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El hombre lobo, de Joe Johnston

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El hombre lobo, de Joe Johnston
Cómo se hizo
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El hombre lobo

A las órdenes de Joe Johnston, protagonizan El hombre lobo cuatro excelentes actores: Benicio del Toro, Anthony Hopkins, Emily Blunt y Hugo Weaving. Su presencia aporta solidez dramática a este atractivo largometraje que llega a las pantallas con un aura de clasicismo.

El hombre lobo (The Wolfman) les producirá a los cinéfilos veteranos placer y cierta nostalgia. Es una lástima que al público de hoy –en particular a los seguidores de la saga Crepúsculo– no les ofrezcamos con más frecuencia aquellos extraordinarios clásicos de la Universal. Es decir, historias de terror de las de toda la vida, tenebrosas y románticas al mismo tiempo.

Frente a tanto slasher vacío de contenido y repleto de ademanes histéricos, aquellos relatos expresionistas eran conmovedoras tragedias humanas, llenas de sutileza e inteligencia.

Dentro de dicho catálogo, hay dos títulos de especial interés: El lobo hombre (Werewolf of London, 1935), con Henry Hull en el papel protagonista, y El hombre lobo (The Wolf Man, 1941), escrito por Curt Siodmak y dirigido por George Waggner, con un inolvidable Lon Chaney Jr. encarnando a Larry Talbot, el personaje principal.

El guión de Siodmak, rotundo, lineal y nada explícito, no hacía trampas con la figura del licántropo. Explicaba su maldición con detalle, y también dejaba claro que la luna llena suponía para él una condena ineludible.

Los guionistas de la película de Johnston, Andrew Kevin Walker y David Self han releído el material de Siodmak, y han procurado adaptarlo al gusto del público contemporáneo. Por suerte, ese afán de comercialidad no disminuye el tono elegante del proyecto, cuidado hasta en sus más mínimos detalles.

El estilo característico del romance gótico, con los elementos terroríficos entrelazados con momentos más ligeros, domina la mayor parte del metraje.

Los intérpretes demuestran su soberbio talento, empezando por Benicio del Toro, que alterna su papel de caballero intachable, un tipo digno y sentimental, con el de espeluznante criatura de la noche.

Anthony Hopkins define sin pestañear todos los significados de la palabra intensidad, y Emily Blunt, delicada y con una sofisticación natural, recorre todo el arco de su personaje, que va desde la desesperación hasta la valentía.

Tengo la impresión de que, antes de escribir su guión, Walker y Self han consultado clásicos de la materia, en particular El libro de los hombres lobo (1875), de Sabine Baring-Gould.

De hecho, sin dejar de lado el entretenimiento, en esta película abundan los guiños culturales: desde esa galería de Chatsworth House, adornada con las obras que William Hogarth dedicó a los bajos fondos de Londres, al manicomio de Bedlam y a las disecciones del Real Colegio de Médicos, hasta el libro de magia que repasa Emily Blunt, ilustrado con el famoso grabado en el que Lucas Cranach retrató a un licántropo de principios del siglo XVI.

La cita de Bedlam no es casual. Este famoso manicomio tiene una generosa presencia en la literatura de terror inglesa, y en El hombre lobo se reflejan bien sus métodos, aunque cambiando el nombre de la institución.

Por otro lado, es una idea excelente introducir a un personaje real –el inspector Alberline, que persiguió a Jack el Destripador– en una trama dominada por la leyenda y las supersticiones.

La fotografía de Shelly Johnson es magnífica, lo mismo que el diseño de producción de Rick Heinrichs. Es más: no cabe pedir más a unos decorados. Cada escenario resume perfectamente la época en la que se ambienta la película y enriquece la narración con extraordinaria eficacia.

Desde los títulos de crédito, la partitura de Danny Elfman alterna el lirismo y la intensidad. Y no me olvido de los deslumbrantes efectos de maquillaje ideados por el veterano Rick Baker, que ya se encargó de trucar la metamorfosis lobuna en dos producciones inolvidables: Un hombre lobo americano en Londres, de John Landis, y el vídeo musical Thriller, protagonizado por Michael Jackson.

Ver a este licántropo en acción, sobre todo cuando se alza en un escenario ensangrentado, es una experiencia intensa, fascinante y no exenta de lirismo.

Por eso mismo, les recomiendo disfrutar del film de Johnston para luego ver, una vez más, cómo olfatea el aire Chaney Jr. en la versión de 1941.

Casi sobra añadir que Benicio del Toro es mucho mejor actor que Chaney, pero qué se le va a hacer: el encanto de aquella vieja cinta en blanco y negro es, a estas alturas, irreproducible.

El cine ha cambiado, y el gusto de la crítica y el público ya no valora el cine hecho a la antigua usanza. No obstante, tanto en el plano técnico como en el artístico, esta nueva versión de El hombre lobo da lecciones de estilo. Sugiere más que muestra, y sobre todo, triunfa en su decisión de aproximarse a un espectador adulto, ajeno a la tiranía de las modas.

(Copyright © Guzmán Urrero Peña)

Sinopsis

Inspirada en la clásica película de Universal que encabezó un legado de terror, El hombre lobo es la historia de los legendarios orígenes de una maldición y del hombre que la padece.

El oscarizado Benicio del Toro es Lawrence Talbot, un noble que vuelve a la casa familiar al desaparecer su hermano. Después de reencontrarse con su padre, del que se había distanciado, el también oscarizado Anthony Hopkins, Talbot sale en busca de su hermano y descubre el horrendo destino que le espera.

La infancia de Lawrence Talbot acabó la noche que falleció su madre. Después de dejar el adormecido pueblecito victoriano de Blackmoor, tardó años en recuperarse y en borrar ciertos recuerdos. La prometida de su hermano, Gwen Conliffe, encarnada por Emily Blunt, le encuentra y le pide que busque a su desaparecido amor, y Talbot decide regresar a casa.

Se entera de que alguien o algo brutalmente salvaje y con una insaciable sed de sangre ha matado a varios habitantes del pueblo y que un suspicaz inspector de Scotland Yard llamado Alberline (Hugo Weaving) ha venido a investigar los crímenes.

Cuando Talbot empieza a reunir las piezas del sangriento rompecabezas, descubre que existe una antigua maldición que convierte a los hombres en lobos con la luna llena. Talbot no tiene más remedio que destruir a la terrible criatura que habita en los bosques alrededor de Blackmoor si quiere acabar con la matanza y proteger a la mujer de la que se ha enamorado.

Sin embargo, la terrible criatura le muerde y un hombre bueno con un pasado torturado descubrirá un lado de su persona que ni siquiera podía imaginar.



Cómo se hizo

Benicio Del Toro y su representante y productor, Rick Yorn ,hablaron con el productor Scott Stuber, que estuvo de acuerdo en que había llegado el momento de hacer una versión moderna de El hombre lobo, la película clásica producida en los años treinta por Universal Pictures.

“Hemos añadido ciertas cosas, pero queríamos ser fieles al original”, explica el productor. “El hombre lobo es un símbolo de mucha fuerza porque todos llevamos un poco de él dentro. Todos sentimos rabia. Todos hemos ido demasiado lejos alguna vez, hemos hecho algo que no debíamos. Llevamos algo primitivo dentro y debemos aprender a controlarlo. Si no lo hacemos, estamos condenados”.

El productor siempre supo que Benicio Del Toro era perfecto para el papel protagonista. Hablando del oscarizado actor, dice: “Benicio tiene una mirada muy intensa. Su poder de comunicación durante la transformación es crítico para la película. Nos esforzamos en que hubiera la menor separación posible entre el actor y el hombre lobo para que la bestia no estuviera a un lado y Benicio al otro. La interpretación es crucial para que el espectador pueda sentir algo por el personaje. Desde luego, los efectos especiales son asombrosos, pero ayudan a subrayar la interpretación, no son la base”.

Sean Daniel se unió a los tres cineastas y aportó su experiencia en el relanzamiento de películas de monstruos: participó en el lanzamiento de las entregas de La momia, de Universal Pictures. Hablando de su participación, el productor dice: “Me sentí muy halagado de que me llamaran para unirme a un proyecto donde vuelve a la gran pantalla otro de los geniales monstruos de Universal que tanto me gustaban de niño”.

Los productores empezaron a buscar un director que no sólo fuera capaz de llevar el guión a la gran pantalla, sino que pudiera realizar una película de terror donde debían unirse a la perfección los efectos visuales, digitales y con prótesis.

El director Joe Johnston se subió a bordo después de que Mark Romanek abandonara el proyecto durante la preproducción. Premiado con una estatuilla a los Mejores Efectos Visuales por En busca del arca perdida, como realizador tiene en su haber películas basadas en personajes, como Cielo de Octubre, y otras de acción como Parque Jurásico III y Océanos de fuego / Hidalgo.

Como en cualquier otro proyecto, Joe Johnston se interesó más por la historia que por el espectáculo. En el guión escrito por Andrew Kevin Walker y David Self, descubrió “además de la acción, de la sangre y del miedo, una historia de amor entre Lawrence Talbot y Gwen, la novia de su hermano muerto. Quería que esta relación fuera el elemento que uniera el relato, la pieza clave que permitiera al público entender el horror del que es presa Lawrence”.

Como ex director artístico, estaba entusiasmado con los retos visuales de la historia: “Quería enseñar al espectador algo que no hubiera visto antes en el proceso de transformación de hombre a lobo”, añade el director. “Todos hemos visto películas de licántropos, y las transformaciones siempre se basan en los mismos elementos: los huesos se alargan, la cara se cubre de pelo”.

“Pero las transformaciones en El hombre lobo sólo pueden realizarse con la ayuda de efectos digitales”, sigue diciendo. “Nuestro punto de partida no podía ser mejor, Benicio Del Toro; y nuestro punto de llegada no tiene comparación, el maquillaje de Rick Baker. La transformación no se realiza de forma lineal, vamos en muchas direcciones para llegar al resultado final”.

Los cineastas sabían que para conseguir unas secuencias espectaculares, debían encontrar el equilibrio perfecto entre los efectos de maquillaje y los especiales. Era un reto más entre otros muchos y debía superarse durante la filmación y el montaje. Pero lo primero era encontrar a los actores que ayudarían a Benicio Del Toro a dar vida a la aterradora criatura.

Los cineastas siempre pensaron que era importante incluir algunos de los personajes de la película original. En la versión de 1941, el padre de Lawrence, interpretado por Claude Rains, tenía un papel muy reducido; sin embargo, los productores creían que la relación entre padre e hijo debía ocupar una parte importante de la versión de 2010. Además de Lawrence Talbot y de su padre John, incluyeron a Gwen Conliffe, de la que se enamora el protagonista, y a Maleva, jefa de los gitanos.

Scott Stuber dice, hablando del reparto estelar: “Benicio, Anthony, Emily y Hugo forman un grupo que ha sabido aportar una enorme profundidad a la historia, además de dar vida a los elementos del espectáculo y del terror”.

El joven Talbot no sólo vuelve a Blackmoor para saber lo que le ha pasado a su hermano, sino también para reanudar una relación con su padre, que le abandonó hace años. Cuando le muerde un hombre lobo, debe aceptar el hecho de que él también se convertirá en monstruo. Para dar más cuerpo a la historia original, había que aumentar el papel de sir John Talbot.

Para el papel del excéntrico padre de Lawrence, los cineastas escogieron a Anthony Hopkins. Ya que los dos hombres llevan años sin verse, el reencuentro es bastante tenso. Benicio Del Toro no tuvo problemas en interpretar esta parte del papel, aunque no estaba nada tranquilo con la idea de trabajar con el gran intérprete. “Al principio, estaba tan impresionado que no disfruté nada”, recuerda, riendo. “Pero bastaba con verle para aprender. Era muy agradable que otro actor me hiciera sugerencias. Es un gran profesional; le bastan dos tomas para conseguir la escena perfecta. Fue genial trabajar con él”.

Para dar vida a la trágicamente enamorada Gwen Conliffe, interpretada en la versión de 1941 por la eterna Evelyn Ankers, los cineastas escogieron a Emily Blunt. Desde que su papel como la inteligente ayudante de Meryl Streep en El diablo se viste de Prada la catapultó a la fama, la crítica y el público no han dejado de aplaudirla.

Gwen es la novia de Ben, el hermano de Lawrence, y se desplaza a Londres para rogarle a su futuro cuñado que la ayude a encontrar a su prometido. Cuando descubren que ha muerto, Gwen empieza a enamorarse de Lawrence durante su estancia en Blackmoor. Hablando de la talentosa actriz, Joe Johnston dice: “Emily es capaz de contar una historia con su cara, no le hace falta hablar. Siempre que podíamos, abreviábamos el diálogo. Emily ha sabido contar la historia de Gwen a través de la emoción y no de la palabra”.

El asesinato del hermano de Lawrence llama la atención del inspector Aberline, de Scotland Yard, encarnado por el aplaudido actor Hugo Weaving. Su personaje está basado en el famoso inspector Frederick George Aberline, al que apartaron de la investigación de los asesinatos cometidos por Jack el Destripador cuando se estimó que era un caso demasiado importante para el Departamento de Investigación del Distrito de Whitechapel.

Scott Stuber explica por qué los productores se inclinaron por Hugo Weaving: “Es un actor muy intenso, totalmente creíble. Al fin y al cabo, eso es muy importante en una película de terror, porque el público debe creer que el mito es real. Cuanto más cerca esté de la realidad, más aterradora es la historia”.
Después de leer el guión, el actor, que ha trabajado en películas fascinantes como Las aventuras de Priscilla, reina del desierto y la trilogía Matrix, tenía muchas ganas de hacer el papel: “No dudé ni un momento en aceptar el papel. Fue una decisión instintiva, pero me gustó mucho el guión y el personaje de Aberline me pareció fascinante”.

Los productores pidieron al diseñador de efectos y prótesis Rick Baker que se uniera al equipo. Con seis Oscar en su poder, se hizo famoso por el diseño y la transformación de David Naughton en Un hombre lobo americano en Londres, de John Landis. El diseñador quería mantenerse tan cerca como fuese posible del hombre lobo original y así rendir homenaje a la creación de Jack Pierce en los años 40. “Jack Pierce es un ídolo para mí”, dice Baker. “Le admiro profundamente y quise ser fiel a lo que hizo, aunque con toques modernos. Sigue siendo el hombre lobo de Jack Pierce, pero con un poco de Rick Baker. Me pareció que debía ser más salvaje y tener un aspecto mucho más peligroso”.

Para el productor Rick Yorn, era una condición sine qua non que la transformación de Benicio Del Toro recayera en uno de los mejores maquilladores actuales. “Siempre pensamos en Rick, es una leyenda”, explica. “Basta con ir a su taller para ver todos los largometrajes en los que ha trabajado, es un auténtico museo. Lo que hizo en la película es realmente asombroso”.

Dave Elsey, nominado a un Oscar y cocreador del aspecto del hombre lobo, recuerda cuando empezaron a trabajar en el terrible monstruo: “Las directrices que recibimos eran muy abiertas, podíamos hacer lo que quisiéramos.

Estábamos en el taller de Rick y, según hablábamos, descubrimos que lo mejor era crear una nueva versión de lo que todos conocemos como el hombre lobo. Rick siempre está lleno de ideas y de entusiasmo. Es un sueño hecho realidad poder trabajar con un monstruo tan clásico”.

Los productores y el director eran conscientes de que las secuencias más esperadas serían las de la transformación. El hombre lobo da un salto hacia delante en este aspecto… con la ayuda de los efectos visuales, un departamento que Joe Johnston conoce bien.

“El maquillaje se compone de varias piezas que se aplican una a una”, explica el director. “No es una máscara, lo que permite a Benicio moverse y expresarse. No queríamos depender totalmente de la animación digital porque es fácil traspasar el umbral de la credibilidad o de las leyes de la física. Hemos intentado mantener la transformación dentro del realismo y nos hemos servido de los efectos digitales como una herramienta para aumentar lo que conseguimos con prótesis”.

Rick Baker probó las prótesis él mismo antes de pedirle a Benicio Del Toro que se sentase en el sillón de maquillaje. Consiguió reducir el proceso a tres horas de duración. “No tiene nada que ver el punto de vista del maquillador con el del artista”, dice el diseñador. “Tres horas pasan en un abrir y cerrar de ojos para nosotros, pero para la persona sentada en el sillón, se hacen eternas”.

Añade que conoce más a sus creaciones que la cara de los actores: “Llegan por la mañana, se sientan y casi inmediatamente empiezo a pegar trozos de goma en sus caras. Ya no veo al actor, sólo a la creación. Para mí, Benicio es el hombre lobo, casi no le he visto sin maquillaje”.

Rick Baker creó una prótesis de gomaespuma y látex para cubrir la frente y la nariz del actor. Los bordes de la prótesis son muy finos y se adaptan a la piel. A esto se añadía una barbilla falsa, una dentadura afilada y pronunciada, una peluca de pelo natural y una barba pegada a su cara a base de folículos, consiguiendo así que Benicio Del Toro se convirtiera en el aterrador hombre lobo.

Una vez aprobado el diseño de Rick Baker, su equipo empezó a fabricar el traje que completaría la transformación “lobuna” del actor. En principio, el hombre lobo iba a llevar ropa, pero cuatro décadas en la profesión han enseñado al diseñador que las cosas cambian a menudo durante la preproducción.

“Decidimos hacer un traje completo en el que cada pelo se colocaba individualmente”, dice Rick Baker. “Un poco como una peluca gigante. Pero no basta con un traje. Hacen falta al menos tres para el actor y otros tres para los especialistas que le doblan en las escenas peligrosas. Eso significa mucho pelo…”

Los trajes se realizaron con uno de los materiales favoritos de los maquilladores de efectos especiales, pelo de yak. Normalmente sirve para hacer barbas y bigotes. Rick Baker lo utilizó porque era el material que escogió Jack Pierce para realizar el traje de Lon Chaney Jr. El maquillador dice: “También usé lana tratada porque es mucho más suave que el pelo de yak, sobre todo para algunas partes de la cara de Benicio. Se adaptaba mejor a los contornos del rostro”.

Dado que el hombre lobo sólo alza la cabeza bien entrada la noche de luna llena, fueron necesarios varios rodajes nocturnos. Los cineastas supieron desde el principio que sería un rodaje duro para el equipo.

Una de las grandes diferencias entre la versión de 1941 y la de 2010 es la época en que transcurre la película. La primera estaba situada en Gales en los años 40, mientras que esta regresa a 1890, en plena era victoriana. Se escogió ese momento por varias razones. En primer lugar, Londres envuelto en la niebla y alumbrado por faroles de gas, y un pueblecito perdido y adormecido, crearían el ambiente ideal para una película de terror.

El director Joe Johnston sólo dio una consigna al equipo artístico: “Aseguraos de que todos hacemos la misma película”. Dice: “El equipo era muy consciente de qué tipo de película se trataba y de las necesidades visuales. Estoy muy satisfecho con el aspecto final, frío, descarnado y desolado”.

Copyright de imágenes, sinopsis y notas de prensa © 2010 Universal Pictures y Stuber Pictures. Cortesía de Universal Pictures International Spain. Reservados todos los derechos.


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