
Al comienzo del film, el presidente Abraham Lincoln (Gerald Bestrom) cae asesinado. Su muerte, tan impactante como la de Kennedy en nuestro tiempo, origina un proceso judicial de sorprendente actualidad.
Robert Redford considera que hoy se reproducen los mismos azares de la política y de la historia que llevaron a Lincoln a la tumba y que luego, bajo el designio de un tribunal militar, borraron del mapa a los causantes de su muerte.
El realizador tiene claro quién es la víctima de este relato. Se llama Mary Surratt (Robin Wright) y la acusan de conspirar contra el presidente. En realidad, las pruebas son endebles: Surratt es dueña de la casa de huéspedes donde John Wilkes Booth (Toby Kebbell) y otros cómplices prepararon el crimen.
Revisando papeles, su abogado defensor, Frederick Aiken (James McAvoy), cae en la cuenta de que Mary es solo un peón en un juego legal diseñado con el fin de capturar a su hijo, John Surratt (Johnny Simmons). Este último sí que tiene cuentas que rendir ante el juez, y además es el único de los participantes en el magnicidio que ha logrado escapar.
Por otra parte, el juicio tiene un poderoso simbolismo que no se le escapa al secretario Guerra Edwin Stanton, al que da vida un imponente Kevin Kline. Pese a la rendición del Sur, el asesinato de Lincoln amenaza la paz y se impone una especie de venganza catártica.

Una narración pausada
La conspiración no es, ni mucho menos, una de esas películas históricas en las que uno descarga adrenalina asistiendo a duelos o a cargas de caballería. Al contrario. Se trata de un drama judicial y político, que seducirá a los adictos al género por la lucidez de sus diálogos y la hondura de sus interpretaciones.
La solemnidad y el tono algo teatral es algo que casi resulta inevitable en un relato de estas características, pero que siempre debe ser perdonado.
Lectura política
Cada uno tiene sus puntos de vista. Redford se ha identificado siempre con el sector más beligerante del Partido Demócrata. Es fácil comprenderlo si seguimos la biografía del actor a partir de los años setenta.
El espectador de La conspiración comprenderá todo eso, y también que el veterano cineasta quiera establecer un paralelismo entre el juicio de Surratt y los atajos que actualmente se toman en la lucha contra el terrorismo islamista.
Redford figura entre quienes están convencidos de que, cuando soplan vientos de guerra, no es bueno ampliar los poderes presidenciales y las leyes de excepción que afectan a las libertades civiles.
Lo de menos es que luego, al buscar documentación, se entere uno de que el mismísimo Abraham Lincoln aplicó ese tipo de medidas que tanto horrorizan al propio Redford.
Es lo habitual. A la hora de vérselas con la evidencia histórica, hay silencios reveladores. Y es que los idealistas como Redford también son maestros a la hora de escurrir el bulto.
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Copyright del articulo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © American Film Company y Wilwood Enterprises. Cortesía de DeAPlaneta. Reservados todos los derechos.177 días atrás
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