
Óscar Aibar, director de Atolladero y Platillos Volantes, presenta esta inesperada e impecable película acerca de uno de los historietistas españoles más importantes. Además de la singular vida picaresca de Vázquez, el film muestra el día a día en la legendaria editorial Bruguera.
Director no muy prolífico pero interesante por lo variado de sus películas, Óscar Aibar siempre ha orbitado alrededor de la subcultura freak, y era de esperar que se limitara a la ciencia-ficción, el gore y el humor gamberro hasta que en 2003 presentó Platillos volantes, una excelente tragicomedia basada en un esperpéntico suceso real de los años 70.
En aquella película, Aibar demostró poseer un estilo muy personal mediante el cual recreaba un ambiente gris y opresivo muy alejado de la imagen alegre que se suele tener de la década de la música disco, mientras que la historia giraba en torno a los cómicos delirios de la ufología, tan en boga en aquellos tiempos.
Tras la poco conocida comedia La máquina de bailar (2006), Aibar vuelve a recrear un ambiente específico del pasado, nada menos que la Barcelona de los 60 donde dibujantes como Vázquez, Escobar o un debutante Ibáñez parían personajes inmortales para las páginas de la revista juvenil DDT en las oficinas de Bruguera.
El inconfundible espíritu de aquellos tebeos se funde con la realidad histórica en las imágenes de la película, que comienza con una ciudad de brillantes colores en la que el dibujante Vázquez se dedica a timos, hurtos y escapadas propias de sus personajes. Según avanza el film, y la siniestra realidad va castigando al protagonista, la estética se vuelve más sombría y fea.
El Gran Vázquez combina las mejores cualidades de Aibar, historietista veterano y cineasta con más ojo cinematográfico del que podría parecer al crítico despistado. Esta obra híbrida de séptimo y octavo arte cuenta con el protagonismo de Santiago Segura, quien también ha ejercido de dibujante en su pasado, e incluye una aparición del ascendente Carlos Areces, entre otras muchísimas cosas colaborador de la revista cómica El Jueves.
Santiago Segura ofrece un trabajo correcto, pero no llega a estar a la altura de un personaje tan impresionante, ya que se contiene en exceso para no volver a repetir un Torrente, dando como resultado una interpretación algo tímida, cosa que Vázquez no parecía ser en absoluto.
El reparto de actores secundarios es, sencillamente, inmejorable.
Destacan Enrique Villén y Alex Angulo, soberbios como siempre cuando toca crear personajes mitad caricaturescos mitad reales.
También sorprende la actuación y caracterización de Manolo Solo en el papel de Francisco Ibáñez, una importante figura secundaria en el film, ya que a largo de la película el espectador avezado puede apreciar el parecido de algunos personajes y situaciones reales con los tebeos del creador de Mortadelo, Sacarino o la 13 Rue del Percebe.
Al espectador de cierta edad le conmoverá ver en la pantalla al entrañable Jesús Guzmán encarnando al borrachín progenitor del dibujante.
Pese a que ahora nos guste reinventar el pasado y parezca ser que todo español en los 60 era hippy, escuchaba The Kinks o leía El Asombroso Spiderman, lo cierto es que la década estuvo dominada por los currantes sin vidas psicodélicas, las canciones de Marisol y los personajes de Bruguera, sin que nada de eso tenga que ser motivo de vergüenza.
Al fin y al cabo, el mundo del cómic americano de antaño no distaba tanto de la mal iluminada oficina que se nos muestra en El Gran Vázquez, e incluso ambos entornos servían de refugio para artistas perseguidos por rojos y resignados a no tener el control autoral o económico sobre sus creaciones.
El Gran Vázquez, pese a algunos altibajos rítmicos, es un film de exquisito gusto y con mucho corazón, con un poco de Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay y mucho de las comedias de caraduras de Tony Leblanc, pero con personalidad propia.
Sinopsis
Barcelona, años 60. Vázquez, el mejor dibujante de tebeos de España, disfruta de lo que quiere cuando quiere, no paga nada, esquiva con ingenio a sus acreedores, burla y tima a sus jefes y se casa alegremente coleccionando una familia tras otra. Hasta que un gris contable de su editorial decide que debe pasar por el aro como todo hijo de vecino. No será tarea fácil: para el genial dibujante, la vida es una fiesta en la que hay que colarse si no te han invitado.
Copyright del texto © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.
Copyright de imágenes y sinopsis © Castafiore Films, Distinto Films, Tornasol Films. Cortesía de Alta Films. Reservados todos los derechos.
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