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"American Gangster" (Ridley Scott, 2007)

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"American Gangster" (Ridley Scott, 2007)
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American Gangster

La leyenda del traficante de heroína, hombre de familia, verdugo y líder ciudadano Frank Lucas se contó por primera vez hace siete años en el New York Magazine en un artículo firmado por el periodista Mark Jacobson.

En el año 2000, el productor ejecutivo Nicholas Pileggi, coguionista de Uno de los nuestros y Casino, con Martin Scorsese, presentó el periodista a Frank Lucas, momento en que empezó un viaje durante el que Lucas contó su increíble auge y caída a Jacobson. La asombrosa historia de este no menos asombroso personaje empezaba cuando vio cómo el KKK (Ku Klux Klan) asesinaba a su primo en La Grange, Carolina del Norte, seguía con los años en que ganó alucinantes sumas de dinero con la venta de drogas y acababa con una condena de por vida en prisión.

A continuación, Mark Jacobson redactó “The Return of Superfly” (El regreso de Superfly), donde profundizaba en la compleja historia de un temporero muy pobre que se mudó a Harlem y que consiguió meterse en el naciente tráfico de heroína a gran escala y gobernar el imperio neoyorquino de la droga. Vendiendo un producto más puro y más barato a los miles de adictos de la época de la guerra de Vietnam, Lucas amasó una fortuna que se estimó en decenas de millones de dólares, pero también consiguió llamar la atención de la justicia. Si no hubiera traficado con una sustancia ilegal de las más letales, no cabe duda de que habría sido aclamado como uno de los hombres de negocios más inteligentes de la década, puede que del siglo, por haber levantado una empresa familiar de tal envergadura. Creció en la más absoluta pobreza en un pueblo sureño y llegó a Nueva York en 1946 hecho, según él, un “cabrón diferente”.

Trabajó durante dos décadas con Bumpy Johnson (el hombre que inspiró al padrino negro de las películas Shaft en los setenta) y actuó como su mano derecha hasta la muerte de Johnson en 1968, tomando ejemplo de gánsteres del calibre de Frank Costello y Lucky Luciano. Al morir Johnson, Lucas se hizo con las riendas del negocio, que cambió de rumbo dedicándose a la importación de heroína, y estampó su sello en la ciudad, volándole los sesos a cualquiera que osara oponerse a su voluntad.

Fascinado por el artículo de Mark Jacobson, el productor Brian Grazer, premiado por la Academia, compró los derechos del proyecto para Imagine Entertainment antes de reunirse con Nicholas Pileggi y Frank Lucas para oír de primera mano las hazañas del mafioso. Un buen número de las últimas películas producidas por Brian Grazer se inspira en historias verdaderas, desde 8 millas a Friday Night Lights pasando por Cinderella Man, el hombre que no se dejó tumbar y Una mente maravillosa, que parecen imposibles de superar. El productor ve la historia de Frank Lucas como una metáfora de la avaricia del capitalismo burocrático y reconoce que no había visto nada semejante.

Le fascinó la historia de un hombre que con “el sueño del empresario estadounidense encontró la forma de tratar con individuos en el sureste de Asia para obtener la mejor heroína del mercado”. Sigue diciendo: “Después de conseguir la heroína, hizo un trato con oficiales del ejército estadounidense para importarla en las bolsas de plástico que contenían los cadáveres de los soldados repatriados a Estados Unidos (la llamada “conexión cadáver”). Me pareció una idea notable, increíble y de lo más interesante”. A continuación, Brian Grazer habló con el veterano guionista Steven Zaillian para que escribiera un guión basado en la vida de Frank Lucas.

Steven Zaillian, ganador de un Oscar y autor de obras maestras como La lista de Schindler, de Steven Spielberg, y la aclamada Gangs of New York, de Martin Scorsese, habló durante meses con Frank Lucas y su ex perseguidor Richie Roberts (que ahora actúa como su defensor) para canalizar esta sorprendente historia que abarca varias décadas. El guionista también quedó fascinado por la sorprendente relación entre el multimillonario empresario mafioso y el complicado policía convertido en acusador. Estaba convencido de que podría escribir una demoledora parábola que no se limitaría a dramatizar el ascenso y caída de Frank Lucas, sino que enseñaría los caminos yuxtapuestos del perseguidor y de su bestia negra.

Richie Roberts, que fue detective en el condado de Essex, Nueva York, desde finales de los sesenta hasta principios de los setenta, acabaría por derrotar al popular héroe. El productor y el guionista estaban de acuerdo en que la fascinación de la historia no sólo surge de Lucas, que respetaba al pie de la letra un estricto código familiar mientras vendía veneno a miles de miembros de su comunidad, sino también de Richie Roberts, que no esperaba cruzarse con el del rey de la droga.

Sinopsis

A principios de los setenta, los policías corruptos abundaban en las calles de Nueva York. La guerra de Vietnam hacía estragos en Oriente y en Estados Unidos. Numerosos soldados volvían a casa muertos o adictos a un opiáceo llamado heroína, que compartían con jóvenes deseosos de experimentar cosas nuevas y que se enganchaban a la droga. Con la ayuda de las fuerzas del orden, la mafia funcionaba con casi total impunidad en este mercado libre de competencia.

Unos cuantos hombres blancos privilegiados e intocables pagaban cientos de millones de dólares a jueces, abogados y policías de Nueva York para que nadie abriera la boca y esa provechosa relación se mantuviera. Nadie se atrevía con los tentáculos de la Cosa Nostra. Hasta que apareció un hombre de negocios negro llamado Frank Lucas (Denzel Washington).

Nadie se fijaba en Frank, el callado ayudante de Bumpy Johnson, uno de los principales jefes de la mafia negra posterior a la guerra de Vietnam. Frank Lucas aprovechó el hueco abierto en la estructura de poder por la repentina muerte de su jefe para construir su propio imperio y crear su versión del “éxito americano”. Richie Roberts (Russell Crowe) es un policía duro, acostumbrado a la calle, que no tarda en darse cuenta de que el control del hampa está cambiando de manos.

Cree que alguien se está aupando por encima de las conocidas familias mafiosas y empieza a sospechar que un traficante negro ha salido de la nada para apoderarse de la situación.

Tanto Lucas como Roberts se basan en un código ético muy riguroso que les diferencia del resto de sus coetáneos. Son dos figuras solitarias en lados opuestos de la ley, pero el destino de ambos se cruzará a medida que se acerca un enfrentamiento que no sólo cambiará sus vidas, sino que alterará el rumbo de toda una generación de neoyorquinos.

 



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