
James Cameron produce este thriller de acción en 3-D, en el que un grupo de espeleólogos acuáticos se enfrenta al mayor peligro de sus vidas. Sobre el papel al menos, El santuario se presenta como una aventura de supervivencia en la que se combinan los tópicos del cine de catástrofes y los fantásticos escenarios naturales de lo que podría ser un documental de gran presupuesto.
Todo comienza cuando una tormenta tropical encierra a los protagonistas en una sima de Nueva Guinea. La inundación les impide regresar por la vía de entrada, y la única forma de escapar consiste en hallar una ruta hacia el océano, atravesando el laberinto subacuático que forman las cuevas de Esa-ala.
El líder de la expedición, el veterano submarinista Frank McGuire (Richard Roxburgh), debe conseguir que su equipo se enfrente a enormes riesgos sin perder la calma. Dos personas clave para ello serán el joven hijo de Frank, Josh (Rhys Wakefield), y el hombre que financia la expedición, Carl Hurley (Ioan Gruffudd).
Para hilvanar este relato, Alistair Grierson se inspira en hechos reales. Sin embargo, no pretende un fiel reflejo de unos acontecimientos auténticos, al estilo de aventuras extremas como Nordwand (2008), de Philipp Stölzl, o 127 horas, de Danny Boyle.
En realidad, El santuario quiere mostrar la fuerza imparable de una huida hacia adelante, y si dejamos de lado la presencia de monstruos, es tan ficticia como pudiera serlo La caverna maldita (2005), de Bruce Hunt.
Esto último nos lleva a destacar lo mejor y lo peor de la película. Así, el largometraje de Grierson muestra espectaculares parajes, y las secuencias submarinas no desentonarían en documentales de su productor, James Cameron, como Aliens of the Deep y Ghosts of the Abyss.
Los escenarios naturales de la costa de Queensland y diversas grutas del sur de Australia, así como los magníficos decorados construidos en los Village Roadshow Studios, brindan a El Santuario una soberbia ambientación, bien aprovechada por el equipo de dobles y especialistas.
Hasta aquí, no hay nada inconveniente.
El verdadero problema de la cinta es el endeble guión, escrito por Andrew Wight y John Garvin. No tengo nada que objetar al formato estereotipado de este tipo de producciones. Sin embargo, aun respetando las reglas del género, nunca se debe desatender la calidad de los diálogos ni la caracterización de los personajes. Y eso es precisamente lo que aquí ocurre.
Ver a un magnífico actor como Richard Roxburgh encarnando a un tipo unidimensional –McGuire es un tirano antipático y desquiciado– se antoja una oportunidad perdida. En la piel de su hijo incomprendido, Rhys Wakefield tampoco demuestra tener pulso, porque sus líneas de guión son pocas, repetitivas y están trazadas con cartabón.
¿Empatía? Es difícil tenerla con ningún personaje, y menos aún por el interpretado por Gruffudd, cuya trayectoria emocional es poco menos que increíble.
Al final, depende del espectador decidir si la magnificencia azulada de las grutas que recorremos en El Santuario compensa la frialdad, las torpezas y la rutina de un libreto tan poco inspirado.
Aunque suene a reclamo de cara a la taquilla, la presencia de James Cameron como productor y supervisor del proyecto no es casual. Andrew Wight es un viejo amigo y colaborador suyo, que fue fundamental para desarrollar la tecnología 3-D que permitió rodar los documentales que antes mencioné, Aliens of the Deep y Ghosts of the Abyss (Me refiero al sistema patentado por Cameron y Vince Pace: gracias a Wight, John Lowry se incorporó al equipo que permitió rodar ambos films en HD para el formato IMAX 3D).
La realidad y la ficción
A decir verdad, El Santuario no cultiva el horror fantástico, al estilo de The Descent (2005), de Neil Marshall, sino un temor –llamémoslo así– realista, inspirado en una experiencia que padeció el propio Wight.
Durante una de sus expediciones como buceador, Andrew Wight se vio obligado a encabezar a un grupo de espeleólogos en un dédalo de cavernas que, al igual que sucede en la película, se había convertido en una trampa mortal.
Wight actuó como asesor, y volcó en la película toda su pericia como productor de documentales, que es mucha. Basta con repasar su filmografía, en la que figuran títulos como Ghosts of the Abyss (Walden/Disney, 2002), Expedition Bismarck (Discovery, 2003), Aliens of the Deep (Walden/Disney, 2004) y Last Mysteries of the Titanic (Discovery/ Channel 4, 2005).
Antes de incorporarse a la familia profesional de Cameron, Wight se había hecho popular en la televisión australiana como responsable de series documentales como The Deep Probe Expeditions y The Adventures of the Quest.
Entre sus hazañas –reconocidas con la medalla Australian Adventurer of the Year, que concede la sociedad Australian Geographic–, figura el proyecto Pannikin Plains Cave Diving Expedition (1988).
Con su compañía, Great Wight Productions, ya ha producido 36 documentales.
Copyright del texto © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © Sanctum Australia, Great Wight Productions, Relativity Media, Universal Pictures, Wayfare Entertainment. Cortesía de Aurum Producciones. Reservados todos los derechos.
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