Tras Robocop, el siguiente título en la filmografía de Paul Verhoeven, Desafío total (Total Recall, 1990), visita los sueños de realidad virtual del escritor Philip K. Dick con contundente fuerza visual, buenas interpretaciones y unos maravillosos efectos de maquillaje debidos a Rob Bottin.
Quaid descubre así que en realidad no lleva ocho años casado, que su mujer es una enviada de Cohaagen (Ronny Cox), el dictador de Marte, y que, en definitiva, él no es Quaid sino Hauser, un agente al que se le ha borrado la memoria. Preguntado por su pasión por filmar la violencia, Verhoeven señaló: “Nunca encuentro límites cuando empiezo a pensar en la violencia; siempre adquiere el aspecto de pesadilla. Quizá no tengo mucho control”.
En esta ocasión Bottin ideó varios trucajes que son muy de subrayar: una cabeza de mujer que se abría en módulos hasta descubrir al personaje protagonista oculto en su interior, un húmedo ser emboscado en el vientre de un hombre y, en fin, toda una galería de mutantes de morfología difusa en la que se podía hallar desde una mujer con tres senos a un taxista con el brazo derecho convertido en apéndice prensor.
La película es un certero reflejo de las inquietudes personales de su realizador.
Debutó en el cine norteamericano con Robocop (1987), un film de ciencia-ficción que ironizaba sobre los recursos empleados en la lucha contra el crimen. En el escenario de un Detroit futuro, el cineasta ubicaba una empresa de seguridad, Security Concepts, que no dudaba en usar al moribundo agente Murphy (Peter Weller) para iniciar el programa "Robocop", un plan cibernético que convertiría al policía en un híbrido entre hombre y máquina, extremadamente útil para combatir la delincuencia. La crítica más favorable halló en Robocop una sarcástica reflexión sobre las situaciones a las que puede llevar la perversión de las reglas económico-sociales. Por otra parte, el director hacía gala de una insólita energía tras la cámara, lo cual venía a confirmar sus posibilidades en el género de acción. Robocop tuvo dos secuelas: Robocop II (1990), de Irvin Kershner, con guión de Frank Miller (uno de los principales autores del cómic moderno), y Robocop III (1993), de Fred Dekker.
El siguiente largometraje norteamericano de Verhoeven, Desafío total (1990), era un homenaje a los temas del escritor Philip K. Dick, uno de los mejor reputados autores de ciencia-ficción. En este caso, el guión se inspiraba en dos cuentos de Dick para sustentar una frenética aventura donde se mezclaban fantasía y realidad, filmada con la contundencia visual característica en el director holandés y enriquecida con unos llamativos efectos de maquillaje debidos a Rob Bottin.
Los textos originales y citas del autor en los que se basa este artículo fueron publicados en la revista "Todo Pantallas" y en los libros"El cine de ciencia ficción" (1995), "Historia General de la Imagen" (Universidad Europea-CEES, 2000) y "La cultura de la imagen" (Fragua, 2006). Reservados todos los derechos.
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