
El cambiazo (The Change-Up) es la nueva comedia de David Dobkin, un cineasta que perdió con la olvidable Fred Claus parte del prestigio ganado con la estupenda De boda en boda. Por desgracia, El cambiazo no supone un cambio positivo en su carrera.
Quizá el problema que tengo con esta producción es que pertenece a un subgénero que detesto particularmente: la comedia gamberra –mala traducción de raunchy comedy–. Una fórmula que nos brinda poquísimos títulos estimables –Animal House, de John Landis, La mujer explosiva, de John Hugues, Fast Times at Ridgemont High, de Cameron Crowe, y poco más–. En fin, confieso este prejuicio antes de que algún lector me lo eche en cara.
Es evidente que el trayecto comercial de El cambiazo sigue la línea prefijada por otros éxitos recientes: La boda de mi mejor amiga (Bridesmaids), Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia! (The Hangover Part II), Bad Teacher y Cómo acabar con tu jefe (Horrible Bosses). Comparte con esos títulos el humor burdo, el gusto por la grosería y también las alusiones sexuales, aunque el esquema básico de la cinta sea más inocente, y de la impresión de que funcionaría mejor como episodio piloto de una sit-com.

Tenemos a dos amigos de la infancia, Mitch (Ryan Reynolds) y Dave (Jason Bateman), a quienes la vida ha distanciado. Dave es abogado y adicto al trabajo, por no hablar de las obligaciones que le impone el hecho de estar casado y ser padre de tres hijos.
Por el contrario, Mitch es el típico soltero irresponsable, que envidia el equilibrio que Dave ha alcanzado con su mujer, Jamie (Leslie Mann).
Por supuesto, a Dave le ocurre lo mismo: añora la libertad de la que disfruta Mitch.

Como en las viejas comedias de los ochenta, una noche viendo un partido de béisbol en un bar es el anticipo de un mágico intercambio de identidades: Mitch despierta con el cuerpo de Dave, y viceversa.
En definitiva, algo relativamente similar a lo que nos contaban las dos versiones de Freaky Friday –Viernes loco (1976) y Ponte en mi lugar (2003)–, De tal astilla... tal Palo (Like Father, Like Son, 1987), de Rod Daniel, o Una rubia muy dudosa (Switch, 1991), de Blake Edwards. Dos personajes intercambian sus apariencias y tienen que afrontar ese reto sin que los demás descubran su condición de pez fuera del agua.
Jon Lucas y Scott Moore, los autores de The Hangover, no se ganan su sueldo como guionistas. Sin embargo, a pesar del escabroso material que deben interpretar, Ryan Reynolds y Jason Bateman acreditan que tienen mucho carisma y sentido de la comedia.
Por otro lado, hagan lo que hagan, es difícil no enamorarse de Leslie Mann y Olivia Wilde, o no sentir simpatía por el gran Alan Arkin, que en este caso da vida al padre de Mitch.
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