Los personajes y los escenarios recuerdan el legendario cómic en el que se inspira, pero el tono y el ritmo se alejan definitivamente del Dylan Dog de las historietas. De hecho, detrás de este efectivo espectáculo juvenil se ocultan referencias más inmediatas a teleseries como True Blood y Buffy Cazavampiros.
Aviso a los recién llegados: Dylan Dog es un memorable cómic italiano, creado en 1986 por Tiziano Sclavi para el editor Sergio Bonelli. El tebeo se ambienta en escenarios londinenses, y nos presenta al clásico investigador de lo sobrenatural, enfrentado a toda suerte de criaturas de la noche, desde licántropos a muertos vivientes.
El primer portadista de la serie, Claudio Villa, dibujó a Dylan Dog inspirándose en el rostro y las maneras de Rupert Everett. Ese es el motivo por el que en 1994 Michele Soavi contó con Everett para que protagonizase Mi novia es un zombie (Dellamorte Dellamore, 1994), adaptación de una novela del propio Tiziano Sclavi en torno a Francesco Dellamorte, un personaje que ya había aparecido en un número especial de Dylan Dog: Orrore nero (julio de 1989).
Para que los fans se sintieran satisfechos, Everett iba ataviado con las típicas ropas oscuras de Dog.

En Dylan Dog: Los muertos de la noche (Dylan Dog: Dead of Night), Kevin Munroe adapta el cómic italiano al gusto estaodunidense, y ello plantea ciertos problemas para quienes guardamos los viejos números del tebeo como si fueran un objeto de culto.
Para empezar, la acción se traslada de Londres a Nueva Orleans, y uno de los personajes fetiches de la serie, Groucho –un imitador de Groucho Marx que pierde la memoria y acaba creyéndose su propia imitación–, desaparece del guión por una cuestión de derechos de imagen.
Dado que Groucho es el ayudante del héroe y su ausencia es llamativa, a los guionistas se les ha ocurrido sustituirlo por un tipo llamado Marcus Deckler (Sam Huntington): un muerto viviente que funciona –es un decir– como alivio cómico de la historia.
Antes de pedir la hoja de reclamaciones, el espectador debe tener en cuenta que los autores de dicho guión son Thomas Dean Donnelly y Joshua Oppenheimer, culpables del lamentable remake de Conan el Bárbaro.
Aunque tenga sus detractores, Brandon Routh es un impecable actor. Ya lo demostró en Superman Returns: El Regreso y vuelve a acreditarlo en esta ocasión, pese a que sus líneas de diálogo como Dylan Dog no sean todo lo inteligentes que cabría esperar. Eso sí: luce la camisa roja y la chaqueta negra como nadie.

Vampiros, hombres lobo y cine negro
El punto de partida es puro cliché. Una bella joven, Elizabeth (Anita Briem), contrata a Dylan para que investigue la misteriosa muerte de su padre. Un pelo de licántropo le pone sobre la pista.
Gabriel, el líder de los hombres lobo (encarnado con inquietante soltura por Peter Stormare), y Vargas (Taye Diggs), el jefe del clan de los vampiros, se encargan de poner palos en las ruedas de esta oscura pesquisa criminal.
Quienes pretendan respirar en el film el aire melancólico y ensoñador del cómic, pueden esperar sentados. Dylan Dog: Los muertos de la noche sustituye el humor negro y el romanticismo del original por la acción, los toques de comedia y los efectos especiales.
Aunque nivelemos nuestra exigencia y valoremos el film como un ejemplo de serie B, lo cierto es que esta es una producción decepcionante y olvidable.
En el lado positivo de la balanza podemos poner el trabajo del editor Paul Hirsch, los efectos visuales de Darius Fisher y visuales Olaf Wendt, y los vistosos trucos de maquillaje de Harvey Lowry y Martin Astles.
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