
El siempre inquieto Steven Soderbergh se atreve con el cine de catástrofes en esta sólida producción centrada en una hipotética pandemia y el modo de combatirla. Un excelente reparto y una estimable seriedad la convierten en una buena muestra de su género.
Como suele suceder con Soderbergh, y esto está más cerca de una opinión personal que de una crítica acedémica, la brillantez formal de la película, y el buen trabajo del director con los actores es admirable, si bien el producto no logra librarse de cierta frialdad y lejanía que impiden una total implicación del espectador.
Sus defensores, con todas las de la ley, pueden argumentar que el director evita manejar los sentimientos del espectador cual manipulador profesional, pero no cabe duda que, en más de un par de momentos, busca emocionar a la platea, sin terminar de lograr un lloriqueo general.

La mejor parte de Contagion es esa herencia del cine de los setenta, o de gran parte de las películas de género británicas, donde un reparto abundante en cantidad y calidad encarna a una serie de profesionales –en este caso de la salud, aunque sin obviar a los militares y a algún civil- que, con seriedad y dedicación por su tarea, luchan sin aspavientos por combatir contra un mal común, en este caso un virus letal que se expande con una velocidad vertiginosa gracias a estos tiempos tan globalizados, y que, pese a ser detectado con rapidez, amenaza con exterminar a una gran parte de la población mundial.
Más que ocuparse de rodar escenas masivas con la población estirando la pata o destrozando las ciudades a base de motines, Contagion se centra en el trabajo y los problemas, de investigadores, responsables de salud y demás personajes situados en primera línea de combate contra la enfermedad.
Blogueros y teorías de la conspiración
Soderbergh también juega con la paranoia del espectador, ya que se nos cuenta que el virus se contagia por contacto, tocando cualquier objeto y superficie que haya podido tocar antes in infectado, haciéndonos pensar en la cantidad de porquerías que podemos tener al cabo del día en nuestras manos, rostros o bocas.
En más de una ocasión, el público, como comprobó quien les escribe en el Festival de Sitges, se retira instantáneamente la mano de la cara por lo que se dice o sucede en la pantalla.
Hablando de virus y contagios, Soderbergh también se ocupa de un mal muy propio de nuestros días, que son esos nuevos gurús y líderes de opinión llamados blogueros, cuyo poder de convocatoria puede ser tan peligroso como su perspicacia a la hora de explotar la desconfianza y el descontento de la población respecto a las autoridades, aunque sea recurriendo a falacias y teorías de la conspiración lanzadas con afán de lucro y ansias de poder mediático.
En este aspecto, el bloguero interpretado por Jude Law resulta tan repulsivo, temible y creíble como la propia pademia protagonista.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © 2011 Warner Bros. Pictures, Participant Media, Imagenation Abu Dhabi y Double Feature Films. Cortesía de Warner Bros. Pictures International España. Reservados todos los derechos.
1 días atrás
132 días atrás
132 días atrás
159 días atrás
174 días atrás
196 días atrás
231 días atrás
276 días atrás
2205 días atrás
3016 días atrás
1357 días atrás
1877 días atrás
2687 días atrás













































































