Por lo mismo que el cine anglosajón recupera el culto a personajes fundamentales de su historia cultural, adaptando casi reverencialmente biografías con más de un detalle ejemplar, también refina esas vidas por medio de la imaginación, descubriendo en ellas las posiciones de espíritu más habituales de nuestro tiempo.
Cabe insertar aquí producciones como Capote (2006), inmejorable en todos sus niveles, o En la cuerda floja (2006), conmovedora y vibrante. Acercándonos ya a la contextura española, comprobaremos que este género biográfico no es muy frecuentado entre nuestros cineastas. De ahí que Camarón (2005), de Jaime Chávarri, signifique una excepción oportuna y también aleccionadora.
En este largometraje se nos narra la vida de un maestro de la música flamenca: José Monge Cruz, Camarón de la Isla. Por interés de su realizador, Jaime Chávarri, la obra queda resuelta en tres capítulos: el descubrimiento, la confirmación y el reconocimiento, que también conlleva una trágica despedida.
Como el filme se sostiene en varios pilares, el protagonista tantea el terreno artístico con el mismo anhelo con el que explora otras dimensiones de la vida: el amor, fijado familiarmente en Dolores, La Chispa, su decadencia como drogadicto y los colores y sonidos del éxito, engañosos pero atractivos.
Da vida a Camarón un intérprete de amplios recursos, Óscar Jaenada, en quien brota una vena trágica que le va bien al personaje.
El acierto de su intervención también se debe a Chávarri, buen director de actores. A partir del libreto de Álvaro del Amo, este cineasta ha sabido recrear con mesura un buen número de situaciones que, por su exceso sentimental, hubieran devenido fácilmente en melodrama.
Ya sabemos, sin embargo, que la película no pretende la emoción fácil, sino un deseo de acentuar la trascendencia del arte, incluso cuando este prospera en ambientes poco refinados. Lejos del intelectualismo profesoral o de la minucia propia de los documentalistas, Camarón es un espectáculo sugestivo, apasionado, suficiente para tomar la medida de un mito de articulación popular, cuya cita nos introduce en la atmósfera flamenca.
En tono coloquial y bohemio, este filme —parece claro— abre un camino al que se han de incorporar otras películas, entre ellas Lola (2006), la esperada biografía fílmica de Lola Flores.
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.
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