Gracias a los proyectos de coproducción, brota el alivio financiero y un animoso espíritu permite acometer planes de generosa envergadura.
En el caso de Cargo, han sido los acuerdos entre las compañías Morena Films y Slate Films los que han mejorado de forma substancial el presupuesto. Anticipando el éxito de este ambicioso largometraje, Canal + España y todas nuestras televisiones autonómicas han contribuido a un lanzamiento cinematográfico que, por vía institucional, también merece el respaldo de la Xunta de Galicia. Pero aunque estos datos influyen en la economía del sector, me interesa mucho más un detalle relativo a la identidad de la obra.
¿En qué medida es Cargo una película española? Al fin y al cabo, el autor del libreto es Paul Laverty, guionista habitual de Ken Loach, y su director es el documentalista Clive Gordon. Es decir, dos británicos dueños de su expresión local, que han pergeñado un cuento de intriga con una clara estirpe anglosajona. Por más señas, la trama se desenvuelve en un carguero que navega hacia Europa desde la costa occidental de África.
Así, pues, ya se ve que muchos espectadores acudirán a ver la pieza sin tener en cuenta su españolidad. Y sin embargo, esta película se arraiga en nuestro cine por razones artísticas y asimismo empresariales.
El reparto cuenta con dos rostros familiares para la audiencia hispana. Por un lado, el alemán Daniel Brühl, hijo de emigrantes ibéricos y muy desenvuelto en nuestro idioma y costumbres; y por otro, Luis Tosar, figura en alza dentro de la cinematografía europea.
El protagonismo de ambos se relaciona con la presencia en los títulos de crédito de Juan Gordon. ¿Y quién se presenta tras ese apellido escocés? Pues un productor español, al que le debemos el estreno de la cinta, pues fue precisamente Gordon quien congregó para su financiación a pequeños inversores de España, Reino Unido y Suecia.
Anécdota al canto: en un principio, dicho promotor quiso rodar en Sudáfrica, pero luego tuvo que situar el plan de trabajo en Europa para obtener subvenciones institucionales. «Finalmente —nos dice— decidimos rodar en España, con una mezcla de elementos españoles y británicos y con una variedad de actores de diferentes partes del mundo, tal y como sucede realmente en las tripulaciones de los barcos».
Filmada en Barcelona, Cargo se adscribe a una corriente comercial de la cinematografía española: aquella que se dirige a un público internacional y ocupa un tablero de ajedrez en el que juegan con ventaja las empresas norteamericanas.
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.
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