
Michael Cuesta nos regala una de esas producciones que, pese a su humildad y falta de pretensiones, conquistan a crítico y público por medio de sentimientos tan poderosos como el amor, la nostalgia y la decepción.
Roadie, como su nombre indica, tiene un transfondo rockero, pero no guarda relación directa con la película del mismo título rodada en 1980 por Alan Rudolph. En aquella extraña comedia, un camionero interpretado por Meat Loaf se convertía en roadie (un técnico que viaja con un grupo musical en sus giras), y eso permitía a Rudolph filmar actuaciones en directo de Roy Orbison, Hank Williams Jr., Blondie y Alice Cooper.
En todo caso, el lema publicitario de la película de Rudolph –Bands make it rock... Roadies make it roll– me sirve ahora para describir el pasado de Jimmy Testagross (Ron Eldard), que en el film de Michael Cuesta se presenta como un roadie. En concreto, uno que lleva veinte años saltando de un continente a otro junto a la mítica banda Blue Oyster Cult.

Los días de rock y gloria han pasado, y ahora Jimmy se ve obligado a regresar a Long Island, donde trancurrieron su infancia y juventud.
Ha pasado una década desde que pisó esas calles por última vez. Sin perspectivas de trabajo, con los bolsillos vacíos y rumiando los recuerdos, Jimmy se reencuentra con su madre (una carismática Lois Smith), cuya enfermedad le conmueve y le obliga a tomar decisiones.
También vuelven a cruzarse en su camino un antiguo amor juvenil, Nikki (Jill Hennessy), y el tipo que fue su adversario en el instituto por las mismas fechas, Randy Stevens (Bobby Cannavale, un robaplanos dispuesto a llevarse los aplausos del público).
Randy está casado con Nikki, convertida en una cantautora dispuesta a comerse el mundo a pesar de que apenas tiene un puñado de seguidores.
Jimmy Testagross es el ejemplo perfecto del síndrome de Peter Pan, pero aunque no quiera madurar, la vida se encarga de recordárselo por el camino menos amable. Es decir, a bofetadas.
Aunque el público ya puede disfrutarla a través de videoclubs digitales como Amazon, no me cabe la menor duda de que Roadie merece ser vista en pantalla grande.
Auténtica, emotiva, espontánea y con las dosis justas de humor y drama, ésta es una producción que encantará a los amantes del cine indie.
Por lo demás, Ron Eldard nos deja aquí la mejor interpretación de su carrera.
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