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Mié05232012

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The-Cult-revista

"Besen a quien quieran" ("Embrassez qui vous voudrez", Michel Blanc, 2002)

Besen a quien quieran

Michel Blanc cambia de galaxia con su adaptación de Vacaciones inglesas, una novela del autor británico Joseph Connelly. La cuarta película de Blanc prueba que la comedia de costumbres, el humor sin expresión y la habilidad para reírse de uno mismo no son únicamente de dominio inglés.

Todos estos ingredientes se mezclan magníficamente en el molde parisino habitado por Charlotte Rampling, después de su inolvidable representación en Bajo La Arena, Jacques Dutronk (Van Gogh) como su pérfido marido, y un reparto que es como una muestra de la A a la Z del cine francés contemporáneo:

Con esta maravillosa compañía, Michel Blanc hace una sutil y brillante comedia.

Entrevista con Michel Blanc

Ha adaptado, con mucha sutileza, la novela de Joseph Connolly, "Vacaciones inglesas" conservando trama y personajes, pero borrando todo lo que tenía de caricatura y exageración, y añadiendo ambigüedad y ternura. ¿Era lo que buscaba desde el principio?

Cuando leí la novela, pensé que había material para hacer una comedia original y diferente de las que había podido llevar a escena hasta el momento. Si la comparábamos con un gran número de novelas francesas, encontrábamos un plus de elementos inesperados, ese humor irracional que se les da tan bien a los autores ingleses. Pero al mismo tiempo, y sin querer criticar la novela, lo que te hace reír cuando lees puede resultar pesado en imágenes y hacerte caer en la caricatura, incluso en la vulgaridad. Eso es, precisamente, lo que teníamos que evitar.

Sin embargo, ha conservado la estructura, bien engrasada como una obra de Feydeau, con sus equívocos y su continuo abrir y cerrar de puertas.

He seguido la estructura pero me he inventado un final porque la novela dejaba a los personajes y a las situaciones en suspenso, para poder continuar con sus aventuras en una segunda parte. Cuando estuve rodando la película, no la había leído, porque aún no la habían publicado. Lo que más me gustaba, era ver cómo esa estética de vaudeville clásico se mezclaba con un cinismo y un humor agrio que no encontramos normalmente en este tipo de comedias y que, a menudo, esconden una gran dosis de desesperación. Conservé la estructura, que era prácticamente perfecta, para construir un guión. Sólo tenía que profundizar en los personajes, pulirlos para que no fueran percibidos como caricaturas. Además, a los actores que elegí tampoco les habría gustado. Me interesan todos y, probablemente, todos tienen un trocito de mí, aunque hayan salido de la mente de otra persona.

¿Habló de la adaptación con el autor?

No, contaba con su aprobación para adaptarla libremente, que es la única posibilidad para guardar fidelidad al espíritu de un texto, porque hay un abismo entre lo que leemos y lo que vemos. Es mi película, mi visión de su novela, he aceptado unas cosas y he rechazado otras. Lo que he adoptado, lo he tenido que digerir previamente.

Sus personajes evolucionan todos o casi todos en un entorno favorecido.

No es una película social. No es mi intención, ni mi estilo. No quería escudarme en esa excusa. La base es la del vaudeville en un entorno más o menos favorecido. Hubiera podido mezclar ricos y proletarios como en La Vida es un largo río tranquilo, pero, en primer lugar, se ha hecho así, y está muy bien hecho y, además, no iba de eso.

Ha conservado tal cual a algunos personajes y ha cambiado el carácter y las motivaciones de otros. ¿Por qué?

He conservado a Bertrand, el personaje que interpreta Jacques Dutronc. En la novela, es cínico, desesperado, muchas veces sorprendente. Me gustaba. Me parecía diferente, que se escapaba a cualquier tipo de simplificación. Sin embargo, he cambiado el personaje de Maximime, interpretado por Vincent Elbaz. En el libro, es un representante comercial, machista, ligón, estrecho de miras, resumiendo, un tipo vulgar. Lo que me molestaba, es que el personaje no tenía "segunda lectura". En la película, los personajes sufren por sus defectos. Así, él hubiera sido el único que no sufría.

Le he convertido en un enfermo compulsivo, uno que no puede evitar el ligarse a todas las mujeres que pasan y que funciona por impulsos. No es sólo un “cabronazo”, es un “tarado”.

Esta “segunda lectura”, se la ha añadido a la mayoría de los personajes.

No a todos. Bertrand llevaba todas las lecturas en sí mismo, yo me he limitado a explotarlas. Pronuncia una frase clave en la novela que dejé para el final de la película: "La vida, si lo piensas, te destroza el corazón, pero si haces como yo, cruzándola en zigzag, resulta más bien cómica". Es una clave para el personaje pero, al mismo tiempo, lo es para toda la película en conjunto. Es un cínico, alcohólico por desesperación. El único aspecto en el que he insistido un poco más, es la necesidad profunda que tiene de su mujer Elizabeth, interpretada por Charlotte Rampling, y que disimula a toda costa.

Al principio, Elizabeth es una mujer banal, una burguesa que sólo piensa en ella y en su ropa de lujo.

Se ha refugiado en eso porque nadie le da nada. En la novela, quizá sea más banal por gusto. En la película, lo es porque se mueve en este universo, pero, paradójicamente, es, al mismo tiempo, inconsciente et inconscientemente lúcida. Cuando Lulú (Carole Bouquet) le pregunta que cómo se gana la vida, ella responde: "Me las apaño para estar desbordada". Es el inicio de su "despertar". Lo que me interesaba, era asistir a la toma de conciencia de Elizabeth y a su toma de poder. Cuando se despierta, ve por fin lo que tenía guardado dentro. Ya lo sabía todo, como si hubiera visto unas imágenes subliminales que no hubiera querido analizar.

Y luego, de repente, durante esos ocho días de vacaciones en Touquet, la vida le tiende una alfombra roja bajo los pies. Ella termina por pensar en estas imágenes. Y las ve. Nos damos cuenta de que siempre lo ha sabido pero que, como muchos de nosotros, se ha ido resignando poco a poco, porque la vida nos va llevando solapadamente hacia ello: cualquier cosa menos hacer una revolución, como termina haciendo. De repente, el hecho de encontrarse sin su marido en este lugar en el que pasaba las vacaciones, cuando era pequeña, la ayuda a descubrir de nuevo a la niña que fue. "¿Qué ha sido de esta niña? ¿Dónde están sus sueños?" Se lo replanteará todo, no se lamentará por no haber cumplido sus sueños de adolescente, sino que irá, poco a poco, tomando el poder.

En la novela, Elizabeth es egoísta, cínica. ¿Por qué hacer que sea tan generosa en la película?

También por miedo a caer en la caricatura. Una mujer que tiene dinero frente a una amiga que está atravesando una situación de desastre financiero y que se pasa todo el tiempo haciéndole notar lo necesitada que está, no me interesaba. Elizabeth puede ser hiriente, pero no se da cuenta. Está como ausente: le hace daño a la otra sin darse cuenta. Entre Véro (Karin Viard) y ella, hay muchos malentendidos. Véro lo ve todo bajo el prisma de sus problemas financieros. Elizabeth a veces es ambigua, pero de eso tampoco es consciente. Está como encerrada en su papel de madre de familia burguesa, convencional e indiferente. En realidad, es excesiva y apasionada. Pero necesita un elemento desestabilizador para volver al mundo real.

Hay otros dos personajes que terminan siendo distintos de lo que parecen al principio de la película: la pareja interpretada por Karin Viard y Denis Podalydès, Véro y Jérôme.

Al principio, Véro ejerce una constante agresividad hacia su marido. En realidad, es horriblemente desgraciada. Karin Viard nunca ha tratado de hacer trampas con su personaje. Ha interpretado sin trampa ni cartón a esta mujer “difícil”. Pero poco a poco, vamos descubriendo en ella un sentimiento de tristeza, de malestar. En cuanto a Jerôme, es un poeta. Un tipo que colecciona contadores de gas porque le parecen bustos, sólo puede ser un poeta, un soñador. Ha fracasado en muchas cosas pero sigue currándoselo para salir airoso y hacer feliz a su mujer y a su hijo. Porque Véro y él, a pesar de todo, se quieren muchísimo. Esta pareja está unida por una desgracia y un problema financiero, pero, por encima de eso, física y sentimentalmente, se quieren de verdad. No me puedo imaginar a uno sin el otro.

Elizabeth tiene otra amiga, Julie, interpretada por Clotilde Courau. Es una perdedora que trata de acabar con su mala racha aunque se equivoca de todas todas. ¿Tiene una cierta debilidad por las víctimas?

No por las víctimas resignadas. Me gusta la gente que lucha, tengo debilidad por los luchadores. Julie colecciona equivocaciones. Está falta de amor, pero la apariencia bajo la que se esconde atrae a un tipo de hombre que es incapaz de darle lo que realmente desea. Elizabeth se lo dice: "No te aguanta ningún hombre, eliges mal, eso es todo". Tampoco es una madre desnaturalizada. Nos da la impresión de que está feliz por dejar su hija a Véro, porque no la soporta, pero lo que no soporta son sus continuos fracasos sentimentales y este ser insignificante es la encarnación del más reciente. Por eso siente una exasperación constante frente a los gritos del bebé. En realidad, las dos tienen el mismo problema: la niña llora por falta de amor, y por esa misma razón Julie es incapaz de dárselo.

La tercera pareja, la forman Lulú, interpretada por Carole Bouquet y Jean-Pierre al que interpreta usted. Él, está realmente loco.

Es un enfermo. Los celos obsesivos que siente hacia su esposa son una pesadilla para él y para ella.

¿Por qué sigue ella con él?

Lulú quiere a Jean-Pierre, pero se ve desbordada por su locura. Como le dice a Elizabeth, las cosas se han ido degradando poco a poco. Al principio, Jean-Pierre era el compañero ideal. Siempre atento, acompañándola a todos los sitios, incluso a la peluquería… Connolly sitúa una escena muy violenta, nada divertida, pero extraordinariamente fuerte, al principio de la novela. Me encanta esta escena porque puedes escapar del estereotipo del celoso de comedia “tocapelotas pero bueno en el fondo” La he conservado pero la he dejado para el final, porque cuando llegas a esos límites en una pareja, se cambia radicalmente. Ya no volvemos a reírnos de su relación y todo lo que viene luego es algo más profundo. Después de habernos reído de los celos de Jean Pierre, nos damos cuenta de su violencia y de su locura… Me gusta llevar a los personajes al extremo. No sé por qué una comedia tiene que ser "razonable". Cuando superamos la risa, la comedia suele tomar otra dimensión que me interesa. El problema es que hay que parar en el momento en el que un paso más podría dar al traste con el talante de la película y recuperar inmediatamente el tono de comedia…

Y sin embargo es la pareja que nos hace más gracia con sus equívocos. La escena del "caramelo de menta" es especialmente divertida.

Porque Carole la interpreta con tal entusiasmo y realismo que no parece que quiera ser cómica. Cuando la interpretó la primera vez, hasta yo me eché a reír. Carole está enfadada de verdad, es sincera. No trata de marcar la diferencia, de hacer como si la actriz fuera más inteligente que el personaje. No hace trampas, va directa al grano.

Emilie, la hija de Bertrand y Elizabeth es un poco mutante en sus relaciones con los hombres. Lou Doillon está sorprendente en este papel.

La frase clave de su personaje es: "no quiero terminar como mi madre, con un tío que se folla a mi mejor amiga." Nos damos cuenta de que ella también lo sabe todo. Todos saben muchas cosas, pero se callan y las utilizan. Emilie ajusta con los hombres las cuentas que no ha podido ajustar con sus padres, de ahí la violencia. Pero Lou aporta al personaje una gracia y un encanto diabólico que nos ayudan a entender a Kevin

Los otros chicos son más sentimentales.

Descubren el amor y la sexualidad. Pensamos que aún tienen posibilidades de convertirse en personas equilibradas, adultas. Pero teniendo en cuenta el entorno en el que se mueven, no parece tan fácil…

¿Y Kevin?

Elegí a Sami porque le había visto en Drôle de Félix y me pareció excepcional. Pensé que necesitaba a alguien que tuviera esa belleza, que desbordara esa simpatía para resistir a Lou Doillon. Aquí también se trata de una víctima que lucha. No es alguien débil, es un ser al que la pasión le vuelve frágil.

Al escribir el guión, ¿ya tenía este casting en mente?

No en el caso de todos los actores. Sí, por lo que respecta a Jacques Dutronc y a Carole Bouquet. Tenía una idea de Charlotte Rampling bastante equivocada, tengo que confesarlo, que cambió sobremanera cuando vi, Bajo la arena de François Ozon. Descubrí en ella una dimensión de posible finura, un registro “mayor”, mientras que, hasta el momento, me parecía muy grave, en una tesitura “menor”, como dicen en música. Necesitaba a alguien que pudiera liderar al equipo, alguien positivo, y me di cuenta de que ella también podía cumplir esta función. Hasta que no tuviera al tandem Charlotte y Jacques, me resultaría muy difícil componer el resto casting. Ahora, ya no puedo imaginarme a los personajes interpretados por otros actores. Todos estos talentos juntos tienen para mí un equilibrio perfecto, y sin embargo, no son más que un grupo de gente muy diferente que vienen de universos muy distintos. No es lo que se dice un reparto “familiar”.

¿Esto multiplica la dificultad?

No, multiplica el esfuerzo. No he tenido problemas personales con nadie, todo el mundo ha colaborado muchísimo. Pero no hay dos que funcionen igual. El trabajo con Charlotte Rampling y con Jacques Dutronc no se parece en nada. Cuando rodaba escenas con los dos, estaba al 100 % con cada uno, lo que significa que estaba al 200 % con los dos. Es mucho más fuerte, mucho más excitante, pero no tienen ni el mismo ritmo, ni reaccionan de igual modo ante las mismas cosas. Entre los actores, hay algunos que están listos de manera inmediata, otros que necesitan calentar, otros que son de brote inmediato y que, si no haces la toma a tiempo, pueden perder la gracia. Tú eres el que tiene que estar siempre disponible. Es tu trabajo como director. Tienes que preparar tu propia receta para que toda esa gente pueda dar el máximo de su talento, pero todos juntos, sin que ninguno se quede rezagado.

¿Y Michel Blanc como actor? ¿Cómo se ha sentido entre todos ellos?

Al final acepté el papel de Jean-Pierre por varias razones. Primero, porque nunca había interpretado a un personaje así, luego, porque no era un papel que estuviera presente constantemente. Primero se lo propuse a Daniel Auteuil. Como autor, pensaba que era mejor casting. ¡Lástima!, al final me lo llevé yo… He esperado hasta el último momento, porque no me gusta dirigirme y, al mismo tiempo, dirigir a los demás. Pero mi película anterior, que tenía que durar dos años y en la que yo no actuaba, duró cuatro y medio y tuve que rechazar muchas proyectos. Con ésta, hubiera sumado seis años de ausencia. Era demasiado. La gente empezaría a pensar que ya no quería actuar, lo que, evidentemente, es falso. El hecho de que Carole interpretara el papel de mi mujer, terminó de convencerme. La conozco mucho, hemos actuado juntos, confío en ella. La mayor parte de mis escenas las comparto con ella, por eso me resultaba más fácil. Habría sido más difícil actuar con un desconocido y dirigirle al mismo tiempo, habría salido trasquilado, en el sentido de que hubiera prestado menos atención a mi papel, por miedo a no prestar la atención suficiente a mi pareja.

Quizá sea también porque es un papel que a usted le gustaba particularmente. Nunca ha interpretado a sicópatas, pero los tocapelotas, algunas veces…

Los elementos que lo componen son los de un neurótico, con la única diferencia de que cruzo la frontera. Ya había interpretado a tipos que iban en esa dirección. Me encantan los papeles complejos como en Monsieur Hire o en Traje de etiqueta, pero para hacer estos papeles, necesito que me dirijan. Me gusta olvidarme de todo y centrarme en mi personaje. Jean Pierre me parecía – con razón o sin ella... - de mi estilo. Sólo había que trabajarlo un poco.

Usted ha escrito la adaptación, el guión y los diálogos de la película. ¿Cuándo llegaba al plató, dejaba espacio a la improvisación?

Normalmente preparo y preveo todo antes: así me obligo a pensar en los movimientos de cámara, en los encuadres, en los movimientos de los personajes… A partir del momento en que sé por qué quiero rodar de una manera determinada, o en el que he analizado todos los componentes de la escena, puedo rodar de un modo diferente, si es necesario, sin perder la coherencia. En los ensayos, les explico a los actores cómo lo veo y lo probamos. Si alguno me propone otra cosa y me parece bien o le resulta imposible hacerlo de esa manera, como ya he hecho todo este trabajo de análisis, puedo utilizarla y adaptarme. Pero no me gusta la improvisación. A veces me ha tocado sufrir a algún director que parecía que hacía un reportaje sobre el talento de sus actores. Un director de cine es como un director de orquesta. Es el que dirige la partitura, pero tampoco tiene que ser un negrero. Yo nunca he tenido problemas con ningún actor: cuando tenían otras ideas, eran inteligentes, y solían ir en la misma dirección que yo había dado al personaje. Me gusta que los actores disfruten interpretando lo que yo les indico sin que tengan que renunciar a ser ellos mismos.

Existen varias lecturas de esta película. Una de ellas da una bonita visión de las mujeres, en absoluto servil.

Mi visión de la película estaba condicionada por la mirada de estas mujeres sobre sus vidas y la manera en la que les hubiera gustado que evolucionara. Descubren juntas el placer de ser mujeres. Ninguna de ellas, por diferentes razones, puede serlo antes. Sus vidas, sus sufrimientos las han privado de todo y se dan cuenta, de repente, de la felicidad que se esconde en la complicidad, la risa, la amistad.

Se ha cuidado mucho el decorado y el vestuario. ¿Les ha dado carta blanca al decorador y al encargado de vestuario?

Normalmente les explico los personajes, las acciones y los ambientes y les pido que piensen en algo. Nunca digo que no a priori. Siempre tengo una idea preconcebida, pero no digo nada, esperando que encuentren algo mejor que lo mío. Y, como casi siempre es así, pues es un buen sistema. Por ejemplo, ese lugar increíble al que Véro y Jerôme van a pasar las vacaciones. En la novela, era un camping de caravanas. No había pensado nada pero no quería caer en el tipo “Crónica de una violación” (Dupont la Joie) con sus gorras y su Ricard. Está pasado de moda y además es mezquino. El decorador entendió enseguida que Jérôme, que colecciona contadores de gas, no llevaría a su familia a un sitio tan pasado de moda. Se le ocurrió utilizar estos Algeco, de diseño por dentro, que no son de mal gusto, pero que, en conjunto, resultan horribles. Rodamos en las zonas comunes del hotel Westminster en Touquet, pero las habitaciones las recreamos en estudio. Inventó una serie de habitaciones perfectamente coherentes que cuentan la historia de un centro vacacional familiar y burgués, con un lujo estilo años 20. El rodaje de exteriores en Touquet se nos facilitó en todo momento gracias a la colaboración del Consejo General de Pas de Calais. La casa de Bertrand y Elizabeth fue difícil de encontrar. Rodamos en ella durante mes y medio y creo que hicimos tomas de todos los rincones. Tenía la impresión de estar rodando en un trasatlántico. En este caso también, Benoît Barouh proyectó la casa para ayudarme a construir los personajes. En cuanto al vestuario, es correcto, sin llegar a caer en el estereotipo. Los actores llevan una ropa distinta a la que yo me había imaginado. Tengo que confesar que Olivier Bériot, el encargado de vestuario, me ha obligado a llevar camisas con las que nunca me hubiera atrevido para Jean-Pierre, pero que, sin embargo, me han ayudado a construir el personaje.

Unas palabras para definir este montaje, contundente.

Hay dos momentos que me encantan en una película. La relación con los actores. Y el montaje. Esta es la tercera película en la que trabajo con Maryline Monthieux , con la que gozo de una total complicidad. Cada uno de nosotros sabe cómo funciona el otro, lo que nos permite trabajar mejor y más rápido. Y además, me encanta su devastadora franqueza, que me ha dejado sin dormir algunas noches, pero que nunca me ha permitido achantarme y simplificar las cosas, para que sean más fáciles. Sigo haciendo modificaciones hasta después de la mezcla de sonidos. He cambiado el orden de dos escenas al final y he cortado alguna imagen. El montaje, es lo que le da ritmo a una película. Es musical. La gran pregunta que me he planteado al final del rodaje ha sido, como siempre: "¿Todo esto terminará siendo una película?" Maryline ha hecho un primer montaje poniendo las escenas una detrás de otra, respetando mi guión. Pero no funcionaba, porque había tratado las escenas y los personajes de una manera bastante similar, con un mismo ritmo. Iba a toda velocidad, no te quedabas con ninguno y, al mismo tiempo, era demasiado largo. Ya me lo dijo antes de la proyección: "Esto no es la película, tenemos que currárnoslo, pero no te preocupes, daremos con ello". Quise suicidarme durante unos días, como siempre, y luego, lo reconstruimos todo de otra manera. Y, poco a poco, empezó a funcionar. Es emocionante cuando tienes, de repente, una intuición y se va haciendo realidad. Es la felicidad en grado superlativo.

Al final, ¿es una película desesperada u optimista?

Siempre tengo la impresión de que mis películas son optimistas en el fondo. Es mi sino… Soy un optimista ansioso. Creo que todo puede ir mal, pero que vale la pena luchar. La novela era más cínica y negativa que la película. Los personajes son como insectos en una tela de araña. No es mi manera de ver la vida. O, más bien, lucho, quizá desesperadamente, para que no sea así.

Sinopsis

Los caminos de diferentes personas de vacaciones en el mismo hotel se entrelazan en una divertidísima comedia de errores.

Una película a veces alegre, a veces agridulce.

Un grupo de amigos decide irse de vacaciones juntos. Elizabeth, una glamurosa ama de casa, que es la que manda, se ofrece a compartir habitación con su amiga soltera Julie y su bebé. Horrorizado por la oportunidad, su marido decide quedarse en la ciudad, donde pasará una semana con su amante. Otra pareja, Vero y Jerôme, se unen a la “diversión” junto con su hijo Loic, aunque no se quedan en el mismo hotel ya que no se lo pueden permitir.

Muy pronto, Vero se ofrece para cuidar a la hija de Julie, negociando con ella por Loic, desesperado por perder su virginidad, y que finalmente acaba haciéndolo con Elizabeth, mientras que Julie tiene un tórrido romance con Máxime, un seductor que está en el mismo hotel. Mientras tanto, Lulu y Jean-Pierre, también huéspedes del hotel, tienen problemas a causa de los obsesivos celos de Jean-Pierre.

Entre identidades confusas, intentos de suicidio, romances apasionados, mocosos gritones y testosteronas deambulando, la situación pronto alcanza proporciones épicas, interrumpidas por cambios muy femeninos y observaciones sobre los hombres y las relaciones.

Una refrescante y divertidísima película con un reparto lleno de estrellas.

Copyright de texto e imágenes © Vértigo Films. Reservados todos los derechos.


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