Cómo se hizo: notas de Rodrigo Cortés

Hay grandes historias e historias pequeñas. Su tamaño no depende de la inmensidad de sus paisajes, el número de personajes o sus pretendidos valores de producción.
¿Es El viejo y el mar una gran historia? ¿Sería más grande si Hemingway hubiera añadido diez o doce pescadores y un par de peces espada? El tamaño de una historia no se mide en centímetros cúbicos, depende sólo de… la historia.
Si interesa, si captura la atención y la mantiene sin baches, si obliga a desear saber, a necesitar saber, qué va a suceder.
¿Estoy intrigado, fascinado, el tiempo pasa sin darme cuenta y me siento tan atrapado en la piel de sus personajes que apenas recuerdo que no soy yo el protagonista? Si una historia consigue que uno se sienta de esta manera, es una gran historia.
Si no lo consigue, poco importa que haya una legión de orcos, una flota interestelar y el Ejército Rojo al completo luchando entre sí por la hegemonía de la Tierra.
El guión de Buried lo consigue.
Si alguien me hubiera preguntado hace unos meses si sería posible hacer una película dentro de un ataúd, como mínimo habría tenido que dar un par de vueltas a la manzana antes de contestar.
Mis dudas, en realidad, poco habrían tenido que ver con lo estrictamente cinematográfico, sino con la posibilidad de articular una narración que mantuviera el interés del espectador durante hora y media sin recurrir a apoyos adicionales.
Eso significa que quien de verdad ha respondido la pregunta con un: «sí, se puede» es su guionista, Chris Sparling.
Mi primera pregunta como director me la hago como lector: ¿he necesitado localizaciones extra o historias paralelas para engullir las páginas del guión hacia su fatal desarrollo?
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