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Peter Jackson, el director de El Señor de los Anillos, produce District 9, la excelente película de Neill Blomkamp que ha logrado traer una brisa de aire fresco a un género tan desaprovechado últimamente como la ciencia ficción.
La película tiene un planteamiento muy interesante, y una ambientación soberbia, pero posee un guión tirando a tonto y unos personajes muy simplones. Wikus, el protagonista, tiene algo más de enjundia por su arco de transformación, muy similar al de Dustin Hoffman en Perros de Paja, pero los demás humanos que aparecen son meros estereotipos (el suegro, la mujer, el soldado).
En cuanto al elemento de fábula político-social, es igual de básico y obvio, y en realidad está ahí con el principal objetivo de darle a la película un tono de verosimilitud que le viene muy bien a la historia, ya que District 9 va pasando del mockumentary sociológico al videojuego juvenil de una manera más o menos progresiva, logrando que el espectador se involucre emocionalmente o, al menos, que siga el juego.
Dicho esto, District 9 resulta ser una buena película no porque sus efectos estén bien integrados o porque “haga pensar” respecto a la xenofobia o el poder de las corporaciones, sino porque es una de esas historias en las que uno da por hecho que los protagonistas, salvo un hipotético deus ex machina, van a palmar al final, ya que están condenados de antemano (algo así como lo que pasaba en Apocalypto).
Está claro que el film tiene que acabar como el Rosario de la Aurora. Pero, de repente, los protagonistas pasan de ser víctimas a patear el trasero de sus adversarios, y a uno ya no le importa tanto que el personaje muera, ya que irse al otro mundo repartiendo muerte y miedo entre tus enemigos es irse con estilo.
Y en ese momento empiezas a pensar que el protagonista quizá se salve, pero no es posible… Y entonces te ves a ti mismo al borde de la butaca sufriendo por unas gambas digitales, y contento porque un mindundi funcionario haya encontrado por fin su coraje. Y lograr esa reacción por parte de un espectador con una película de este tipo no es tan sencillo si no sabes hacer bien tu trabajo.
Por ponerme puntilloso, pienso que un poco más de cuidado en el guión o en el desarrollo de los personajes aún hubiera hecho de la experiencia algo más intenso. Me refiero, por ejemplo, a la incompetencia de los soldados humanos (y eso que el jefe es un cafre y lo parece, pero lo único que hace es enfadarse y decir “cubrid los flancos” una y otra vez) y la facilidad con la que el protagonista sale y entra de las instalaciones de alta seguridad, que casi parece Mike Donovan visitando la nave nodriza en V.
En cualquier caso, esta producción me ha gustado mucho, y creo que es la primera vez que alguien ha llevado el mundo de los videojuegos al cine de una manera dramáticamente efectiva.
Incluye “homenajes” a Quatermass y La Mosca.
Sinopsis
Hace más de veinte años los alienígenas contactaron por primera vez con la tierra. La raza humana esperó un ataque hostil o un gran avance en la tecnología. No ocurrió ninguna de las dos cosas. Los alienígenas eran refugiados, los últimos supervivientes de su planeta originario.
Al tiempo que las naciones del mundo intentaban ponerse de acuerdo en lo que tenían que hacer con ellas, las criaturas fueron instaladas de forma temporal en el Distrito 9 de Sudáfrica.
Ahora, la paciencia en cuanto a la situación de los alienígenas se ha agotado. El control sobre los extraterrestres ha sido delegado en la Multi-National United (MNU), una compañía privada que lo que le interesa no es el bienestar de los alienígenas sino las formidables ganancias que les podría reportar, en el caso de que pudieran hacerlo funcionar, su impresionante armamento.
Hasta el momento no lo han logrado; la activación de las armas requiere ADN alienígena.
La tensión entre los aliens y los humanos llega a un punto crítico cuando un operario de campo, Wikus van der Merwe (Sharlto Copley), contrae un misterioso virus que empieza a transformar su ADN. Wikus de la noche a la mañana se convierte en el hombre más perseguido del mundo y, a la vez, el más valioso, porque es la clave para descubrir los secretos de la tecnología alienígena. Marginado y sin amigos, solo le queda un lugar en el que poder ocultarse: el Distrito 9.













































































