
¿Sabéis una cosa? Siento debilidad por casi todas las películas en las que se involucra Guillermo del Toro. Su carrera tiene altibajos comprensibles, pero conserva un encanto que ya quisieran para sí otros cineastas.
Todo el mundo sabe que Shrek fue una de las franquicias más rentables de la pasada década. O sea, que no solo dio dinero en taquilla y en el maltrecho mercado del DVD, sino que hizo fortuna a través de la venta de camisetas, muñecos y cajas de cereales.
Las predicciones del mercado cinematográfico han acabado en eso: en saber cuántos videojuegos se van a comercializar gracias a un estreno. Y creedme, Shrek y sus secuelas dieron de sí todo lo deseable, y un poco más.
Ese algo más habla ahora con la voz de Antonio Banderas y tiene siete vidas. Me refiero, por supuesto, al personaje principal de El gato con botas, la divertida película en la que Guillermo del Toro ejerce como productor, y que llega a nuestras pantallas con el sano deseo de vender miles de entradas en la temporada prenavideña.
A estas alturas da un poco igual, pero el caso es que nos hallamos ante una precuela rodada en los formatos de moda: Real D 3D e IMAX 3D.
El director Chris Milller nos cuenta la aventura en la que el felino parlanchín se une a Humpty Dumpty y a la gatita Kitty. ¿Sus enemigos? Los perversos Jack y Jill, que han descubierto un poder capaz de destruir el mundo.
Para satisfacer al público que la vea en versión original, Banderas comparte reparto con Salma Hayek, con el insoportable Zach Galifianakis –lo sé, estoy en minoría–, con Billy Bob Thornton y Amy Sedaris.

La palabra mágica: spin-off
Os decía que ésta es una precuela. El Gato aún no conoce a Shrek. Como en el fondo es un caballero andante, no lo duda dos veces cuando descubre las maquinaciones de Jack y Jill (Thornton y Sedaris). A partir de ahí, sus principales aliados en este western de capa y espada serán Humpty Dumpty (Galifianakis) y Kitty Softpaws (Salma Hayek), con quienes establece las dos típicas relaciones que se dan en este tipo de argumento: el colegueo y la tensión amorosa.
Aunque la trama no dé mucho más de sí, el proyecto cumple varios años. Todo comenzó en 2004, tras el lanzamiento de Shrek 2. En realidad, dado que esta última fue una secuela, nos hallamos ante el spin-off de una secuela, lo cual, en otras manos, podría traducirse como directo a DVD. Pero el mercado del cine es así de volátil, y al final se impuso la idea de rodar un largometraje para su exhibición convencional.
El dólar manda, y a DreamWorks no pareció importarle que Shrek sea hoy una franquicia en clara decadencia. Gracias a ello, ahora se estrena esta más que digna producción.
Por cierto, el público hispanohablante ya puede prepararse para una orgía de tópicos latinos, hilvanada por los guionistas Tom Wheeler y David H. Steinberg. Y para que no dejen de sonar guitarras y castañuelas, el compositor de la banda sonora, Henry Jackman, se inspira en la música más racial de Manuel de Falla y en las bellísimas españoladas de Ravel y Debussy. Todo ello aderezado con percusión latina y aires folklóricos.

Marketing en estado puro
Aunque la idea romántica es que la película funcione por sí misma, el negocio está en otro sitio. O eso nos parece a muchos.
Si visitáis un McDonald's a partir de noviembre, descubriréis una completa colección de muñecos de El gato con botas. Y si lo vuestro es el ocio digital, podéis echarle un vistazo al juego que próximamente lanzará THQ para Xbox 360, PlayStation 3, Nintendo Wii, Nintendo 3DS y Nintendo DS.
Datos para una partida de Trivial
Le Maistre Chat, ou Le Chat Botté. Así conocen los niños franceses al mítico personaje inmortalizado por Charles Perrault (1628–1703). El escritor incluyó al minino en su libro Histoires ou contes du temps passé (1695), como protagonista de una historia que tiene mucho de picaresca.
Los integristas de la corrección política y quienes leen los cuentos como si estuvieran escritos por Freud probablemente se sientan incómodos ante El gato con botas. De hecho, es una historia perfectamente inmoral, en la que el heroísmo y la superación quedan sustituidos por una sucesión de trucos, timos y embustes.
¿Invención de Perrault? Obviamente, no. Es más: el felino ya figura en Costantino Fortunato (1553), de Giovanni Francesco Straparola, y en otros cuentos muy anteriores.
![]()
Copyright del articulo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © Paramount Pictures y DreamWorks Animation SKG. Reservados todos los derechos.
![]()
136 días atrás
216 días atrás
186 días atrás
234 días atrás
278 días atrás
285 días atrás
315 días atrás
324 días atrás
3309 días atrás
2673 días atrás
490 días atrás
540 días atrás
2463 días atrás













































































