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Mié05232012

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The-Cult-revista

Crítica de "Anonymous"

Anonymous

El mundo de Anonymous resulta profundo, peligroso y perturbador. Es la primera vez que Roland Emmerich aborda este género hecho de historia y literatura, pero a la vista del brillante resultado, da la sensación de que lleva frecuentándolo mucho tiempo.

En el cine, cualquier producto que lleve la marca Shakespeare merece un respeto. Por supuesto, hay demasiados críticos –luego volveré sobre ellos– que piensan que Emmerich no se merece ni un minuto de su tiempo, y seguramente por ello analizan Anonymous como quien trincha un pavo el día de Navidad.

Vayamos por partes. A Emmerich le podemos reprochar un cine basado en los efectos especiales, repleto de clichés, un tanto infantil y formulario en términos narrativos. Dicho lo cual, Anonymous constituye una impagable sorpresa, precisamente porque no tiene nada que ver con las anteriores películas del cineasta alemán.

Podemos definir la película como un thriller político ambientado en la Inglaterra isabelina. El guión, obra del competente John Orloff –el autor de Hermanos de sangre–, se reinventa la vida de Edward de Vere, duque de Oxford, un noble poeta y mecenas que vivió durante la segunda mitad del siglo XVI.

Aunque la trama nos presenta a DeVere (Rhys Ifans) en medio de las intrigas bizantinas de la Corte, lo cierto es que su relación con la reina Isabel (una inmensa Vanessa Redgrave) queda en segundo plano cuando sabemos que es él quien escribió en realidad las obras por las que Shakespeare se llevó la fama.

La película se abre con un prólogo teatral protagonizado por Derek Jacobi. A partir de ese inteligente recurso, entramos de lleno en la acción. Pese a la importancia que Emmerich le concede a DeVere, el relato se vuelve coral gracias a la intervención de personalidades tan poderosas como el consejero de la reina, William Cecil, barón de Burghley (magnífico David Thewlis), Henry Wriothesley, duque de Southampton (Xavier Samuel) y el propio Shakespeare (un desmedido y simpático Rafe Spall).

El dramaturgo Ben Jonson es encarnado por un sorprendente Sebastián Armesto: el hijo de ese fabuloso historiador que es Felipe Fernández-Armesto.

Anonymous

Una poderosa ficción histórica

En la misma línea que exploró Amadeus a la hora de transfigurar la biografía de Mozart, Anonymous se vale de los elementos del folletín –asesinatos, amoríos, revelaciones inesperadas e intrigas de variado calibre– para dar validez a la que los estudiosos de Shakespeare llaman la teoría oxfordiana.

Según esa antigua teoría revisionista, Edward de Vere es el verdadero autor de las obras de Shakespeare. El primero en atreverse a sostener la sacrílega idea fue J. Thomas Looney en su libro Shakespeare Identified (1920). De ahí en adelante, personalidades como Sigmund Freud, el premio Nobel John Galsworthy, Sir John Gielgud, Orson Welles y Mark Rylance, director del Globe Theatre entre 1995 y 2005, apoyaron la sugestiva propuesta, cuyos puntos flacos e inconsistencias no han hecho decaer a sus prestigiosos seguidores.

Con ciertas libertades históricas –no mayores que las de Amadeus, por cierto–, Anonymous refleja con madurez e inteligencia las intrigas cortesanas y los secretos literarios y familiares que las sostienen. Se trata de un relato espeluznante en el que la ambición y el arte prosperan en un territorio amoral.

A la excelencia del reparto –sin un solo elemento discordante– se suma una puesta en escena sencillamente espectacular. Y para colmo de nuestra felicidad, Emmerich abandona su estilo grandilocuente y nos entrega un relato filmado con corrección, sobriedad y momentos de grato academicismo.

Sólo cabe hacerle un reproche, y es que durante el primer acto los flash-backs no se encadenan con la claridad deseable, lo cual impide que un público más amplio se involucre desde el primer momento en una trama absorbente y llena de sorpresas.

¿Y dónde queda Shakespeare? Curiosamente, pese a que la cinta le convierte en un pícaro oportunista, la trama es densamente shakespeareana, y no faltan los momentos en los que se expresa esa emoción genuina que uno siente al ver Hamlet o El sueño de una noche de verano.

"La cuestión no es tener razón sobre Shakespeare –escribía mi admirado Christopher Hitchens en 2002–. La cuestión es ser shakespeareano".

Anonymous

El peso de los prejuicios

Decir algo bueno sobre una película de Emmerich es, para bastantes críticos, más difícil que resumir Ricardo III. En el caso, claro está, de que hayan leído o visto ese drama (El público no tiene por qué conocer con detalle la obra de Shakespeare, pero sin caer en pedanterías, no deberíamos ser tan indulgentes con la cultura de quienes se dedican a este oficio).

En realidad, nos hallamos ante un terreno abonado para las paradojas. Hay quien dice que la película no está mal y que el reparto es espléndido... a pesar de su director. Otros insisten en sus devaneos seudohistóricos, olvidando que Hollywood y la precisión histórica suelen ser dos conceptos antitéticos.

He leído alguna crítica empeñada en desmontar la teoría oxfordiana, como si ésta hubiera sido imaginada antes de ayer por el propio realizador. (Un propósito –el del crítico– empañado por varios errores atroces a la hora de describir el periodo isabelino en el que se ambienta la cinta).

Incluso hay quien, en un alarde intelectual digno de mejor causa, acusa al realizador de elitismo, al considerar que Anonymous es una maniobra conspirativa que niega la posibilidad de que un fulano de escasa formación como Shakespeare fuera capaz de escribir obras de tan inmenso valor. (Es curioso que ese mismo columnista venga a decir que Emmerich es autor de fantasías delirantes, y que por lo tanto, un ignorante tan poco fiable no puede acercarse a un material narrativo e histórico tan noble sin estropearlo).

En fin: palabras como disparate y estupidez suenan bien cuando uno habla de películas olvidables o simplemente malas. Pero aplicarlas a un drama tan minucioso como Anonymous solo es fruto de esa funesta manía destructiva de nuestro gremio.

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Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes (Reiner Bajo) © 2011 Columbia TriStar Marketing Group, Inc. Cortesía de Sony Pictures Releasing de España. Reservados todos los derechos.

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Escritores del futuro. Notas sobre literatura y teatro, Luis Gregorich, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1995, 142 pp.

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