
“Siempre había querido hacer una película sobre caballeros y la época medieval, sobre las Cruzadas en especial”, dice Scott. El motivo era natural, dado la clase de personajes que le interesan. El héroe arquetípico de Scott es el de un hombre (o una mujer) común y corriente, aunque dotado de un talento natural, que se ve inmerso en grandes acontecimientos.
Un personaje que ha de superar una situación difícil o una tragedia para emerger como un héroe real, alguien que toma partido y se niega a apartarse de él. (Piénsese en Máximo, el ascendido general romano convertido en rebelde de Gladiator; Deckard, el replicante con conciencia; o la teniente Ripley de Alien, el octavo pasajero).
“Históricamente, el caballero, como el vaquero o el policía, representa a una persona que está a la frontera de su cultura en un determinado momento”, señala Scott. “Estas figuras siempre nos han brindado grandes oportunidades para poder contar historias que contengan los atributos de un héroe. Y uno de los más importantes es que el personaje lleva consigo sus propias condiciones de ecuanimidad, fidelidad y caballerosidad”.
Fue el guionista Monahan quien sugirió a Scott una historia que estuviera centrada en el reino de Jerusalén durante los reinados de Balduino IV y Saladino, y en un joven caballero que surgiera como su defensor.
“El caballero representa un ideal”, explica Monahan, “y el periodo en el que más destaca ese ideal es en el de las Cruzadas”.
Al impetuoso grito de “¡Dios lo quiere!” el papa Urbano II urgió en 1095 a la Europa cristiana a reclamar la ciudad santa de Jerusalén, conquistada por los ejércitos musulmanes que barrieron Oriente Medio en el siglo VII. Miles de personas respondieron a la llamada, desde reyes a campesinos, y sucesivas olas de cruzados viajaron hacia el este en los siguientes doscientos años, poniendo sitio a antiquísimas ciudades, fundando reinos y poniendo la semilla de un conflicto religioso que ha perdurado durante siglos.
Jerusalén fue reconquistada en la Primera Cruzada (hubo ocho en total) y varias generaciones de príncipes cristianos gobernaron estos territorios. Pero en el año de Nuestro Señor de 1186 —cuando empieza nuestra historia— el reino estaba plagado de desavenencias y el creciente poder de Saladino amenazaba su misma existencia, mantenida únicamente por la inyección en las guarniciones de fuerzas de refresco recién llegadas de Europa. Un vasallo del rey como Godofredo podía regresar a su tierra natal para reclutar nuevos guerreros para Tierra Santa. Godofredo, desde luego, tenía otra misión.
La historia se centra en el joven herrero Balian, cuyo talento triunfa más allá del crudo forjado del hierro. “Balian es un inventor, un ingeniero”, explica Orlando Bloom, cuyos papeles en la trilogía de El Señor de los Anillos, en Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra y en Troya han lanzado al joven actor al estrellato mundial. “Tiene la habilidad de ver un castillo y saber cómo se puede proteger mejor, lo cual le va a resultar sumamente útil más adelante en su viaje”.
Cuando comienza la historia, Balian se encuentra sumido en un estado de desesperación que Bloom define como una especie de “condena nihilista. Ha perdido a su mujer. Ha perdido a su hijo. Te encuentras a un hombre que en esencia vive un infierno”.
Es en ese momento cuando aparece un caballero con su partida de hermanos. Liam Neeson interpreta a Godofredo de Ibelin, quien dejó Francia para convertirse en cruzado y cuya valentía e integridad le han reservado un lugar cerca del rey Balduino. “Cuando estos cruzados tomaron Jerusalén, se convirtieron en hombres muy poderosos”, afirma Neeson. “Se les concedieron grandes extensiones de tierra. Y crearon una especie de pequeños reinos en ellas. Godofredo es un líder y un soldado, y se le dieron tierras fuera de Jerusalén”.
Godofredo ha vuelto a Francia para encontrar a su hijo. “Él sabe que tiene un hijo”, dice Neeson. “No conoce al chico porque Balian nació de una aventura que Godofredo debió no haber tenido con la madre de Balian. Pero ha vuelto para encontrarle y pedirle que se vaya con él a Jerusalén”.
“No le ofrece ninguna tierra”, añade Bloom. “No le ofrece dinero. Le ofrece una familia. Le ofrece la oportunidad de ser su hijo, de trabajar con él en Tierra Santa”.
Aunque al comienzo Balian se resiste a los propósitos de Godofredo, las circunstancias no le dejan otra alternativa que la de unirse a su padre. “Balian está perdido, básicamente”, narra Bloom. “Su único objetivo es ir para encontrar las respuestas a las grandes preguntas que le han estado rondando por la cabeza. Es un hombre joven en un viaje de crecimiento y descubrimiento espiritual, personal y político que intenta entender el misterio de la vida. Está buscando el perdón y el conocimiento. Así que alcanza a Godofredo y siguen camino”.
Godofredo viaja con otros caballeros, algunos de los cuales son mercenarios, y con el Hospitalario, un caballero y confesor interpretado por el actor David Thewlis. “Los hospitalarios surgieron en el siglo XI”, señala Thewlis. “Eran miembros de una orden monástica que satisfacían las necesidades de los peregrinos cristianos en Tierra Santa. Aunque el Hospitalario pueda guerrear, en esencia es un pacifista”.
Godofredo, dice Thewlis, esta preocupado. “Siente una gran amargura en su interior, y encuentra cierta redención al final de sus días al haber encontrado a Balian. Redescubre que dentro de él hay algo de amor, algo de calidez humana, viendo cómo su herencia puede pasar a manos de Balian en el futuro”.
En una emboscada que se produce durante el viaje, Godofredo es mortalmente herido en combate. En un acto final de redención, Godofredo hace caballero a su hijo, confiándole la misión de mantener la paz en Jerusalén. “Intento convencerle de que vaya a Jerusalén, de que hay un camino a seguir por todos nosotros, cristianos y musulmanes, un modo de entenderse y vivir civilizadamente juntos”, dice Neeson. “Godofredo ha llegado a ese convencimiento tras muchos, muchos años de absurdas matanzas sin sentido”.
El Hospitalario se convierte en el compañero y consejero de Balian a la muerte de Godofredo. “Él plantea ciertas preguntas y deja que Balian encuentre las respuestas”, dice Scott. “Usa el término ‘acción correcta’ —hacer lo que hay que hacer, a cualquier precio. Es así porque cree que “es el deseo de Dios. Y el resto es una sandez. No hay que prestarle oídos a esa gente. No tienes que arrodillarte. Se trata de hacer la acción correcta”.
En Jerusalén, Balian va a conocer al elenco de personajes que marcan el devenir de la ciudad en esa época.
Su primer encuentro significativo es con la hermana del rey, la bella princesa Sibylla (Eva Green), quien ha sido obligada a casarse en un matrimonio arreglado con Guy de Lusignan (Marton Csokas).
“Ella es muy exótica”, señala la principiante Eva Green, que hizo su debut en el cine de la mano del cineasta Bernardo Bertolucci en Soñadores. “Ha vivido toda su vida en Jerusalén, ha crecido en medio de cristianos, judíos y musulmanes. Pero siempre ha estado viviendo bajo unas circunstancias bastante represivas. Su madre la obligó a un matrimonio de conveniencia contra su voluntad. Odia a su marido; no siente ningún respeto por sus valores o su afán de poder. Sibylla y Balian se sienten irremediablemente atraídos el uno por el otro, a pesar de las complicaciones políticas. “Balian no está buscando amor”, afirma Bloom, “pero se enamora perdidamente de ella, porque Sibylla es tremendamente embriagadora, una criatura de otro planeta para él. Se trata de una relación muy emocional, algo que siempre había deseado, pero con todo se muestra reacio a dejarse llevar. Conocer a esa mujer prende una llama de esperanza en él”.
Sinopsis
Orlando Bloom interpreta a Balian, un herrero que ha perdido a su familia y casi también su fe. Las guerras de religión que están asolando la lejana Tierra Santa le quedan bastante lejos, aunque se vaya a ver inmerso en ese tremendo drama.
Entre la magnificencia y las intrigas del Jerusalén medieval se enamora, se convierte en líder y al final usa todo su arrojo y su habilidad para defender la ciudad frente a fuerzas enemigas muy superiores en número.
El destino llega a buscar a Balian en forma de gran caballero, Godofredo de Ibelin (Liam Neeson), un cruzado que ha vuelto a su hogar en Francia por breve tiempo tras luchar en Oriente. Dándose a conocer como el padre de Balian, Godofredo le muestra el verdadero significado de la caballería y le lleva a un viaje que cruza continentes hasta la legendaria Ciudad Santa.
En Jerusalén en ese momento –entre la Segunda y la Tercera Cruzada– existe una frágil paz, resultado de los esfuerzos de su inteligente rey cristiano, Balduino IV (Edward Norton), ayudado por su consejero Tiberias (Jeremy Irons), y de la moderación militar del legendario líder musulmán Saladino (Ghassan Massoud).
Pero los días de Balduino están contados, y trazas de fanatismo, envidias, codicia y celos entre los cruzados amenazan con hacer saltar la tregua por los aires. La visión de la paz de Balduino –un reino de los cielos– es compartida por un puñado de caballeros, entre los que se incluye Godofredo de Ibelin, quienes han jurado defenderla con sus vidas y su honor.
Cuando Godofredo entrega su espada a su hijo, también le hace entrega de este sagrado juramento: proteger a los indefensos, salvaguardar la paz y trabajar por la armonía entre las diferentes religiones y culturas, de manera que el reino de los cielos pueda surgir en la tierra. Balian toma la espada y entra en la Historia.













































































