debió de tener Alejandría.”

“Hemos luchado por no tener una gran diversidad de acentos”, matiza el director. “Hemos jugado a la convención de que el mundo de la Biblioteca y el mundo romano habla sobre todo inglés con acento británico, y el mundo de los esclavos y el mundo de los cristianos hablan con acento de Oriente Próximo. Tenemos actores israelíes, palestinos, egipcios, iraníes. Hemos intentado huir de más mezclas”.

“En el rodaje coincidimos gente de lugares muy diferentes; éramos un equipo grande y diverso con un director joven al frente, y todo funcionó como una máquina porque el liderazgo que transmitía Alejandro era enorme, muy respetado por todos. Ése era uno de los retos de la película”, dice Fernando Bovaira.

La logística necesaria para que todo ese engranaje funcionara dependía en buena medida del director de producción, José Luis Escolar, uno de los profesionales con más prestigio de la industria española y con una amplia experiencia en producciones internacionales, como El reino de los cielos, Indiana Jones y la última cruzada o Las aventuras del Barón Munchausen.

“Mi primer objetivo cuando leí el guión fue encontrar un lugar que nos permitiera reconstruir Alejandría, la antigua Alejandría, hoy en día”, recuerda Escolar. “Visitamos localizaciones en España, en Turquía, en Túnez y en Marruecos, pero Malta no sólo tenía un alto porcentaje de lo que necesitábamos en cuanto a la luz y los espacios, sino que Fort Ricasoli resultó inspirador para la película. Además las caras de la gente susceptibles de convertirse en extras resultaban magníficas. Y al haberse rodado allí grandes producciones como Troya o Gladiator contaban con artesanos muy preparados artística y técnicamente para integrarse en los equipos de construcción, y con un personal experimentado en rodajes”.

Agora es una de las producciones más ambiciosas del cine europeo. Un esfuerzo que se ha hecho posible gracias al capital humano reunido por la producción, que ha realizado una búsqueda de los mejores profesionales para conseguir la excelencia.

“La gente que se ve en la película es real”, dice José Luis Escolar. “Con la arquitectura, igual: todo lo que se ve en la película se ha construido. Aunque las herramientas tecnológicas se han empleado de forma excepcional, la producción y el rodaje responden a un esquema clásico”.

“Nos propusimos construir y rodar físicamente lo más posible”, matiza el director. “La aportación digital se ha hecho con muchísimo cuidado y respeto a las condiciones de rodaje. No se ha añadido o retocado nada que pudiera mermar la credibilidad de la propuesta”.

“En retoque digital se van a meter 540 planos, de los cuales 150 son realmente grandes”, explica Félix Bergés. “Todo esto se puede hacer porque Alejandro tiene un cerebro privilegiado, y la película estaba prevista antes de llegar a rodaje. Por supuesto, en rodaje siempre hay que improvisar, pero lo verdaderamente importante estaba previsto y se ha rodado tal cual lo podemos ver en los animatics”.

Sin duda, otra herramienta fundamental para conseguir esa experiencia total perseguida por el director es la banda sonora. En esta ocasión la música de la película ha sido compuesta por Dario Marianelli, autor también de títulos como Expiación (por la que mereció un Oscar), Orgullo y prejuicio o V de Vendetta.

“La música de Ágora se la encargué a Dario Marianelli porque quería energía nueva en mi cine en ese aspecto”, dice Alejandro Amenábar. “Cada vez creo que es más importante confiar en los colaboradores. Es importante hacer un buen cásting de colaboradores y no imponer una única visión por muy claras que tengas las cosas. Cuando te metes en una película tan grande como ésta, comprendes que un músico como Marianelli le abre espacios nuevos a la película a los que seguramente yo no hubiera llegado”.

“El elemento realista es muy importante en la visualización de esta película”, explica Dario Marianelli. “Pero hablando de música, sería extraño pretender ser realista. Cuanto más grande es una película, más te tiene que ayudar la música a meterte en la historia. Ágora es una gran película, que necesitaba una gran orquesta y unas voces muy potentes que amplificaran la sensación de estar dentro de la pantalla, de participar en todo ese desconcierto, de sentirse dentro del conflicto o viajando entre nebulosas”.

Copyright de imágenes, notas de prensa y sinopsis de Ágora © 2009 Mod Producciones, Himenóptero y Telecinco Cinema. Cortesía de Hispano Foxfilm. Reservados todos los derechos.


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