
Fabiana (Martina García), camarera en un bar de copas, se siente atraída por la actitud atormentada de Adrián (Quim Gutiérrez), un cliente ocasional con el que pronto entabla una apasionada relación. Parece que a la muchacha le ha tocado la lotería: su nuevo novio vive en una gigantesca mansión y es, nada más y nada menos, que el director de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Sin embargo, pronto surgirán los problemas. La policía investiga la misteriosa desaparición de la anterior novia de Adrián (Belén, interpretada por Clara Lago), que desapareció sin dejar rastro tras romper con él. Y, por si fuera poco, Fabiana comienza a sentir que en la casa hay una presencia extraña.
Así arranca la trama de La cara oculta, una coproducción entre España y Colombia protagonizada por los españoles Clara Lago y Quim Gutiérrez y por la colombiana Martina García. La gestación de este proyecto se remonta a 2008, fecha en la que un guion escrito por el salmantino Hatem Khraiche Ruiz-Zorrilla llamó la atención de la firma colombiana Dynamo Producciones, que se dispuso a llevarlo adelante implicando a 20th Century Fox y a las productoras españolas Avalon y Cactus Flower. La dirección del mismo recayó en las manos de Andrés Baiz –que el año anterior había debutado en el largometraje con Satanás, perfil de un asesino (2007)–, el cual retocó el guion para que en su gran parte pudiera ser rodado en su Colombia natal.

Aunque ambientado principalmente en Bogotá (y, en menor medida, en Barcelona), La cara oculta (que inicialmente iba a titularse Búnker) desarrolla, en palabras de su director y coguionista, una "historia bastante universal, alejada del tono de la mayor parte de las películas colombianas que se hacen, en las que dominan los temas de clase, que retrata la pobreza o el conflicto nacional" y centrada en "la posesión, el amor enfermizo, los celos" y sus pavorosas consecuencias.
Repleto de giros y sorpresas, en este thriller psicológico con elementos de terror nada es lo que parece. El guion de la película juega a confundir al espectador empleando diversas trampas y dando una original vuelta de tuerca a un tema tan manido como el de "chica inocente se enamora de un tipo inquietante". Especialmente en su primer tramo, en el que la historia se narra tal y como la percibe el personaje de Fabiana, maneja elementos propios del terror sobrenatural con préstamos tomados de filmes como Lo que la verdad esconde (What Lies Beneath, Robert Zemeckis, 2000). Son igualmente evidentes las deudas al Hitchcock de Rebeca (Rebecca, 1940) y Sospecha (Suspicion, 1941), especialmente en la figura del galán torturado interpretado por Gutiérrez, retratado ora como víctima de un desengaño amoroso ora como inquietante Barba Azul que afirma sin ningún empacho sentirse atraído por el lado oscuro de la Naturaleza, por "lo que esconde de malo" .
Como todo thriller pasional que se precie, La cara oculta trata de poner el énfasis en el lado más perverso de las relaciones sentimentales. Trufada de sexo y de escenas de desnudos gratuitos, tanto que rozan lo risible –Fabiana se pasa casi toda la película en remojo–, la película supone una suerte de cuento moral no exento de cachondeo y de mala baba en el que se reflexiona, en palabras de Martina García, "sobre las relaciones, el amor, los miedos y la condición humana. En resumen, sobre la imposibilidad de las relaciones". Un cuento en el que la casa funciona no solo como mero escenario de una retorcida guerra de sexos, sino que llega a erigirse como un personaje más en la trama, si bien el director no es capaz de extraerle todo su potencial, orquestando una puesta en escena correcta pero no reseñable.

La cara oculta va ganando enteros a medida que transcurre su metraje. La primera parte, centrada en el personaje de Fabiana, sorprende por el aprovechamiento torpe y casi mecánico de todos los clichés inherentes al thriller de envoltorio terrorífico. Claro que tras este primer acto, que parece exhibir sin complejos la palabra "previsible" marcada a fuego, la historia da un giro inesperado que tira por tierra todo lo visto hasta entonces. Le toca ahora el turno a Belén (el personaje de Clara Lago), que viene dispuesta a animar el cotarro contando su versión de los hechos y pulverizando de paso las expectativas del espectador –al menos, de aquel que no haya visto el tráiler, inexplicablemente plagado de spoilers–. Es entonces cuando La cara oculta tira de bilis y de humor negro sumergiéndose de lleno en el terror más bizarro.
Lástima que esta propuesta de guion tan fresca como guasona se vea lastrada por unos cuantos errores de bulto, como el tratamiento a trazos gruesos de los personajes secundarios (la pareja de policías), algunas situaciones poco creíbles y, el más sangrante de todos, la desafortunada elección de los tres protagonistas, incapaces de imprimir la fuerza necesaria a sus personajes. A Quim Gutiérrez le faltan muchos puntos para dar el pego como amante siniestro y a su partenaire Clara Lago (la más solvente del trío) la intensidad y madurez interpretativa imprescindibles para dar vida a un personaje que vive situaciones tan extremas. Mención aparte merece Martina García, cuyo registro monocorde echa a perder el atractivo de un personaje merecedor de muchos más matices.
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Copyright del artículo © Lola Clemente Fernández. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © Cactus Flower, Avalon, Dynamo y Fox International Productions. Cortesía de 20th Century Fox. Reservados todos los derechos.
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