
Antes o después, era evidente que el libro de Brian Selznick La invención de Hugo Cabret (The Invention of Hugo Cabret) iba a ser llevado al cine. Lo singular del caso es que sea Martin Scorsese, a las órdenes de un fabuloso reparto, el encargado de traducir a imágenes la fantasía de Selznick.
Scorsese rueda con impagable gracia y sofisticación una aventura destinada a permanecer durante años en nuestro recuerdo. Es admirable no ya el talento del realizador, si no el de ese equipo de técnicos y actores empeñados en seducir a los cinéfilos más descreídos (Esos que jamás pondrían en la misma frase las palabras "3D" y "obra de arte", y que tendrán que cambiar de idea después de ver La invención de Hugo).
El director, además de retener una privilegiada memoria de los orígenes del cine, está en posesión de una frescura y de un encanto sorprendentes, que consigue transmitir en esta rarísima joya: una superproducción familiar que también pueden disfrutar los "cejas altas" de la cultura.
Prodigiosamente ambientada, llena de ideas y de matices, La invención de Hugo es el antídoto contra ese mal cine al que la actualidad nos tiene cruelmente acostumbrados.
Como es obvio, los que no sientan frío ni calor al entrar en una librería de viejo, al ver una película de los pioneros o al recorrer lugares con historia, será mejor que se ahorren la experiencia y cambien de sala para ver Underworld: El despertar o Jack y su gemela.
Ahí reside el riesgo comercial de la película, aunque su lanzamiento sea propio de un blockbuster, la cinta está hecha para adultos que sueñan y niños que leen.

Aviso a los lectores: los comentarios que teclearé a continuación revelan un detalle que para algunos será obvio desde el primer instante. Me refiero a la identidad del personaje interpretado por Ben Kingsley.
Dado que se trata de hechos históricos, no creo que esta revelación sea grave, o en todo caso, no más grave que conocer de antemano lo que sucede con el trasatlántico en Titanic o con el Séptimo de Caballería en Murieron con las botas puestas.
En realidad, el enigma de la película no es –ni muchísimo menos– esa identidad. Sin embargo, doy por avisados a aquellos que prefieren sentarse en la butaca sin conocer los más mínimos detalles de la trama.
Los demás, podéis acompañarme.

Una adaptación ejemplar
La primera edición de la novela de Brian Selznick fue publicada por Scholastic Press en enero de 2007. De entrada, la obra parecía destinada a un mercado juvenil pero elitista. Ilustrada con dibujos del propio Selznick y con fotogramas de viejas películas de Georges Méliès (1861-1938), La invención de Hugo Cabret mereció un año después la prestigiosa Caldecott Medal, y contra todo pronóstico, se convirtió en un best-seller.
Además de reflejar ese universo de magos de salón, teatros de variedades y pioneros del cine que representa la figura de Méliès, esta novela de Selznick se adentra en el París de la Belle Epoque, e introduce en su trama una obsesión de aquellos tiempos: la fabricación de autómatas con apariencia humana.
El libro refleja, además, un momento dramático en la vida de Méliès: anciano y arruinado, despacha juguetes y golosinas en una pequeña tienda que abre en la estación ferroviaria de Montparnasse.
Scorsese, que ama el oficio del cine y también su historia, se sintió seducido por la cinefilia del mencionado relato, en el que un muchacho huérfano conoce al viejo pionero, responsable de mitos del cine como Viaje a la Luna.
Entre ambos personajes se establece una tensa complicidad. En realidad, su relación tiene mucho que ver con un artefacto que el niño ha heredado de su padre, un relojero.
Así, combinando la realidad con la ficción, Scorsese localiza esa geografía de los sueños en lugares fascinantes: los rincones secretos de la estación, la casa de Méliès, la librería de Monsieur Labisse...
Para convertir esa aventura en realidad, el director reunió a un espléndido reparto, encabezado por dos niños actores, Asa Butterfield (Hugo Cabret) y la magnífica Chloë Moretz (Isabelle), a quienes arropan intérpretes como Ben Kingsley (Méliès), Sacha Baron Cohen (el inspector de la estación: un personaje que parece salido de una comedia muda), Jude Law (el padre de Hugo), Christopher Lee (el enigmático librero Monsieur Labisse), Helen McCrory (Mamá Jeanne), Michael Stuhlbarg (el cinéfilo Rene Tabard) y Emily Mortimer (la florista Lisette).

La invención de Hugo es la primera cinta de Scorsese realizada en 3D. Pero por encima de esa novedad tecnológica, se trata de un relato de amor al cine, filmado en lugares bien conocidos de París: la Universidad de la Sorbona, la Biblioteca de Sainte-Geneviève, el bulevar de Saint Michel, el Teatro del Athénée y la Opera-Louis-Jouvet.
Una vez completado el rodaje en exteriores parisinos, Scorsese trasladó la filmación a los Shepperton Studios de Londres.
Producida por Scorsese, Graham King, Tim Headington y el actor Johnny Depp, La invención de Hugo es una obra al viejo estilo, con todo el empaque y la elegancia del gran cine clásico.
Como es habitual en las películas del realizador, participan en ella viejos conocidos suyos: el operador Robert Richardson (Shutter Island, Malditos bastardos / Inglourious Basterds), la montadora Thelma Schoonmaker (Shutter Island, Infiltrados / The Departed), el director de producción Dante Ferretti (Shutter Island, Sweeney Todd), la diseñadora de vestuario Sandy Powell (Shutter Island, The Young Victoria) y la directora de casting Ellen Lewis (The Departed, The Aviator).
El guionista de La invención de Hugo Cabret, John Logan, que ganó prestigio con sus trabajos en Gladiator y Sweeney Todd, ya trabajó con Scorsese en El aviador (2004)
El productor Graham King, cofundador de la compañía GK Films junto a Tim Headington, se hizo con los derechos de la novela de Selznick al poco de salir ésta a la venta.
Si bien se mira, es lógico que King quisiera volver a trabajar junto a Scorsese después de haber producido para este último cintas como El aviador e Infiltrados.
Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de imágenes © GK Films y Infinitum Nihil. Cortesía de Paramount Pictures Spain. Reservados todos los derechos.
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