
Ferzan Ozpetek –que hace algún tiempo se hizo ciudadano italiano– ya ha rodado dos películas: Hamam: el baño turco y El último harén, ambas seleccionadas para el Festival de Cannes y ambas un gran éxito tanto de crítica como de público en Italia y el resto del mundo.
Las dos películas tratan de la relación sobre Oriente y Occidente y son un tributo a su propio espíritu turco. Esta tercera película es su primer largometraje completamente italiano. Ozpetek quería situar la película en un ambiente que no sólo le resultara familiar sino que también conectara con su corazón.
La película cuenta la historia de una mujer de clase media-alta que siempre ha vivido a la sombra de su marido en una chalet en una zona residencial de Roma. La repentina muerte de su marido en un accidente de tráfico le sume en una profunda depresión de la cual empieza a salir cuando por casualidad descubre que su marido llevaba una vida secreta paralela a la suya en común.
Comienza a investigar y descubre un mundo completamente nuevo para ella, compuesto de personas menos formales y más abiertas, y este descubrimiento le obliga a enfrentarse a sus propios miedos y limitaciones. Si darse cuenta apenas, termina por ocupar el lugar de su marido en el corazón de personas cuya existencia ignoraba hasta hace muy poco tiempo. Es la historia de un cambio mediante un viaje sentimental dentro de la misma ciudad de partida.
El corazón de la película y el centro del viaje es el barrio de Ostia. Casi toda la historia se desarrolla en las calles y plazas, los apartamentos y terrazas de este barrio. Porque es uno de los corazones de la ciudad: antiguo y moderno, de clase trabajadora y clase media, en el proceso de cambio sin eliminar los restos tradicionales de su magnífica arquitectura industrial con sus perspectivas escorzadas. Pero sobre todo porque el número 58 de la Via Ostiense es desde hace veinticinco años la casa del director Ferzan Ozpetek.
Como en todas las películas, la primera escena es muy importante porque debe establecer de forma inmediata el estilo de la película. Ozpetek y Cesari decidieron ambientarla en el Museo de Arte Acea, sin efectuar ninguna modificación, porque ya era perfecto en términos de belleza y fuerza simbólica. La escena muestra un encuentro de Ella y El, el marido y la mujer. Han quedado en el museo y aunque llevan 15 años casados su relación aún conserva una refrescante alegría y la ternura de un lazo fuerte y vivo.
Al principio parecen extraños: es como si él intentara ligar con una mujer que no conoce. Ella, que conoce bien el espíritu juguetón de su marido, le sigue durante un rato hasta que al final termina el juego y el espectador descubre que son marido y mujer. Este ambiente muestra inmediatamente la raíz de las emociones que les poseen: son figuras muy antiguas, arquetipos como las estatuas que se detienen para mirar, y a la vez son figuras modernas como las formas industriales que les rodean.
Pertenecen al presente y al pasado como todas las emociones básicas de cualquier historia sobre el amor, el matrimonio, los viajes de descubrimiento, los cambios en la vida. Interpretada por dos de los mejores actores dramáticos del cine italiano contemporáneo -Margherita Buy y Stefano Accorsi– esta película es una coproducción italo-francesa.
Sinopsis
Antonia y Massimo llevan más de diez años casados. Viven en una bonita casa en una zona residencial de las afueras de Roma y son felices. De repente Massimo muere en un accidente de tráfico. Antonia se hunde por completo y le cuidan su madre Verónica y la asistenta filipina Nora. Antonia es incapaz de salir de su sufrimiento: no va a trabajar, descuida sus amigos y compañeros y se encierra en sí misma.
Hasta que descubre que Massimo tenía una relación con otra persona desde hacía siete años. La búsqueda de la identidad de esta persona obliga a Antonia a salir de su reclusión. Siguiendo la pista de un apellido y una dirección, Antonia encuentra la casa de la otra persona en la vida de Massimo. Vive en un barrio de clase trabajadora y descubre que no es otra mujer sino un hombre, Michele.
Hay un dramático enfrentamiento entre los dos pero también un elemento de atracción: después de todo los dos estaban enamorados del mismo hombre. Antonia descubre que Michele está rodeado de una verdadera “familia” de amigos que se había convertido también en la segunda familia de su marido. La diferencia entre las dos familias es que la de Antonia y Massimo era una unidad “cerrada” mientras que la de Michele y Massimo era “abierta” al resto del mundo, donde los hombres y las mujeres viven sin distinciones con respecto a su orientación sexual, edad, raza o clase social. Cuando llegan a conocerse mejor Antonia y Michele descubren que tienen mucho más en común que cualquiera de los dos tenía con Massimo. Poco a poco, Antonia entra a formar parte del núcleo de esta nueva familia alternativa, casi como sustituta de Massimo. Y también empieza a proyectar sobre Michele su necesidad de amor, del que se quedó huérfana a la muerte de su marido. A través de una serie de experiencias dramáticas y divertidas, trágicas e irónicas, Antonia y Michele se acercan a la posibilidad de enamorarse el uno del otro.
Sin embargo, Antonia se da cuenta de que es el fantasma de Massimo que les une y decide marcharse. Pero su marcha no es una huida. La experiencia con Michele y sus amigos no sólo le ha ayudado a Antonia a superar su dolor sino que le ha hecho comprender que siempre se ha protegido de la vida. Ahora está preparada para abrirse al mundo y empezar de nuevo. Está preparada para volver a amar.
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